Siete historias de amor entre arquitectos y ciudades a través de sus edificios

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Cuando un arquitecto y una ciudad se enamoran, su descendencia es inmortal. Su relación cambia para siempre la manera en la que contemplaremos la urbe y cómo nos relacionaremos con ella. ¿Acaso Barcelona sería la misma si Gaudí no hubiera decidido dejar volar su imaginación sobre ella? ¿Y Chicago sin los hipnóticos rascacielos de Mies Van der Rohe?

Infraestructuras, edificios de servicios o viviendas marcan el carácter de los espacios que habitamos. Algunos de estos territorios han tenido la inmensa suerte de convertirse en las musas de auténticos genios de la arquitectura. A continuación, veremos la historia de siete de ellos.

Gaudí y Barcelona

El máximo representante de la arquitectura modernista en España, capaz de coger ese estilo e imprimirle un sello personal e inconfundible. Ese era Antoni Gaudí, probablemente el arquitecto español más admirado a nivel internacional.

La Pedrera

Gaudí Barcelona La Pedrera

Nacido en Reus en 1852, este artista se obsesionaba por integrar sus construcciones en el entorno. Por esa razón cambió la imagen de Barcelona para siempre.

Eligió esta ciudad (o la ciudad le eligió a él) para erigir obras singulares. Tanto como la Sagrada Familia, el Parc Güell, la Casa Batlló, la Casa Milà o Pedrera (en la imagen) y la Casa Calvet. Sus formas orgánicas, su riqueza estructural y su ornamentación única han pasado a formar parte del imaginario colectivo cuando alguien pronuncia el nombre de la ciudad.

Foster y Londres

Una capital como Londres, por cuyas calles se cruzan el convencionalismo más extremo y el punk más nihilista, se merece albergar iconos a la altura de las expectativas que provoca. Un reto que aceptó en su día Norman Foster.

The Gherkin

Foster The Gherkin Londres

Este arquitecto ha firmado obras tan emblemáticas como 30 St Mary Axe -también conocido como The Gherkin o ‘el pepino’, en la imagen-, el nuevo estadio de Wembley o el complejo Willis Building, que simula la concha de un crustáceo. Todas ellas, en la misma urbe que alberga símbolos de la talla del Big Ben o del Palacio de Buckingham.

La historia entre Londres y Foster no ha terminado: el arquitecto prepara ya la construcción de The Tulip, muy cerca de 30 St Mary Axe. Se trata de una atracción turística de más de 300 metros de altura con aspecto de tulipán gigantesco. Según palabras de Foster, se convertirá en “un símbolo por derecho propio”.

Calatrava y Valencia

Otro arquitecto y urbanista español famoso en todo el mundo, Santiago Calatrava, tuvo una actuación decisiva a la hora de transformar la imagen de una ciudad. Como Gaudí, no se fue muy lejos de su lugar de nacimiento (Benimámet) para hacerlo. Valencia no volvió a ser la misma desde que este artista tomó las riendas del desarrollo de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en la capital levantina (en la imagen), junto a su maestro Félix Candela.

Ciudad de las Artes y de las Ciencias

Ciudad de las artes y de las ciencias

La obra de Calatrava se ha convertido en todo un símbolo de Valencia. Construcciones como L’Hemisfèric, el Museo de les Ciencies Principe Felipe o el Palau de les Arts Reina Sofía transformaron el antiguo cauce del río Turia y, con él, la foto del pasaporte de la capital. Antes aparecía en ella el Miguelete de la Catedral; ahora, edificios que simulan un ojo o la espina dorsal de una ballena.

Basilea y Herzog & De Meuron

El caso de Basilea es el de la típica hermana pequeña en la que nadie se fija, pero que acaba enamorando al prota. En este caso, a los protas. La tercera ciudad en importancia de Suiza es también la cuna de dos genios de la arquitectura, Jacques Herzog y Pierre de Meuron. Allí establecieron su oficina en 1977 y desde entonces han firmado obras como la Tate Modern de Londres, el CaixaForum de Madrid o el Fòrum de Barcelona.

