De ‘Juego de Tronos’ a ‘Wonder Woman’: cuando el cine revalúa pueblos y ciudades

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Una mañana de 1971 un grupo de pastores vio cómo, en un monte cerca de Almería, se construía un nuevo puente. Esa construcción les permitiría acortar significativamente un largo tramo del camino que tenían que hacer todos los días con sus rebaños. Unas semanas más tarde, sin embargo, el puente explotó delante de sus ojos y los pastores se fueron a la ciudad para protestar contra el alcalde. No fue fácil explicarles que la nueva estructura solo servía para rodar una escena de ‘¡Agáchate, maldito!‘, el último gran western de Sergio Leone.

Esta anécdota habla de un mundo ingenuo, en el que aún no estaba claro el impacto que la industria audiovisual podía tener en el desarrollo económico de los territorios que elige para contar sus historias. En la semana en que el cine español celebra su gran noche, con la entrega de Los Goya, puede ser útil subrayar también este aspecto de un sector cuya importancia estratégica y económica se subestima con frecuencia.

Acoger una producción cinematográfica puede significar para el territorio elegido la adquisición de una serie de contribuciones culturales, sociales y turísticas de gran relevancia. De hecho, el cine puede movilizar recursos humanos y financieros capaces de favorecer el nacimiento de nuevas actividades económicas. Detrás de una película o una serie de televisión hay un mundo vinculado no solo a la producción, la postproducción y la distribución, sino también a las empresas que operan en la construcción, artesanía, transportes y servicios.

Según los datos elaborados por la Asociación de Productores APPA, en España, la economía que generan los rodajes de cine y series de televisión llega a los 646 millones de euros anuales. A estos hay que añadir los 457 millones asociados a los rodajes publicitarios.

El fenómeno de las Film Commission

Los ejemplos de los efectos positivos de esta industria en las economías locales son muchos, aunque a menudo son difíciles de calcular con simples indicadores económicos. Alojar una producción audiovisual induce una serie de ventajas y beneficios directamente relacionados con el territorio. Hay repercusiones directas e indirectas derivadas de la presencia de una troupe que demanda servicios de lo más variado.

A raíz de ello, han prosperado en todo el mundo las llamadas Film Commission, es decir, las entidades que actúan como enlace entre el territorio y la industria del cine. Son los organismos que brindan todos los servicios necesarios para la producción, proponen los lugares más apropiados y tramitan las deducciones fiscales que casi todos los países adoptan para atraer a esta gallina de los huevos de oro. Ya en los años cuarenta del siglo pasado, el estado de Colorado, en EE.UU., empezó a luchar por atraer desde California el rodaje de películas western con el objetivo de empujar a la economía de su territorio.

Hoy, según la Motion Picture Association of America, la industria del cine y televisión en los EE.UU paga 44.000 millones de dólares al año a más de 250.000 empresas, de las cuales el 87% son pequeñas empresas, en ciudades y pueblos de todo el país. Hasta 250.000 dólares por día terminan en las economías locales cuando se graba una película o un programa de televisión.

En Europa, las Film Commission no llegaron hasta la década de 1980 en países como Francia, Reino Unido o Alemania. España se ha apuntado al carro solo en el nuevo milenio, pero durante los últimos años el crecimiento ha sido constante.

España, un ‘set’ cada vez más popular

Desde que, en 1965, David Lean, director de ‘Doctor Zhivago’, reconstruyera Moscú en el barrio madrileño de Canillas, o que la epopeya de la frontera reviviera docenas de veces en el desierto de Tabernas, en Almería, toda la geografía española se ha visto beneficiada por la industria del cine.

En la actualidad, en nuestro país, se producen alrededor de 3.000 rodajes al año, entre series y películas. Y el 30% del presupuesto se queda en el lugar en el que se rueda. Solo en Andalucía, en 2018, se llevaron a cabo más de 1.400 rodajes, que dejaron más de 130 millones de euros, según la Andalucia Film Commission.

Hoy, los países compiten entre sí para atraer importantes producciones internacionales. Muchos permiten devoluciones de hasta el 30% de los gastos. En España, el máximo permitido es un 20%, pero hay algunas excepciones que están viviendo beneficios significativos. Es el caso del País Vasco, que permite deducciones del 30%, Navarra (35%) y, sobre todo, las islas Canarias, que ofrecen un incentivo fiscal del 40%, el más alto de Europa.

Esta política, además de la belleza y variedad del paisaje, ha convertido al archipiélago en un protagonista absoluto de la industria audiovisual. En 2018, las islas acogieron hasta 71 proyectos, generando un impacto económico de 60 millones de euros y la creación de 2.000 puestos de trabajo, según el Gobierno de Canarias. Se rodaron 18 largometrajes, seis series y quince documentales, así como numerosos anuncios publicitarios. Entre los títulos más conocidos se encuentran la serie de Netflix ‘The Witcher‘, ‘Fast and Furious 6‘, ‘Han Solo‘, ‘Rambo‘, ‘Wonder Woman‘ y muchos otros.

El turismo cinematográfico

En 2017, según un estudio de TCI Research, 80 millones de extranjeros visitaron algún lugar del planeta tras verlo en películas, series o anuncios. No es de extrañar, por lo tanto, que la feria internacional de turismo de Madrid, FITUR, en colaboración con la Spain Film Commission, dedique un espacio al ‘Screentourism’, el turismo cinematográfico. En muchos casos, la revitalización de la economía local que va aparejada también se traduce en nuevas inversiones para modernizar las infraestructuras, los edificios y los sitios de interés público.

Woody Allen se ha convertido en un especialista en promover el turismo a través de sus películas. Hoy, hablando de Barcelona en la pantalla, es inevitable pensar en ‘Vicky, Cristina, Barcelona‘, una obra en la que se promociona la ciudad condal, enseñando todos sus lugares más característicos. Y ahora el director neoyorquino acaba de terminar de rodar su próxima película en San Sebastián.

El turismo cinematográfico es un fenómeno mundial. En Nueva Zelanda, veinte años después del rodaje de la trilogía de ‘El Señor de los Anillos’, el 25% de los turistas internacionales llega inspirado por estas películas. Otros grandes ejemplos son Gran Bretaña con ‘Harry Potter‘, Tokio con ‘Lost in Translation’ o las Highlands escocesas con ‘Braveheart‘. Más recientemente, el pequeño pueblo austríaco de Hallstatt ha sido literalmente invadido por fanáticos de ‘Frozen, después de que Disney lo eligiera como modelo para Arandelle, el pueblo mágico de la saga.

El tirón de ‘Juego de Tronos

Sin duda, una de las producciones que más impacto ha tenido en el turismo en España es ‘Juego de Tronos. Desde 2016, el año en que la productora HBO comenzó a rodar en el país, se estima que las Bárdenas Reales, en Navarra, recibieron un 40% más de turistas; Girona, un 19%; y los Alcázares de Sevilla, un 21%. El turismo hacia el Alcazábar de Almería subió hasta un 153%, según la Spain Film Commission.

Gracias a esa serie, San Juan de Gaztelugatxe, en la costa bizkaina, ha sido elegida como la segunda mejor localización cinematográfica de la década, tras la ciudad alemana de Görlitz. De ‘James Bond’ a ‘Juego de Tronos’, pasando por ‘Indiana Jones’, ‘Stars Wars’, ‘Lawrence de Arabia’, o ‘El Bueno, el Feo y el Malo’, España ya es un plató cinematográfico. Tal vez ya toque asignar también un Goya al pueblo más cinematográfico.

Imágenes: Disney Wiki / HBO / miroslav_1 / Wikimedia / François Philipp /

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