Parques, túneles y depósitos: así se protegen las ciudades de la gota fría

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Hay una imagen que se repite cada año y que siempre logra hipnotizarnos. Cuando la vemos aparecer en las noticias, abrimos los ojos como platos. Es la de una ciudad inundada a causa de la gota fría.

Vecinos con botas de agua y escobas tratan de vaciar el agua de sus casas. Coches que se han convertido en anfibios circulan por calles anegadas. Cada vez que los vemos nos volvemos a asombrar y lo hacemos pensando que, inexorablemente, ocurrirá de nuevo el año que viene.

 

Qué es la gota fría o DANA

DANA o gota fría

El término gota fría se refiere normalmente a las consecuencias de un fenómeno meteorológico concreto. Ese fenómeno se llama DANA o depresión aislada en niveles altos. Básicamente, se trata de una masa de aire frío que se separa de otra y desciende hasta chocar con aire más templado.

Las DANA suelen acabar en fuertes tormentas y afectan especialmente a la vertiente mediterránea de la Península. Esto se debe a que es allí donde el aire polar que avanza sobre Europa cuando el verano empieza a declinar se encuentra con el aire cálido y húmedo del Mediterráneo. Por eso, cuando oímos hablar de gota fría, casi todos pensamos en lugares como Valencia, Murcia, Málaga o Alicante. 

Cambio climático y ciudades que crecen

Agua que se va por un sumidero para evitar una inundación

Las lluvias torrenciales que causan las DANA son un problema en muchas ciudades y todo apunta a que lo será cada vez más. El cambio climático podría agravar fenómenos meteorológicos que ya son de por sí extremos, como es el caso de estas trombas de agua o las olas de calor.

Lo hará en zonas especialmente sensibles, como la cuenca del Mediterráneo, según explican los expertos. Si tenemos en cuenta que las ciudades tendrán cada vez más habitantes, las consecuencias que pueden ocasionar estos fenómenos sobre ellas podrían ser dramáticas.

Además del peligro para la propia integridad de ciudadanos e infraestructuras, las inundaciones pueden arrastrar sustancias contaminantes hasta ríos y mares. Los sistemas de saneamiento, drenaje y alcantarillado deben afrontar problemas para los que no han sido diseñados. No se trata solo de contener la lluvia, también hay que evitar que las aguas contaminadas dañen los ecosistemas acuáticos.

Por todas estas razones, las urbes han decidido tomar cartas en el asunto y protegerse de la gota fría. Parques, túneles y depósitos son algunas de las respuestas que han encontrado para dar respuesta al desafío del agua. 

Un parque que se inunda en Alicante (a propósito)

Parque La Marjal en Alicante

Si hay una zona en España que se asocia a la gota fría, esa es la Comunidad Valenciana. Sus habitantes están acostumbrados a ver diluviar prácticamente cada año entre agosto y septiembre.

Es precisamente esta recurrencia la que ha llevado a Alicante a construir infraestructuras que le ayuden a mantener bajo control las consecuencias de las DANA. Una de las más ingeniosas cumple con un doble cometido: sirve como lugar de ocio para los ciudadanos y también como vaso de retención de trombas de agua.

El parque inundable de La Marjal, situado en la capital alicantina, retuvo durante la última gota fría unos 22.000 metros cúbicos de agua, según datos del Ayuntamiento de Alicante. Su capacidad total es de 45.000 metros cúbicos. Dos colectores se encargan de recoger las aguas en las calles de Alicante y las canalizan hacia sus dos estanques.

Rápido en el parque La Marjal de Alicante

Se trata de un espacio verde multifuncional que ayuda a Alicante a afrontar los retos del cambio climático. Está inspirado en los marjales, que son humedales típicos de la zona. En este parque inundable hay un gran estanque rodeado de vegetación en el que se pueden observar especies de fauna y flora típica de esos espacios. Para mantener el agua en condiciones adecuadas, se emplea un circuito de recirculación que incluye una cascada, un estanque pequeño y un rápido.

Gracias a infraestructuras como esta, las consecuencias de la gota fría son menos dramáticas que antes. Por ejemplo, durante las inundaciones de 1997 fallecieron cuatro personas y otras 200 resultaron heridas. En 2017, con el parque ya en funcionamiento, solo hubo daños materiales, con unas precipitaciones de magnitud similar. 

Depósitos para guardar el agua

Depósito de agua

Otras de las soluciones que también ensayan distintas ciudades son los depósitos de contención. No solo ayudan a prevenir inundaciones, sino también a canalizar adecuadamente las aguas y evitar la contaminación. Algunas ciudades que los utilizan son Ferrol (A Coruña), Barcelona, la propia Alicante o Murcia.

En el caso de Barcelona, aparte de las redes de alcantarillado y la red de colectores, dispone de un sistema de drenaje especial para controlar el caudal de agua que no puede absorber el sistema de saneamiento por sí solo. Se trata de un fenómeno que suele ocurrir a causa de las lluvias. Este dispositivo dispone de estructuras de regulación, tales como los depósitos de retención, balsas de laminación para controlar el caudal de los arroyos o sistemas anti-DSU, que evitan la salida de agua del alcantarillado.

Las aguas que se retienen gracias al sistema se pueden depurar más adelante o bien es posible reducir su carga contaminante sólida antes de verterlas de nuevo al medio acuático. 

Un enorme túnel bajo el Támesis

Túnel bajo el Támesis en Londres

Londres es la envidia de medio mundo gracias a un ingenioso y exhaustivo sistema de alcantarillado que lleva en funcionamiento desde el siglo XIX. Sirve para canalizar las aguas residuales de la ciudad y también la procedente de la lluvia.

Cuando llueve mucho, el sistema se llena rápidamente y, gracias a su diseño, rebosa el exceso de agua hacia el Támesis para evitar que se inunden las calles. Esto no era un problema cuando sucedía unas 12 veces al año, que son los cálculos que hicieron los ingenieros al construir el alcantarillado. Con el aumento de la población y los efectos del cambio climático, ahora ocurre unas 60. Y el río sufre las consecuencias en forma de contaminación.

En la actualidad,  se está construyendo un supertúnel de 25 kilómetros de largo y 7,2 metros de diámetro bajo el Támesis. Su función será la de recoger las aguas de los depósitos de descarga de aguas sobrantes que antes se vertían sobre su cauce. Esas aguas se conducirán, a su vez, a una planta de tratamiento antes de volcarse al río.

Recoger el agua y evitar la contaminación es la solución que ayuda a las ciudades a aumentar su resiliencia ante el cambio climático. Una línea de actuación que ya adoptan algunas para proteger a sus ciudadanos, infraestructuras y ecosistemas.

Imágenes | iStock: eugenesergeev, JJFarquitectos, photovs, Mimadeo; Ayuntamiento de Alicante; Tideway London.

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