Ciudades caminables: así devuelven su espacio al peatón

Tiempo de lectura: 5 minutos

Caminar es el modo de transporte más natural y propio del ser humano, por tanto, debe ser el principal. Así se podría resumir la filosofía de la caminabilidad, que se extiende como la pólvora por un número de urbes cada vez mayor. Son las ciudades caminables, que reivindican el espacio que los vehículos han ido ganando a los peatones con el paso de los años. Para devolvérselo, el urbanismo es fundamental. Por eso, cada vez más ayuntamientos repiensan los espacios urbanos para promover los trayectos a pie o en bicicleta.

La reciente puesta en marcha de la zona de bajas emisiones Madrid Central, con sus restricciones al tráfico y su apuesta por la movilidad sostenible, ha puesto la caminabilidad en el centro de todas las miradas. Sin embargo, no se trata de algo excepcional ni nuevo. De hecho, hay quien considera que el establecimiento de Madrid Central solo debe ser el primer paso hacia un modelo urbano que ponga al peatón en el lugar que le corresponde: el del actor principal de la escena urbana y el que más valor aporta al espacio público.

Mucho antes que Madrid, otras ciudades españolas como Pontevedra o Vitoria habían apostado ya por la caminabilidad. Un camino inspirado por la reducción de emisiones contaminantes, que cada año causan alrededor de medio millón de muertes prematuras en la región de Europa definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, la mejora de la calidad del aire no es el único argumento que defiende la caminabilidad.

Ciudades más humanas

Gastar suelas de zapatos en lugar de neumáticos es mucho más que luchar contra la contaminación. Los defensores de esta filosofía sostienen que las ciudades que caminan son urbes más humanas. Recuerdan que caminar fue el hito que nos transformó de homínidos a humanos y que desplazarse a pie es una acción que sirve para descubrir historias, para enviar un mensaje político y social o incluso como práctica artística.

Ciudades caminables peatones

En un plano más terrenal, incentivar los trayectos a pie puede ayudar a mejorar la salud de los ciudadanos, al promover el ejercicio físico y reducir la contaminación. También al fomentar el establecimiento de relaciones con otros habitantes de la ciudad. Este concepto es muy sencillo de entender si pensamos en un niño que juega aislado en su habitación y lo comparamos con otro que baja a jugar a una calle con sus amigos. Solo hay que trasladar esa comparación a un adulto que se desplaza aislado en un coche frente a otro que se encuentra con sus vecinos gracias al mero hecho de caminar.

Todos estos conceptos contribuyen a la humanización de las ciudades y requieren rediseñar los espacios urbanos para que caminar sea un modelo de movilidad atractivo. Pontevedra y Vitoria son dos ejemplos de lo que se puede conseguir si se apuesta por el peatón.

Cuando Pontevedra se puso a andar

Hace casi 20 años, Pontevedra decidió que era el momento de ponerse de nuevo a andar. Entonces, en 1999, solamente la cuarta parte de su espacio era peatonal. Hoy, solamente se permite el tráfico rodado en esa proporción y las emisiones de CO2 en el centro se han reducido en torno al 67%, según datos del ayuntamiento. Además, el espacio público ha recuperado su papel de elemento socializador.

Ciudades caminables carril bici

La ciudad ha conseguido que en apenas 15 años más del 70% de los desplazamientos urbanos se realice a pie o en bicicleta. Además, nueve de cada diez vecinos hacen la compra a pie y cuatro de cada cinco niños caminan a sus colegios a diario. Mientras, el número de fallecidos por atropello se redujo a tres personas en diez años.

Para ayudar a los peatones a reconquistar la ciudad, Pontevedra aplicó restricciones a los vehículos y estableció la velocidad máxima urbana en 30 km/h. Además, redujo el ancho de los carriles y reordenó el tráfico para evitar que los vehículos crucen la ciudad por el centro. También eliminó barreras arquitectónicas para favorecer los desplazamientos a pie, estableció la preferencia peatonal en el uso de las calles y cambió semáforos por rotondas.

En el caso de Pontevedra, el coche no ha sido erradicado del centro. De hecho, pueden acceder a él los vehículos con parking o aquellos que vayan a realizar una gestión corta. En este último caso, existen unas plazas de aparcamiento gratuitas que solo se pueden ocupar durante 15 minutos. Ya no existe el aparcamiento regulado. Contra lo que cabría esperar, la velocidad media del tráfico mejoró el 35% y se redujo el 78% el tiempo perdido en atascos y retenciones.

Hoy Pontevedra es el ejemplo en el que se fijan grandes capitales europeas como París para humanizar sus centros urbanos.

Vitoria, la otra musa de la peatonalización

La capital del País Vasco comenzó a peatonalizar algunas de sus calles hace ya 38 años. En 2006, sentó a hablar a vecinos, técnicos y políticos sobre movilidad sostenible. Poco después, alumbró el Plan de Movilidad Sostenible y Espacio Público (PMSEP), que apostaba por más peatones, menos coches y un mejor transporte público.

Ciudades caminables espacio compartido

En solo ocho años, entre 2006 y 2014, prácticamente se duplicó el número de desplazamientos a pie que efectuaban sus ciudadanos y que en ese último año superaron el medio millón, según los datos oficiales. Tanto es así que hasta Google ha optado por recurrir a peatones para mapear el centro de Vitoria, donde sus famosos coches no son bienvenidos.

La receta vitoriana es similar a la pontevedresa: retirar parte del espacio a los vehículos para que lo disfruten los ciudadanos, peatonalizar o semipeatonalizar determinadas zonas y calmar el tráfico. Además, Vitoria ha potenciado el uso de la bicicleta hasta el punto de que entre 2006 y 2014 se llegó a incrementar el 670%. Una red de transporte público de calidad completa la transformación de Vitoria.

Tanto Vitoria como Pontevedra tienen en común mucho más que una serie de datos relacionados con la calidad del aire, la seguridad ciudadana o el número de trayectos que sus ciudadanos realizan a pie. Ambas ciudades han logrado un cambio de mentalidad en su Sociedad respecto a la integración de la movilidad sostenible en su día a día. Desplazarse a pie o en bicicleta, algo complicado hace años, se ha vuelto lo más normal del mundo. Un hito a partir del cual se puede decir que una ciudad se ha convertido definitivamente en caminable.

Fotos | iStock

¡Suscríbete a Huellas by Sareb!

Suscríbete y recibe información y artículos sobre las nuevas formas de vivir en las ciudades, su futuro y el del sector inmobiliario.

Suscribirme

Lo que contamos