¿Es verdad que la España vaciada puede salir ganando con la pandemia?

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Si había un tema recurrente antes de que el coronavirus lo inundara todo, ese era el de la España vaciada. No es para menos: en los últimos 20 años los municipios de mil habitantes o menos han perdido 142.000 residentes, mientras grandes urbes como Madrid o Barcelona han visto disparada su población con la llegada de habitantes rurales. Irse a vivir a un pueblo o mudarse al campo ha cotizado a la baja durante muchos años.

Esta tendencia ha dejado pueblos vacíos o heridos de muerte, prácticamente sin servicios y envejecidos. En estas zonas, especialmente concentradas en el interior, es cada vez más difícil labrarse un futuro. Son las consecuencias de un desequilibrio territorial entre campo y ciudad que viene de atrás, que se retroalimenta y que parece no tener fin.

La cuestión es que la España vaciada vuelve a estar últimamente en el foco de atención. Y no precisamente en los términos habituales. La pandemia de la Covid-19 y los efectos de un confinamiento que tardó más de tres meses en esfumarse del todo ha provocado que algunos urbanitas huyan de sus apartamentos de vuelta a los pueblos. Parece que el flujo se invierte pero, ¿es esto realmente así? ¿Podrá salir ganando la España vaciada con esta situación?

Los padrones de la España vaciada ya se mueven

España vaciada vuelta al rural

Cada vez oímos hablar más de personas que han decidido dejar sus viviendas en la ciudad para mudarse a lugares donde pueden disfrutar más de la naturaleza. No es solo una percepción o cuestión de un mes de vacaciones: es cierto que algunos padrones han empezado a notar la presencia de nuevos vecinos.

Es el caso de la localidad de Torredembarra (Barcelona), donde este verano se empadronaron 537 personas más que el mismo periodo del año anterior. En otra escala se encuentra Cuacos de Yuste (Cáceres), que en cuatro meses ha pasado de 864 vecinos a 880, un incremento equivalente al de cinco años sin pandemia, y la mayoría procedentes de Madrid.

La mayor parte de las historias que se escuchan coinciden con un perfil: el de ciudadanos que acabaron hartos del confinamiento y decidieron buscar una vida mejor fuera de la ciudad. Aunque a algunos de ellos la idea ya les rondaba antes, permanecer tanto tiempo encerrados en sus viviendas en plena ciudad ha sido el empujón definitivo que ha llevado a muchos a hacer las maletas. No obstante, esta deseada opción no siempre es viable para todos, ya que hay determinados colectivos -sobre todo familias- que deben asegurarse de que el destino cuenta con buenos servicios y dotaciones, como colegios.

Ventajas de vivir en un pueblo (de ida y vuelta)

Irse a vivir a un pueblo

Las personas que se mudan al pueblo buscan, sobre todo, más espacio al aire libre y contacto con la naturaleza, pero también un coste de vida reducido, por ejemplo a la hora de alquilar o adquirir una vivienda. Otras características que suman puntos son la tranquilidad inherente a los pueblos e incluso la intención de habitar en pequeñas burbujas de pocos vecinos, que ofrecen cierta sensación de protección frente al virus.

Sin embargo, los beneficios no son territorio exclusivo de los nuevos vecinos. Las localidades a las que se mudan también pueden salir ganando. Uno de los ejemplos más claros es el de escuelas que reabren sus puertas tras décadas cerradas, como el caso de la de Ollauri, en La Rioja (280 habitantes), o la de Aguilar de Alfambra, en Teruel (63 habitantes). El aumento en el número de niños que viven en los pueblos y el temor a los contagios están detrás de este tipo de reaperturas, que evitan que los pequeños deban recorrer varios kilómetros cada día para asistir a clase en otras poblaciones mayores.

La clave está en los servicios

Servicios en la España vaciada

La reapertura de escuelas es solo una muestra de los servicios que pueden regresar a las localidades que consigan atraer a un buen número de nuevos vecinos. Precisamente la pérdida continuada de población durante décadas ha supuesto que muchas de las que conforman la España vaciada se quedaran al margen de infraestructuras de transporte eficientes, de un buen acceso a la sanidad e incluso de conexiones de calidad a internet.

Precisamente la existencia de ciertos servicios puede ser una de las claves para que los pueblos recuperen vecinos. Esto se debe a que difícilmente un teletrabajador decidirá mudarse a un área en la que la conexión a internet no funcione correctamente. El problema es que únicamente el 30% de los núcleos rurales dispone de cobertura de banda ancha de 30 Mb/s y tan solo el 15,8% llega a los 100 Mb/s. Una característica que puede resultar esencial para atraer población.

Algo parecido sucede con la educación. Las localidades que mantengan sus escuelas o que tengan posibilidades reales de reabrirlas por recuperar el número mínimo de alumnos partirán con ventaja. Las que no tengan esa posibilidad tendrán más complicado atraer a familias de las ciudades, acostumbradas a que sus hijos acudan a un colegio cercano.

La España a medio vaciar

Vivir en un pueblo

La cercanía o no de servicios y de poblaciones más grandes, así como la accesibilidad, pueden marcar la línea divisoria entre las localidades que ganarán vecinos y las que no. Esto quiere decir que será la España a medio vaciar, más que aquella que ha quedado ya despoblada, la que puede recoger los frutos del cambio en los flujos migratorios de la ciudad al rural. Esto se debe a las costumbres de los urbanitas: muchos de ellos querrán mantener cierto movimiento y huirán del aislamiento más profundo.

Así lo apuntaba a El Periódico la doctora Dolores Sánchez, profesora del Departamento de Geografía Física y Análisis Regional de la Universitat de Barcelona. Según ella, el destino de esa nueva migración al campo será más bien “a municipios con cierto número de habitantes, dinámicos y en entornos accesibles”. Esto supondrá que las áreas más remotas continuarán vaciándose. “Es una utopía pensar que van a volver a florecer”, sentencia.

Aunque algunas señales apuntan que la España vaciada puede salir reforzada de la pandemia, lo más probable es que no toda lo consiga. También quedarán pendientes cuestiones como si quienes se mudan ahora al campo lo harán para siempre o solo mientras dure la actual crisis. Solo el tiempo lo dirá.

Imágenes | Unsplash: Concha Mayo, Quinn Buffing, Coline Haslé, Radek Grzybowski, Maria Lupan

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