Así puede transformar tu ciudad el fenómeno del sharing

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La economía compartida no solo está cambiando la forma en la que nos movemos por las ciudades, sino también el modo en que estas se organizan. Aunque no está exento de desafíos, el futuro de la movilidad compartida promete reducir la congestión del tráfico y recuperar espacios para los ciudadanos. Posibilidades que se verán aumentadas con la llegada masiva de vehículos eléctricos y autónomos.

Analizamos cómo los servicios de coches, motos, bicicletas e incluso monopatines compartidos están cambiando la estructura de las ciudades y la forma de moverse de sus habitantes.

La necesidad de un modelo más sostenible

En los últimos años hemos visto aparecer numerosas apps, plataformas y comunidades que favorecen la movilidad compartida. Detrás de estas iniciativas hay una nueva cultura de consumo, que prioriza las experiencias a las pertenencias y la idea de pagar por servicios y no por posesiones. Entran en juego, también, nuevos modelos de negocio y un creciente compromiso con el medio ambiente.

Numerosos datos ponen de manifiesto la importancia de lograr un sistema de movilidad más realista y sostenible. Según el informe ’Cities towards Mobility 2.0: connect, share and go!’, se espera que los viajes realizados por pasajeros europeos aumenten en un 50% en 2050. Una cifra que, señalan, no pueden soportar las infraestructuras urbanas existentes en Europa.

El car sharing puede reducir el nivel del tráfico.

Datos de la Comisión Europea revelan que, de media, los conductores españoles pasan más de 26 horas al año en atascos. En las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, estas cifras aumentan hasta 129 y 147 horas, respectivamente. Será de hecho en las grandes urbes en donde estos problemas aumenten: actualmente, una de cada dos personas vive en ciudades, y las previsiones indican que la proporción será de dos de cada tres antes de 2050.

Movilidad compartida: el caso de los coches

Hoy en día se presentan tres conceptos muy distintos en materia de movilidad compartida, que se traducen en diferentes modelos y posibilidades a la hora de compartir vehículos:

  • Car sharing: ofrece productos de movilidad como servicio (MaaS, por sus siglas en inglés), que se basan en el alquiler de coches por horas. Un análisis de Frost & Sullivan estima que podría llegar a haber 100.000 coches de este tipo en la Unión Europea en 2020, con el potencial de reemplazar hasta un millón de vehículos.
  • Ride hailing: se trata de servicios tipo taxi, como los que ofrece Uber. Los usuarios pueden solicitarlos a través de apps.
  • Trip sharing o car pooling: involucra a viajeros que comparten un mismo viaje, para ahorrar combustible y otros costes. Es el modelo que sigue Blablacar. Un informe reciente elaborado por Europcar Mobility Group Spain señala que siete de cada diez conductores creen que estas nuevas opciones sustituirán al vehículo en propiedad a corto o medio plazo.

El car sharing puede ser una solución para reducir la congestión del tráfico en las ciudades.

Bicicletas, motocicletas y patinetes

Otra solución a los problemas de congestión del tráfico es fomentar el uso de bicicletas, motocicletas y patinetes compartidos. Existen dos formatos principales para acceder a estos vehículos:

  • Sistemas de pick-up and return: mediante el pago de una cuota, los miembros acceden a una red de vehículos distribuidos por la ciudad. Estos cuentan, a menudo, con tecnologías de localización que ayudan a prevenir robos y a agilizar el sistema.
  • Sistemas peer-to-peer: fomentan el uso compartido entre usuarios.

El informe ’Cities towards Mobility 2.0: connect, share and go!’ señala que actualmente hay más de mil sistemas de bicicletas compartidas por todo el mundo. En los últimos años han empezado a ganar peso en las ciudades los sistemas de vehículos eléctricos, más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente.

Así transforman la ciudad

El uso de medios de transporte compartidos tiene numerosas consecuencias en la vida de los habitantes de las ciudades. Las principales son de tipo medioambiental, social y económico. Entre sus beneficios destaca la reducción del número de vehículos que transitan la ciudad, que dejan más espacios verdes y para peatones.

Menos congestión

Compartir vehículos entre más de dos o tres personas puede reducir considerablemente el tráfico, algo que se nota sobre todo en los momentos de más congestión. Permite, además, hacer uso de los carriles y las vías limitadas a vehículos con varios ocupantes, lo que da más fluidez en las grandes ciudades.

Muchos de los servicios de movilidad compartida facilitan, asimismo, trazar rutas personalizadas. Esto evita el colapso en determinados momentos y lugares, como en las estaciones de transporte público en hora punta, por ejemplo.

Más facilidad de aparcamiento

El hecho de que menos personas cuenten con un coche propio deriva en que haya más plazas de aparcamiento y más movimiento en las mismas. Por otro lado, el uso de vehículos pequeños como bicicletas, patinetes y motos hace que sus aparcamientos (o zonas de recogida) puedan integrarse más fácilmente en el centro de las ciudades e incluso en zonas verdes.

Car sharing, alquiler de bicicletas... compartir puede transformar una ciudad.

Más zonas limpias

La reducción del número de coches o la sustitución de los mismos por bicicletas deriva en la limitación de las emisiones contaminantes y el ruido. Por otro lado, supone la apertura de más espacios peatonales y zonas verdes, lo que se traduce en una mejora de la calidad de vida de los vecinos.

Las plataformas de movilidad compartida facilitan también el acceso a vehículos eléctricos a un precio asequible. Detrás de estas ventajas se esconden, sin embargo, numerosos retos. Muchos de ellos relacionados con la legislación y el control de este tipo de servicios. Un tema que está en la agenda política y que sin duda es una prioridad a tener en cuenta para poder definir el futuro de las ciudades en las que vivimos.

Imágenes | Unsplash/Ryoji Iwata, Unsplash/Denys Nevozhai, Unsplash/Victor Xok, Unsplash/Clique Studios

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