Cines, mercerías, churrerías… Así eran los comercios que ya no vemos en nuestros barrios

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Los barrios no siempre han sido como los disfrutamos en la actualidad. Negocios que no podían faltar en la década de los 80, como las tiendas de ultramarinos, churrerías, mercerías o cines, están desapareciendo de las ciudades.

¿Se han ido a algún lugar? Uno podría caer en el error de pensar que se han desplazado a los centros comerciales de las afueras. Y así ha sido parcialmente durante las últimas décadas para algunos servicios, como las tiendas de ropa o los cines; pero la mayor transformación actual viene de internet y de las tiendas y plataformas online, que nunca cierran.

Lo que hemos perdido

No es extraño escuchar que los últimos diez años son “la década negra del pequeño comercio”, por su “declive continuo”. En tan solo ocho años ciudades como Madrid han perdido casi el 8% de los negocios a pie de calle. De 71.047 a 65.969, y bajando rápidamente.

Lo primero que desaparecieron de los barrios fueron los cines. (y su doble sesión). Al margen de las numerosas horas de diversión que proporcionaban a niños y mayores, suponían una importante fuente de ingresos. Tras su cierre, se abrieron en nuevas superficies a las que había que acudir en coche. Grandes centros que ahora tratan de adaptarse ofreciendo conciertos, tiendas outlet, eSports y reposiciones para competir con plataformas como Netflix y paliar sus salas vacías.

Para cuando cerró el último cine en el barrio de Carabanchel ya solo quedaba un puñado de mercerías de toda la vida. Hoy no llegan a cuatro, y ninguna regentada por la dueña original. Con ellas desapareció un modo de vida en el que las abuelas tejían jerséis de lana a toda la familia y las madres zurcían la ropa para alargar un poco más su vida escondiendo cualquier agujero.

cine de barrio nuevos negocios

Una parte de la paga semanal estaba destinada a otro de los refugios de las horas de ocio: las salas recreativas, en la que cada uno tenía su máquina preferida, aquella en la que su nombre o seudónimo debía aparecer siempre en el top de jugadores con más puntos.

Mientras que luchábamos por mantenernos en la cima de Space Invaders, nuestras madres se enfundaban el monedero debajo de la axila y se iban al mercado o a la galería comercial más cercanos. Acudían a ellos varias veces a la semana a comprar alimentos frescos para alimentar a toda la familia (más numerosa que la actual, que ronda los 1,3 hijos por mujer). Nada de bandejas de poliestireno en los carros de la compra que llenaban hasta los topes. Los cucuruchos de papel de estraza eran los reyes de todos los puestos.

recreativos maquinas antiguas

Aunque visitaban los supermercados para adquirir los típicos productos envasados, en cualquier barrio de Madrid no faltaban tres establecimientos: una bodega, donde hasta los niños (lo de “menores de 18 años” llegaría más tarde) podían acudir pertrechados con una botella de cristal para que se la llenaran con aquel vino (sin denominación ninguna) que los mayores mezclaban con casera a la hora de comer; una tienda fantasma de huevos, que abría un par de días a la semana para suministrar en unas horas concretas a todos los vecinos con productos que llegaban directamente de alguna granja; y una churrería, porque los días de fiesta había que comprar una porra y varios churros para que cada miembro de la familia desayunara algo que no fueran las galletas María del resto de la semana.

También han ido desapareciendo los porteros o conserjes, que incluso disfrutaban de su propio piso en el edificio a costa del presupuesto de la comunidad. Hoy en día lo más normal es que uno solo, si lo hay, se encargue de una gran finca con decenas y a veces cientos de vecinos. Resulta paradójico que entre sus funciones también se encuentre recoger la paquetería del comercio online que ha desplazado al comercio de barrio.

¿Se está deteriorando la vida de barrio?

Quizás la vida en los barrios se parecía más a la de un pueblo enraizado en la ciudad. Una burbuja de seguridad que permitía salir a dar vueltas con los amigos por la calle o hacer los recados que los padres siempre tenían pensados para los hijos (de la barra de pan al paquete de Ducados).

Aquella vida de barrio hace tiempo que desapareció. Ahora no es extraño hacer la compra por Internet o no conocer ni a los vecinos por su nombre. Además, la red de amigos de los más jóvenes escapa del barrio. Armados con smartphones, uno no se ve obligado a nadar en círculos con las mismas personas con las que comparte vecindad o estudios. Como resultado, no se hace vida “de barrio”, o no se hace como antaño.

El deterioro del tejido social clásico en pro de otro tipo de tejido diferente, combinado con el cierre masivo del pequeño comercio de toda la vida, ha impulsado iniciativas como las aplicaciones ¿Tienes sal? o Nextdoor. Estas buscan recuperar parte de esas relaciones, devolver a los barrios algo de lo que perdieron. Aunque también estamos ganando…

fruterias en los barrios

Nuevos y viejos negocios, servicios y locales

Sí, porque la transformación de los barrios continúa y sigue sorprendiéndonos. Al mismo tiempo que algunos comercios se convierten en vivienda, el pequeño negocio vuelve, aunque sea en forma de frutería, salón de uñas o centro de pilates y yoga.

Las tiendas a granel son otro ejemplo de regreso. Si antes estaban apoyadas en la necesidad, hoy la salud de los consumidores y el cuidado medioambiental es su gran baza. Locales que llevaban décadas cerrados levantan el cierre para pesar fruta sin bolsas de plástico.

La gentrificación y la tendencia “hipster”, como algunas veces se denomina, ha traído de vuelta negocios de toda la vida como las barberías y peluquerías. A junio de 2018 ya había un salón por cada 900 habitantes. Centros de estética, tatuadores o clínicas de belleza son negocios en auge.

Otros que también crecen son las tiendas de bicicletas, un vehículo que se abre paso en las ciudades a medida que estas reducen el flujo de vehículos pesados y la velocidad. También hay espacios para “nuevos” negocios, como las lavanderías industrializadas importadas de Estados Unidos, los escape room, las casas de apuestas o los centros de entrenamiento crossfit.

nuevos negocios en los barrios

Mientras unos cierran, otros abren, transformando nuestro barrio y reflejando lo mucho que todos hemos cambiado y seguiremos haciéndolo.

Imágenes | Maria Molinero, Erik Witsoe, Kelly Sikkema, gburrull, iStock/RossHelen

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