Conurbaciones: cuatro ejemplos españoles de un fenómeno urbanístico

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Una de las características de las grandes ciudades que más sorprenden a los habitantes de poblaciones más pequeñas es que parece que no tienen fin. Que salir de ellas requiere un esfuerzo titánico. Carreteras de circunvalación que ya no rodean un casco urbano, sino que lo atraviesan. Calles que empiezan en un barrio y terminan en otro pueblo. Autovías flanqueadas por edificios durante kilómetros y kilómetros.

Ese efecto tan confuso se debe a un fenómeno que se llama conurbación. No es que no seamos capaces de salir de la ciudad, seguramente ya lo hayamos hecho, pero no nos hemos enterado porque el paisaje no ha cambiado. No hay suelo rural que nos indique que se acaba el centro urbano. Solo planos secuencia a base de hormigón, ladrillo y ventanas.

De gran población a conurbación

Hay varias maneras de ampliar un núcleo urbano. La que más se estilaba hasta mediados del siglo pasado consistía en la anexión de municipios circundantes por parte de otro de mayor tamaño. Todos ellos pasaban a formar parte de un solo ayuntamiento.

Así se configuraron, por ejemplo, la Gran Barcelona y el Gran Madrid, que absorbieron respectivamente siete y trece localidades limítrofes. Sarrià, Carabanchel o Barajas dejaron de ser municipios para convertirse en distritos. Algo similar pasó con Bouzas en Vigo, Abando o Erandio en Bilbao y Les Poblats Marítims o Campanar en Valencia, entre otros muchos ejemplos. Sin embargo, hoy los ayuntamientos apenas se fagocitan unos a otros, en parte por la consolidación de la concepción metropolitana del urbanismo.

En la actualidad, el fenómeno de la conurbación ha sustituido al de la absorción. Básicamente consiste en que distintos pueblos o ciudades próximas entre sí expanden sus centros urbanos de tal manera que sus límites acaban por desaparecer. Por eso resulta difícil establecer a simple vista dónde termina un pueblo y dónde comienza una ciudad. Eso sí, todos los núcleos implicados mantienen su independencia municipal.

Más concretamente, el proyecto europeo Urban Audit, en el cual participa el INE, utiliza el término conurbación (Greater City en inglés) para referirse a las ciudades cuyo centro urbano se ha extendido más allá de sus límites administrativos. Establece que una población se encuentra en esta situación si más del 25% de la población de su centro urbano se ubica fuera del término municipal.

En España existen nueve conurbaciones según esta definición: Barcelona, Bilbao, Elda-Petrer, Granada, Madrid, Pamplona, Santa Cruz de Tenerife, Valencia y Sevilla. No todas son grandes núcleos de población: alguna no supera los 90.000 habitantes y otras tienen el tamaño de una ciudad mediana. A continuación nos detenemos en cuatro ejemplos de conurbaciones de distinto tamaño y características que existen en España.

Barcelona (y otros 29)

Si elegimos el avión para viajar a Barcelona, aterrizaremos en un municipio llamado El Prat de Llobregat. Al tomar allí un autobús para acercarnos a la Plaza de España, nos resultará muy complicado saber cuándo entramos en Barcelona exactamente, si lo que vemos a un lado es el distrito de Sants-Montjüic o el municipio de L’Hospitalet de Llobregat.

Mapa de la conurbación de Barcelona

La conurbación de Barcelona es la segunda en habitantes y kilómetros cuadrados, solo por detrás de Madrid. Es la que aglutina un mayor número de municipios, hasta sumar 30. Ocupa un total de 603,59 kilómetros cuadrados y en ella viven 3.648.483 personas. Terrassa, Teià y Castelldefells son sus puntos extremos.

Madrid, la más extensa y poblada

No importa qué autovía tomemos para abandonar Madrid. El paisaje no nos dará pistas que indiquen claramente dónde termina la capital y comienzan localidades como Móstoles, Alcobendas o San Fernando de Henares. Recorrer sus vías de circunvalación también resulta confuso: ¿estamos en Majadahonda o en Pozuelo de Alarcón? ¿Esto es Carabanchel o Alcorcón?

Mapa de la conurbación de Madrid

La conurbación más grande de España se conforma alrededor de su capital. Aunque está integrada por la mitad de municipios que la de Barcelona, estos albergan a 4.904.291 habitantes en 1.231,53 kilómetros cuadrados.

Pamplona, hogar de la villavesa

Pamplona y su área metropolitana están tan unidas que los autobuses urbanos se conocen popularmente como villavesas. Es el gentilicio de Villava, uno de los municipios que conforman la conurbación de Pamplona. Lo recibe de una empresa, La Villavesa, que ya unía la capital con los pueblos de los alrededores en los años 20 del siglo pasado.

Mapa de la conurbación de Pamplona

Una misma calle de Pamplona con bloques de edificios, zonas verdes y superficies comerciales desemboca en una rotonda a partir de la cual empieza el municipio de Burlada… con sus bloques de edificios, zonas verdes y superficies comerciales. Otra vía de Burlada con chalés pareados a la derecha desemboca en Villava, donde la única diferencia es que los chalés pareados están a la izquierda. El efecto imán se repite así en esta conurbación formada por 11 ayuntamientos, 322.739 vecinos y 183,77 kilómetros cuadrados.

Elda-Petrer, la pareja LAT

Elda-Petrer es lo más parecido que existe a una pareja LAT (Living Apart Together), pero en versión municipal. Técnicamente, no viven juntas; en la práctica, no pueden estar más unidas. Tanto es así, que tienen inmuebles con fachadas que dan a las dos localidades. Eso sí, cada una mantiene su independencia, con su propio ayuntamiento.

Mapa conurbación Elda-Petrer

La conurbación de Elda-Petrer es la de menor tamaño (150 kilómetros cuadrados) y la que tiene menos habitantes (87.153 personas). Eso sí, quizás sea el ejemplo de conurbación más extremo de España, dado el elevado nivel de fusión que alcanzan los dos núcleos urbanos.

Todas estas conurbaciones son poblaciones que se han imantado para conformar algo más grande. Una dinámica que extiende el tejido urbano hasta borrar los límites de los municipios.

Imágenes / iStock e INE

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