Ciudades circulares para una economía circular: objetivos, retos y proyectos en marcha

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Las ciudades de todo el mundo tienen mucho por hacer frente a la lucha contra el cambio climático. Aunque la ciudad compacta es una estructura más sostenible que otro tipo de municipios, lo cierto es que tiene enormes retos que resolver para minimizar su impacto, que evidentemente es elevado. Los residuos urbanos son una parte importante del puzzle y su solución pasa de forma inexorable por las ciudades circulares.

En España, los municipios de Murcia y Sevilla son los únicos que por ahora se han adherido a la europea ‘Declaración de Ciudades Circulares’. Con la firma de esta carta (disponible para su lectura aquí) cada ciudad se compromete a dar ejemplo con la descarbonización, el aumento de la eficiencia y la economía circular. El objetivo de hacer frente a los grandes retos de nuestro tiempo.

¿Qué es una ciudad basada en la economía circular?

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La economía circular, según el propio Parlamento Europeo, “es un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido”. O lo que es lo mismo, reducir los residuos al mínimo de forma que los pocos que haya vuelvan de nuevo a la cadena de valor.

Las ciudades que aplican la economía circular son aquellas que planifican la gestión de sus residuos de forma tal que estos tengan un valor al final de su vida útil, en lugar de terminar en vertederos o incinerados. Por ejemplo, mediante el reciclaje o la reducción en el uso de materias primas. Y, además, estas ciudades aplican medidas de circularidad como la compra de material reciclado o el impulso a una industria basada en componentes locales.

La iniciativa europea ‘Circular Cities’

‘La iniciativa de ciudades y regiones circulares’ es un proyecto de la Comisión Europea que busca la participación de las ciudades como motores de la economía circular. Debido a la cantidad de gente que vive en ellas —en España solo el 16,1% era rural en 2019, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA)—, resulta imprescindible que los entornos urbanos desarrollen planes de actuación dirigidos a la recirculación.

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De este proyecto ha derivado la ‘Declaración de Ciudades Circulares’, de la que tanto Murcia como Sevilla son firmantes, y que puede sintetizarse en el siguiente decálogo:

  1. Establecer objetivos y estrategias de economía circular para proporcionar una dirección común para la transición circular local.
  2. Concienciar sobre las prácticas circulares en nuestra administración y entre los ciudadanos y las empresas locales.
  3. Involucrar directamente a las partes locales e interesadas de la sociedad civil, el sector privado y la comunidad investigadora en el desarrollo de planes e iniciativas de economía circular, esforzándose por hacer que la transición sea inclusiva y ayude a nutrir tanto los modelos de negocio circulares, como la economía compartida y la economía reparadora.
  4. Incorporar los principios de circularidad en los procedimientos de planificación urbana, infraestructuras y gestión de activos.
  5. Aprovechar la contratación pública para promover el mercado de productos y servicios circulares.
  6. Aplicar incentivos económicos y buscar oportunidades para utilizar medidas fiscales destinadas a fomentar el comportamiento económico y social circular.
  7. Fomentar un marco normativo local que permita y fomente los mercados de materiales secundarios, la reparación, la reutilización y los sistemas de intercambio.
  8. Colaborar con los gobiernos nacionales y las instituciones europeas para establecer un marco político y normativo adecuado para la transición circular.
  9. Supervisar los progresos realizados y el impacto de nuestras actividades de economía circular.
  10. Informar a ICLEI (Local Governments for Sustainability) sobre los avances en la consecución de los compromisos anteriores.

Uno de los puntos clave de todas estas iniciativas es el de probar con varios enfoques en paralelo a lo largo de cientos de ciudades europeas, de forma que se obtengan datos de qué funciona y qué no. Y es que uno de los pilares básicos de las ciudades circulares es compartir información con sus vecinas.

La construcción de bajo impacto orientada a su reciclabilidad

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El sector de la construcción puede ser altamente contaminante, especialmente si no se tiene en cuenta un análisis de impacto ambiental a lo largo de toda la vida útil del inmueble. No solo debe ser eficiente desde el punto de vista energético, también se debe priorizar la construcción con materiales locales y hacer viable su reciclabilidad al final de su vida útil.

En Europa, los proyectos BAMB (Buildings As Material Banks), Cinderela, CIRCuIT (Circular Construction In Regenerative Cities) o Houseful son algunas de las iniciativas en materia de circularidad de la construcción que más se están moviendo, aunque existen cientos de proyectos municipales orientados a ello.

Minimizar el uso de plásticos

La contaminación por plásticos es, tras el calentamiento global derivado de las emisiones, uno de los mayores focos de contaminación del planeta. Y dada la cantidad de gente que vive y va a vivir en las ciudades, les toca a estas diseñar políticas para reducir su uso o aumentar el reciclaje.

En esta línea, proyectos como CIRC-PARK buscan desarrollar bioplásticos sustitutivos para aquellas aplicaciones en las que sea inviable no usarlos. Y PlastiCircle, más orientado a la gestión urbana de residuos, espera circularizar todos estos desechos.

¿Qué se hará con los residuos orgánicos?

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Los residuos orgánicos, tanto los derivados de la comida como los que provienen de la red de saneamiento, necesitan ser tratados. Algunas iniciativas, como Decisive, proponen abordar la reducción de residuos urbanos a través de sistemas de recuperación como la digestión anaeróbica o la fermentación dentro de las propias áreas urbanas.

El enfoque de ciudad como organismo, y de sus funciones como metabolismo, ha hecho que la recuperación de residuos orgánicos haya sido durante los últimos años una apuesta importante en las ciudades. Existen decenas de proyectos europeos al respecto: Embraced, Force, Repair, Urban-Waste, Urban-Wins, Re-Urbis, Scalibur o Urbanrec son algunos de ellos.

Agua circular

La gestión circular del agua es un punto obligado para las ciudades circulares. Cuentan con la ventaja de que gestionar la red de alcantarillado es más sencillo y menos costoso en entornos urbanos que en aquellos distribuidos. Proyectos como B-WaterSmart, Digital-Water.City o Fiware4Water son algunas iniciativas de gestión inteligente de este recurso cada vez más escaso.

Como vemos, las ciudades son firmes candidatas a ser entornos sostenibles, aunque es necesario que el urbanismo, la gestión de residuos o las actividades industriales trabajen por la circularidad de los recursos.

Imágenes | iStock/Nannapat Pagtong, iStock/xmocb, MAPA, iStock/alcfeoh21, iStock/AvigatorPhotographer

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