Sede de Actelion Pharmaceuticals

Herzog De Meuron sede Actelion Pharmaceuticals

Mientras, Basilea se dejó querer por estos dos arquitectos, que dieron rienda suelta a su espíritu vanguardista para llenarla de edificios de todo tipo. Uno de ellos es el rascacielos Roche Tower, que parece una sierra. Otro es el City Lounge, dentro del recinto ferial Messeplatz, una gran plaza iluminada cenitalmente a través de un orificio central que sus creadores llaman “ventana al cielo”. La sede de Actelion Pharmaceuticals, por su parte, es una estructura abierta que simula un montón de vigas apiladas y cambia su apariencia según el ángulo desde el que se contemple.

Kenzō Tange y Tokio

El Japón industrial que se sobrepuso a las heridas de la II Guerra Mundial necesitaba un sello de identidad. Su súbdito Kenzō Tange estaba dispuesto a dárselo. Para ello, tomó Tokio y lo primero que hizo fue abrirla hacia el mar.

Plaza bajo el edificio de la Televisión Fuji

Sede de Fuji TV en Tokio

Kenzō Tange fue el responsable de la ampliación de Tokio hacia su fachada marítima. Para ello, elaboró un plan de diseño urbano a gran escala con innovaciones como una red de puentes, islas artificiales y aparcamientos flotantes, con terreno ganado al mar.

Además, dejó su huella en la metrópolis a través de edificios que conjugaban las líneas puras de la estética japonesa con el funcionalismo occidental. Suyos son el Ayuntamiento de Tokio, el Estadio Nacional de Yoyogi, que recuerda a un antiguo templo, la Catedral de Santa María o el edificio de la Televisión Fuji (en la imagen).

Mies Van den Rohe y Chicago

Chicago tuvo la suerte de ser el puerto de destino de un genio de la arquitectura que huía de los nazis. Ludwig Mies Van der Rohe ya era un arquitecto consagrado en Europa y había sido director de la Bauhaus en Alemania. En 1933 cerró la escuela y poco después decidió emigrar a Estados Unidos debido a la creciente presión del régimen nazi.

Federal Plaza

Chicago Mies Van der Rohe Federal Plaza

Entre 1939 y 1958, Mies Van der Rohe fue director del Departamento de Arquitectura del Instituto de Tecnología de Illinios (IIT). Un año después de su nombramiento ya desarrolló un plan para la expansión del campus. Allí diseñó una colección de edificios con marcos de acero y cemento envueltos en cortinas de ladrillo y cristal, incluida la que se considera su obra maestra, Crown Hall.

Posteriormente llegarían otras obras icónicas como el Chicago Federal Center o Federal Plaza (en la imagen), compuesto por tres edificios minimalistas, de líneas rígidas que contrastan con detalles expresivos. También el One IBM Plaza, el One Illinois Center o las torres de apartamentos de Lake Shore Drive.

César Manrique (Isla de Lanzarote)

Los idilios con los arquitectos no son solo cosa de las ciudades. Las islas también coquetean con ellos. Este es el caso de Lanzarote y  César Manrique. Tras triunfar en Madrid y Nueva York como pintor, el artista volvió con el empeñó de convertir su isla natal en “uno de los lugares más hermosos del planeta”.

Jameos del Agua

Jameos del Agua en Lanzarote

Este artista multidisciplinar se dedicó a evangelizar entre sus paisanos las bondades del estilo arquitectónico tradicional. Les convenció para que no derribaran sus casas o parte de ellas para construir garajes o anexos. A las autoridades les pedía eliminar elementos que afeaban el paisaje como las vallas publicitarias y llegó a ejercer un fuerte activismo para preservar la isla.

Manrique integraba sus creaciones en la naturaleza, combinando arquitectura y artes plásticas. Lo hizo a base de proyectos artísticos de carácter espacial y paisajístico, novedosos para la época, en los que plasmaba su pensamiento plástico y ético. Buena muestra de ello son su propia casa-museo, los Jameos del Agua (en la imagen), el Jardín de Cactus, el Mirador del Río o la Casa Museo del Campesino.

Poco a poco, Manrique fue dando forma a la isla y la transformó en un ejemplo de cómo la mano del hombre puede ayudar a ensalzar la belleza natural del entorno. Lanzarote ya nunca volvió a ser la misma.

Imágenes | iStock: nmessana, SeanPavonePhoto. Unsplash: Daniel Corneschi, Victor Garcia, Tyler Hendy, Alberto di Maria, Ed Robertson. Wikimedia: Esther Westerveld [CC BY 2.0]

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