Esto es lo que están haciendo ciudades y pueblos para desestacionalizar el turismo

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¿Cómo desestacionalizar el turismo? España es una potencia turística mundial si se tienen en cuenta las personas que cada año la visitan. Este país se disputa el liderazgo de esta industria con Francia y Estados Unidos, y le saca mucha ventaja a destinos con mucho pedigrí, como Italia, o a otros que últimamente están despertando mucho interés, como China. De hecho, 2018 fue un año récord para el sector turístico en España, con una entrada de algo más de 86 millones de visitantes extranjeros. Es decir, 236.000 diarios o casi 10.000 a la hora.

Pero el problema es que los turistas que se deciden a pasar sus vacaciones aquí no llegan de forma regular durante todo el año, sino que lo hacen de forma masiva en verano, en busca de sol y playa. Y luego desaparecen, dejando, sobre todo en el Mediterráneo, un panorama desolador de bares y hoteles cerrados a cal y canto y paseos marítimos fantasmales. Sólo las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, que mantienen un flujo más regular de turistas de ocio o de negocio, y Canarias, donde la temporada alta llega en invierno, rompen esta dinámica.

Por eso, urge en España desestacionalizar de una vez el turismo y crear alternativas al “sol y playa” que permitan a las ciudades vivir de esta fuente de ingresos más allá de los meses de calor. Además, esta diversificación traería, según los expertos, un mayor gasto diario de cada turista, otro parámetro en el que otros destinos nos ganan la partida.

A continuación analizamos varios ejemplos de ciudades y pueblos que quieren tener sus instalaciones turísticas con un nivel aceptable y sostenido de actividad de enero a diciembre.

Málaga

Desestacionalizar significa diversificar los atractivos de la zona y también ofertar productos diferentes. Por ejemplo, una zona con una costa imbatible en cuanto playas, clima y oferta hotelera y de ocio en verano, se podría plantear su conversión en foco cultural. Ese es el caso de Málaga, que empieza a ser conocida por muchos como “ciudad de museos”.

En Málaga no hizo falta buscar mucho para construir un relato a partir del cual convertir a la capital malagueña en capital del arte. El punto de partida de este proyecto está en pleno centro de la ciudad desde hace mucho. Es la casa en la que nació en 1881 Pablo Ruiz Picasso, un referente universal. Hoy Málaga tiene más de 30 espacios museísticos, y destacan el Museo Picasso y la Fundación Picasso, el Centre Pompidou, el Museo Carmen Thyssen, el Centro de Arte Contemporáneo o el Museo Ruso, conocido como el “Hermitage de Málaga”.

A estos espacios con potentes exposiciones permanentes acude cada año casi un millón de turistas, un tercio de los amantes del arte que se mueven por toda Andalucía. Además, Málaga se ha convertido también en lugar de paso para muchos estudiantes de español. De hecho cuenta con la mitad de los centros acreditados por el Instituto Cervantes en Andalucía y en 2018 recibió casi 20.000 estudiantes.

Barcelona

La capital catalana es uno de los centros europeos y mundiales del llamado turismo MICE, es decir, de negocios, convenciones incentivos de empresa o reuniones. En los recintos de la Fira, y en hoteles emblemáticos y de gran capacidad como el Hotel Arts, el W Barcelona (el que tiene forma de vela) o los nuevos alojamientos que rodean al Centre de Convencions Internacional (que acogieron el Fórum Universal de las Culturas de 2004), cada año se reúnen cientos de miles de ejecutivos llegados de todas partes del planeta.

Uno de los momentos álgidos llega con la celebración a finales de febrero, en pleno invierno, del Mobile World Congress, que reúne en la ciudad a algo más de 100.000 directivos del mundo de la tecnología y las telecomunicaciones y genera más de 13.000 puestos de trabajo temporales y casi 500 millones de ingresos extra para la ciudad.

Pero en Barcelona los eventos no paran durante todo el año. A la macrocita del mundo textil Itma, que reunió en junio a más visitantes incluso que el MWC, se une una agenda interminable de reuniones médicas, del ámbito farmacéutico o del inmobiliario, como Meeting Point, que en esta edición se celebra del 16 al 19 de octubre.

El llamado “bleisure” (fusión de business y leisure) dejó cifras récord en la capital catalana, con más de 1.700 reuniones de todo tipo que generaron 1.800 millones de euros en ingresos y 2,4 millones de pernoctaciones.

Santiago de Compostela

Aunque hoy parezca mentira, a finales de los años 60 y principios de los 70 era raro encontrar a peregrinos en el Camino de Santiago. Por aquella época, no llegaban a la plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela, más de 60 o 70 fieles al año para ver los restos del apóstol. Sin embargo, hoy el Camino es una fiesta religiosa y cultural, y también una exitosa campaña de diversificación turística para la capital compostelana y para toda Galicia.

En 2018 transitaron por sus innumerables rutas unos 350.000 peregrinos, que además llegaron de forma sostenida de enero a diciembre. Los datos muestran que cada vez es más reducida la brecha entre los que hacen su visita al santo en temporada alta (de mayo a septiembre) y los que prefieren acudir en temporada baja (de noviembre a marzo).

El gran boom y la popularización del Camino de Santiago se produjo a principios de los 90, con Manuel Fraga de presidente de la Xunta y tras la designación del Camino como Patrimonio de la Humanidad. Fue un macroproyecto respaldado por el Gobierno central de Madrid y también por varias de las comunidades autónomas por las que pasaban los peregrinos.

El resultado ha sido espectacular porque puso a Santiago de Compostela en primera línea del mapa del turismo religioso mundial, y empezó a despertar el interés de los amantes de la cultura. Las previsiones para 2021 hablan de medio millón de peregrinos. Además, en los últimos tiempos se han abierto más rutas y medios para llegar a la capital gallega. Lo último es la Travesía Naútica Xacobea, promovida por la Xunta y que enlaza recorridos por las rías gallegas con las rutas históricas.

Valle del Baztán

A veces la desestacionalización llega sin esperarlo. A los preciosos pueblos navarros que conforman el Valle del Baztán, en Navarra, les tocó la lotería cuando la escritora Dolores Redondo decidió convertirlos en escenario de su Trilogía del Baztán, una serie de novelas negras que se convirtieron hace unos años en auténticos bestsellers y que mezclaban, en una narración hipnótica, crímenes aterradores y las poderosas leyendas del norte de España.

De un día para otro, cientos de turistas llegaban a Elizondo o Azpilcueta tras el rastro de la inspectora de homicidios Amaia Salazar. Y los pueblos del Valle navarro se movilizaron y organizaron visitas guiadas por los escenarios de los crímenes, pero también por restaurantes y panaderías, o incluso por la sede de la Policía Foral donde presta servicio la protagonista de la ficción.

Es un ejemplo claro de turismo experiencial del que se benefician a lo largo del año más de 90 establecimientos en toda la comarca. Y que ha servido a sus pueblos para dar a conocer su rica gastronomía y su verde paisaje, pero también sus tradiciones inmemoriales, como el carnaval de Arizkun, donde un joven del pueblo se disfraza de oso, o los aquelarres de brujas de Zugarramurdi. Además, todo indica que el interés se va a mantener gracias al cine. La primera parte de la trilogía, ‘El guardián invisible’, fue vista por 600.000 espectadores, y las dos siguientes entregas se estrenarán entre este año y el que viene.

iSock: Fotografemocji / SeanPavonePhoto / vlad_karavaev / santirf

 

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