Ciudades flotantes: tres casos que convirtieron el agua en suelo

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Hay ciudades que están rodeadas por agua. Mares, ríos, lagos y humedales se convierten, en estos casos, en barreras naturales que impiden su expansión. El problema viene cuando la capacidad del suelo se agota y el agua marca los límites. No queda más remedio que construir sobre ella.

Ganar terreno al agua es una práctica que lleva siglos perfeccionándose. Por eso, hay una gran cantidad de ciudades costeras en todo el mundo que han levantado barrios enteros a base de diques y rellenos. Existen incluso algunos casos que han elevado esta práctica urbanística casi a la categoría de hazaña. Si no, ¿cómo podrían ciudades como Dubái o Tokio ser las metrópolis que son hoy?; ¿cómo serían los Países Bajos si a nadie se le hubiera ocurrido construir los pólderes?

Estos tres territorios son ejemplos claros de cómo la necesidad de espacio, por distintas razones, obliga a las ciudades a buscarlo donde sea. Hasta en el mismísimo océano si hace falta.

Dubái y sus islas artificiales

Dubái gana terreno al agua

Si hay una ciudad sinónimo de exceso, esa es Dubái. No para de crecer. Es la respuesta que da el emirato al inevitable agotamiento de los pozos de petróleo que catapultaron el ritmo de vida de sus habitantes allá por los años 60. Es necesario promover otro tipo de actividades económicas y las elegidas han sido el comercio, el turismo de lujo y los servicios financieros.

Acoger a tanto visitante dispuesto a dejarse asombrar requiere ciertas dosis de excentricidad. Por ejemplo, la construcción de rascacielos de récord, del único hotel del mundo de siete estrellas o del mayor puerto recreativo de la zona con capacidad para 4.400 yates.

Seguir sorprendiendo a base de hormigón en un territorio más pequeño que el área metropolitana de Sevilla es una tarea ardua. Sobre todo, teniendo en cuenta que la única dirección hacia la que se puede expandir Dubái es el mar. Por ese motivo, surgió uno de los proyectos más disparatados del mundo, urbanísticamente hablando. Se trata de The World Islands, un conjunto de 300 islas artificiales que conforman un mapamundi. Están disponibles en alquiler y venta.

La crisis de 2008 y la dudosa viabilidad del proyecto llevaron a que solo nueve de esas islas entraran en actividad. Además, la mayor parte de ellas se hunde parcialmente: han perdido ya entre 10 y 40 centímetros de su superficie. Sin embargo, la mejora de la situación económica revive el proyecto en la actualidad y se espera que, en breve, muchas de las islas se llenen de hoteles y viviendas de lujo.

Tokio y los Juegos Olímpicos

Tokio urbanismo

La capital de Japón es experta en ganar terreno al mar. Tras la II Guerra Mundial, Tokio ganó una nueva identidad ampliando su fachada marítima. Para conseguirlo, se incorporaron varias innovaciones en forma de islas artificiales o una red de puentes.

Con unos Juegos Olímpicos a la vuelta de la esquina, Tokio se encontró con un problema de espacio. No tenía dónde alojar a los deportistas y, lo que es más importante, dónde ponerlos a competir. Lo que en otras ciudades se solventa construyendo villas olímpicas e instalaciones deportivas sobre suelo, Tokio lo tuvo que hacer sobre el mar.

Por esta razón, la ciudad volvió a recurrir a las islas artificiales para erigir varios estadios y la residencia para los deportistas. Así, ganó de nuevo terreno al mar, una operación que también forma parte de un ambicioso proyecto inmobiliario. Al igual que en el caso de Dubái, las autoridades japonesas quieren convertir su capital en “un polo turístico y de negocios con atractivo global”.

De esta manera, la cita olímpica se convirtió en el catalizador de la colonización de la bahía de Tokio desde que se anunció su celebración en 2013. Esta actuación ha cambiado de nuevo la fachada de una capital superpoblada y con un mercado inmobiliario saturado que requería soluciones urgentes.

Países Bajos y los pólderes

Holanda y los pólderes

En los Países Bajos son tan expertos en ganar terreno al agua que hasta tienen su propio término para referirse a estas extensiones. Se llaman pólderes, que son los territorios que se han ido ganando al vecino Mar del Norte y que están situados a su nivel o incluso por debajo de este.

La técnica que se emplea para construirlos es muy singular y antigua: se puso en práctica ya en el siglo XII. Consiste en drenar un terreno con agua superficial. Se hace mediante el uso de un dique que rodea toda la superficie que se quiere secar para protegerla del mar. También se construyen una serie de canalizaciones que desembocan en el mar y unas compuertas que permiten vaciar el agua acumulada en los canales, normalmente en marea baja. Incluso los típicos molinos de viento de la zona ayudaban a drenar el agua sobrante de los pólderes.

Así, como si de un juego de estrategia se tratara, los habitantes de los Países Bajos se han dedicado a conquistar terrenos de cultivo al agua desde la Edad Media. Algo necesario para dar de comer a un Estado pequeño y con una gran densidad demográfica. La mayor parte de Ámsterdam, concretamente el 60% de su territorio, se encuentra por debajo del nivel del mar. De hecho, sin el uso de los pólderes, el país entero sería una cuarta parte más pequeño.

Iniciativas como las de estos tres ejemplos permiten a ciudades y territorios expandirse para solucionar la falta de suelo, incluso cuando es el agua la que lo impide.

 

Imágenes: Unsplash | Christoph Schulz Jezael Melgoza azhrjl Hu Chen Michael Fousert

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