Ciudades de proximidad: las ventajas de tenerlo todo a un paso

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Estos días de confinamiento se ha vuelto a hablar, y mucho, de las ciudades de proximidad o, como también empiezan a conocerse, de los 15/20 minutos. Su actual protagonismo se debe en parte a las limitaciones que tenemos los ciudadanos a la hora de salir de casa y movernos (en Wuhan y en otras localidades la desescalada se ha realizado por etapas, valorando el riesgo por barrios y necesitando un salvoconducto para pasar de uno a otro), pero también porque algunos expertos, como explica Elvis García, ingeniero y profesor en la Escuela de Arquitectura de Harvard, creen que “descentralizar las ciudades y construir barrios autónomos ayudaría a luchar contra virus y enfermedades”.

El origen de las ciudades de 15 minutos

Su germen va parejo al de un concepto conocido por todos: movilidad sostenible. Hay ciudades por todo el mundo que llevan tiempo luchando para calmar el tráfico y mitigar sus efectos. Para ello, promueven que sus ciudadanos elijan modos de transporte respetuosos con el medio ambiente y que contribuyan a mejorar la calidad de vida. Eso sí, no solo basta con proponerse coger la bicicleta para ir al trabajo o caminar para ir a la compra. Además de ello, la distancia debe permitirlo.

En el modelo tradicional de ciudad dispersa, cuya población debe cubrir largas distancias en sus trayectos cotidianos, es más difícil conseguir que los ciudadanos se muevan de manera sostenible. También se caen otras cosas por el camino: las redes ciudadanas se debilitan y la calidad de vida se resiente. Esto se debe, entre otras razones, a la gran cantidad de tiempo que los habitantes suelen invertir en sus desplazamientos y a los elevados niveles de contaminación procedente del tráfico.

Algunas ciudades decidieron tomar nota y promover un paradigma que empuja de manera natural a sus habitantes a moverse de manera sostenible. Son las ciudades de proximidad, aquellas en las que el ciudadano tiene todo a un paso. En ellas no se fuerza al ciudadano a abandonar el vehículo privado, simplemente se le elimina la necesidad de utilizarlo.

Qué son las ciudades de proximidad

Ciudades de los 15 minutos

Reducir las distancias que deben cubrir sus habitantes cada día es una apuesta que ya realizan algunas urbes. Se basan en las ventajas que aportan las llamadas ciudades compactas, que son aquellas que concentran un gran número de población en un espacio relativamente reducido.

Para hacernos una idea, se trata de un modelo de ciudad habitual en Europa, donde encontramos ejemplos como París o Barcelona. Poseen centros compactos en los que se realiza un elevado número de desplazamientos, rodeados por otras capas en las que el movimiento y la densidad van disminuyendo. El modelo opuesto, el de la ciudad dispersa, sería el de urbes como Los Ángeles o Helsinki, donde la gran mayoría de sus habitantes cubren largas distancias cada día entre distintos núcleos especializados para acceder a sus necesidades básicas, como ir al trabajo, a la compra o a la escuela.

Un estudio realizado por el CSIC concluye que las ciudades compactas, con una movilidad concentrada, tienen una mayor calidad de vida. No solo se utiliza más en ellas el transporte público y se cubren más trayectos a pie o en bicicleta. También existe correlación entre una organización jerárquica de la movilidad y mejores niveles de polución, salud ciudadana o integración de las distintas comunidades de habitantes. Incluso el uso que se realiza de sus infraestructuras es más eficiente que en las ciudades dispersas. Todas estas son características que indican que nos encontramos ante un espacio urbano sostenible.

Songdo, la ciudad que ya nació próxima

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Este paradigma de ciudad de proximidad, que apuesta por la movilidad sostenible gracias a la reducción de distancias, es el que se aplicó sobre Songdo, una ciudad de Corea del Sur que se comenzó a construir desde cero en el año 2002.

La propia planificación urbana de Songdo se realizó con el ciudadano y sus necesidades de movilidad en el centro del proceso. En ella, los coches de combustión interna tienen prohibido el acceso y el principal medio de transporte es la bicicleta. Además, las distintas infraestructuras y las viviendas se han colocado de tal manera que los habitantes se puedan mover entre ellas a pie.

Se articula en torno a espacios de uso mixto, en los que oficinas, parques, hospitales y colegios están situados cerca de las zonas residenciales. Y si es necesario coger el transporte público, las paradas están situadas, como máximo, a 12 minutos andando. Además, dentro de Songdo hay unos 25 kilómetros de carriles bici conectados con un gran circuito de 145 kilómetros que cubre la ciudad.

Este tipo de políticas promueve hábitos de movilidad saludable para los ciudadanos, les devuelve su tiempo, fomenta encuentros entre ellos y reduce problemas de contaminación. Como resultado, la ciudad gana en sostenibilidad y sus habitantes, en calidad de vida.

París: ciudad paseable y movilidad sostenible

París, ciudad paseable

Las ventajas de vivir en un lugar en el que todo está a mano son evidentes. Sin embargo, ¿cómo implantar este nuevo paradigma en ciudades que nacieron hace siglos? ¿Cómo trasladarlo a entornos que se entregaron al coche durante décadas? No queda otro remedio: hay que replantear la propia ciudad.

Eso es lo que ha propuesto la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, en su proyecto “La ciudad en un cuarto de hora”: que sus habitantes tengan lo que necesitan a menos de 15 minutos a pie o en bicicleta de su casa.

El objetivo de este proyecto consiste en reorganizar la ciudad, promover la movilidad sostenible y devolver espacios públicos a los ciudadanos para que se puedan encontrar en ellos. Por ejemplo, la apertura de los patios de los colegios en fin de semana para que los vecinos se puedan encontrar allí o la transformación de plazas de aparcamiento en zonas verdes.

Movilidad urbana y metropolitana

Movilidad urbana sostenible

Se trata de un concepto que ya se ha ensayado en dos barrios de París. De cara al futuro, “La ciudad en un cuarto de hora” propone construir en los distritos del este, donde proliferan las grandes superficies y el uso del vehículo privado, espacios de uso mixto (residencial, laboral y de servicios). De esta manera, se pretende corregir el desequilibrio existente entre estas zonas residenciales y comerciales respecto a las occidentales, donde se sitúan buena parte de los lugares de trabajo.

Mediante estas y otras actuaciones, París busca pasar de un espacio urbano monofuncional hacia una ciudad policéntrica. A diferencia de lo que ocurre en las ciudades dispersas, en este tipo de urbe se ofrece calidad de vida en distancias cortas dentro de los distintos núcleos. Se hace a través de las seis funciones sociales urbanas esenciales, aquellas que todos tenemos que cubrir: vivir, trabajar, aprovisionarnos, cuidarnos, aprender y descansar.

La emergencia sanitaria y el estado de alarma nos han confirmado que sería deseable cubrir todas ellas sin alejarse mucho de nuestra vivienda, reforzando a largo plazo el concepto de ciudad de proximidad, que, debido a la pandemia, ha cobrado más de actualidad que nunca.

Imágenes: iStock: CJNattanai, William Barton. Unsplash: Sander Jeurissen, Jeff Frenette, Tristan Colangelo

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