Así se vive una ciudad en silla de ruedas

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Construir ciudades más inclusivas supone garantizar que todos sus habitantes, independientemente de su edad, movilidad o condición física, tengan el mismo acceso a los recursos.

Sin embargo, una parte de la población sigue teniendo problemas para realizar actividades cotidianas en algunos puntos de las ciudades. Personas mayores, enfermas o con discapacidad, que se ven obligadas a desplazarse en silla de ruedas. Analizamos los retos que esto supone, cómo ha mejorado su situación y todo lo que aún está por delante.

Bordillos, rebajes y aceras

“Las principales dificultades las encontramos en los bordillos, ya sea porque están demasiado cerca de la carretera, lo cual supone un peligro, o porque no cumplen las normativas y son demasiado altos”, explica Ramón Hernández, presidente de la Coordinadora de discapacitados físicos de Madrid (CODIFIMA). “En ocasiones, un lado de la acera es accesible pero el otro no, por lo que al cruzar tenemos que buscar otra zona de acceso por la carretera, quedando expuestos a los coches”.

Ramón Hernández es también secretario de la Federación de Coordinadoras y Asociaciones de personas con discapacidad de las Comunidades Autónomas de España (COAMIFICOA) y miembro de la junta directiva de Predif, una asociación estatal sin ánimo de lucro que representa y realiza programas a favor de personas con discapacidad física.

Vive en Vallecas, Madrid, y reconoce que el hecho de tratarse de una ciudad grande complica muchas veces los desplazamientos. En lo referente al transporte público, considera que ha mejorado. “Los autobuses de hace diez años no eran accesibles. Ahora lo son, y hasta hemos conseguido que los nuevos tengan dos plazas para minusválidos”.

“Es importante concienciar a la población, recordar que no somos bichos raros, somos personas con una dificultad añadida, y que todo esto afecta también a quienes llevan carritos de bebés y a personas mayores con movilidad reducida”
Ramón Hernández, presidente de CODIFIMA

Esta solución acabaría con un problema que aún sigue existiendo en algunas líneas de autobuses urbanos de España: si coinciden dos personas con sillas de ruedas en el mismo trayecto, una debe quedarse fuera, y esperar al siguiente.

En el caso de los trenes, la situación aún dista mucho de ser la ideal. “De diez vagones, solo uno tiene espacio para una silla de ruedas. Si vamos un grupo de cinco o seis personas con esa necesidad, tenemos que ir de uno en uno. Tardaríamos horas en llegar a nuestro destino”, explica.

Las dificultades no se limitan al transporte. Muchas veces se presentan a la hora de acceder a edificios públicos o privados y a zonas de ocio. “Hay una comisaría en la calle Ronda de Toledo, en Madrid, que tiene tres escalones. Para poner una denuncia, tenemos que hacerlo en la propia calle”, ejemplifica. Hospitales con pocas plazas de aparcamiento, baños sin sensores de caída y cines con espacios adaptados solo en la primera fila son otros de los ejemplos.

Mucho por hacer

Al preguntar a Ramón Hernández cuántas zonas cumplen la normativa, lo tiene claro: menos de la mitad. “Existe una normativa, pero no siempre se cumple. Esto es algo que debería mejorarse, tanto desde el punto de vista de los ayuntamientos como de la propia sociedad. Falta concienciación”.

Promover la accesibilidad es una necesidad en nuestras ciudades. Se espera que para 2020, 120 millones de personas con discapacidad vivan en los países de la Unión Europea. A su vez, la esperanza de vida sigue aumentando y la población crece en las áreas urbanas, lo que hará aún más importante contar con zonas con buena accesibilidad. Especialmente en las ciudades con condiciones más complicadas.

“La principal dificultad que tenemos en Ávila es su orografía. Es una ciudad en cuesta y con muchas calles adoquinadas, lo que hace más complicado recorrerla en silla de ruedas” explica la abulense Yolanda Segovia, secretaria general de la Asociación de personas con discapacidad física de la provincia de Ávila (AMPA), secretaria general de COAMIFICOA, vicepresidenta de Predif y vocal de esta misma asociación en Castilla y León.

“Nos encontramos también con otros problemas como aceras demasiado estrechas que nos obligan a ir por la calle, baches, adoquines mal puestos, asfalto levantado o socavones que pueden hacer que la silla de ruedas se clave y salgamos de bruces hacia delante”, añade. Para ella, es fundamental adaptar las ciudades a las sillas de ruedas eléctricas. Mucho más pesadas que las manuales, lo que hace más difícil subir rebajes o escalones que no cumplen la normativa.

Las ciudades más accesibles

A pesar de estos obstáculos, Ávila se hizo en 2011 con el ‘Premio de Ciudad Accesible’. Un galardón que otorgan cada año La Comisión Europea y el Foro Europeo de la Discapacidad a cuatro ciudades de Europa que destacan por sus políticas de movilidad.

Muchas zonas de los barrios más nuevos de la ciudad son fácilmente transitables. Se han adaptado, también, partes de la zona antigua y de la muralla. Una parte de sus más de dos kilómetros es accesible por una rampa, lo que facilita las visitas de locales y turistas en silla de ruedas.

“Lo que ganamos con todo esto es independencia. Es fundamental. Al fin y al cabo, es lo que buscamos todas las personas: poder movernos tranquilamente y de forma segura por nuestro entorno, por nuestra ciudad”
Yolanda Segovia, secretaria general del AMPA

“Todavía queda mucho que mejorar, pero sí puedo decir que estoy orgullosa de todo lo que se ha conseguido en Ávila”, señala Yolanda Segovia. “La ciudad ha cambiado mucho y para bien. El premio es merecido”.

Ávila fue la primera ciudad española en conseguir este premio. En 2017, Lugo obtuvo también una mención especial por su apuesta por las nuevas tecnologías para mejorar la accesibilidad. Otras ciudades españolas que destacan en este sentido son Logroño, Málaga o Tarrasa, urbes en las que se ha apostado por la igualdad de oportunidades para sus ciudadanos.

“Es fundamental que los equipos de gobierno garanticen que se cumplan las normas”, zanja Ramón Hernández. “Igual de importante es concienciar a la población. Recordar que no somos bichos raros, somos personas con una dificultad añadida, y que todo esto afecta también a quienes llevan carritos de bebés y a personas mayores con movilidad reducida”.

Algo con lo que coincide Yolanda Segovia. “Lo que ganamos con todo esto es independencia. Es fundamental. Al fin y al cabo, es lo que buscamos todas las personas: poder movernos tranquilamente y de forma segura por nuestro entorno, por nuestra ciudad”.

Imágenes | iStock/ yacobchuk / Pixabay/Plimkin, Unsplash/Steven HWG, Pixabay/Olzheim

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