Rehabilitación energética de edificios: de asignatura pendiente a negocio inmobiliario

Los edificios suelen ser grandes consumidores de energía, especialmente en materia de climatización e iluminación, y más todavía si usan combustibles para ello.

Para reducir el impacto ambiental derivado de estas actividades, se proponen medidas como el urbanismo de alta densidad, la vivienda bioclimática y la rehabilitación energética de edificios, por supuesto, compatibles entre sí.

Se estima que la huella ambiental de emisiones directas por la combustión de combustibles fósiles en el sector residencial, comercial e institucional supone el 8% de las emisiones del inventario de gases de efecto invernadero de España y el 14% de las emisiones totales en difusos. De cara a reducir emisiones, es evidente que hay que invertir en mejores edificios. Y eso es un negocio.

¿Qué es la rehabilitación energética de edificios?

La rehabilitación energética de edificios consiste en la aplicación de una serie de técnicas arquitectónicas e ingenieriles que tienen por objetivo mejorar su eficiencia energética, trabajando en especificaciones técnicas como la calidad de la envolvente, la eficiencia energética de las instalaciones térmicas y de iluminación o la electrificación.

Aunque en principio esta rehabilitación tenía en cuenta conceptos de energía sin considerar su origen, en los últimos años se ha visto cómo la descarbonización entraba también dentro de la normativa de distintas ordenanzas urbanas.

Históricamente no se ha evaluado el origen de la energía, pero en la actualidad se incluye la eficiencia de la máquina de clima a la hora de determinar el objetivo de la rehabilitación. Esto hace que se retiren sistemas de climatización basados en algunos combustibles, como la caldera de gas, para instalar elementos eléctricos como aerotermia; o se realicen acciones conjuntas de mejora de la instalación climática al tiempo que se instala fotovoltaica.

¿Por qué los edificios necesitan rehabilitación energética?

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El segundo principio de la termodinámica, ese que dice que “la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo”, apunta a que todos los sistemas tienden al deterioro. Y esto incluye plantas, personas, edificios o ciudades. Es necesario un aporte de energía continuo para mantener un sistema en marcha, y con frecuencia ese aporte viene de la mano del mantenimiento.

Con el tiempo, todos los edificios pierden propiedades de aislamiento en su envolvente (la piel exterior), que hacen que la energía consumida en su interior se disperse con facilidad. A medida que las ventanas pierden parte de su sellado, es inevitable que en verano se escape algo de frío y en invierno de calor. También aparecerán grietas en la fachada, los tejados se volverán porosos o aparecerán humedades, entre otros.

Según el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), el 80% de los edificios españoles está calificado energéticamente por debajo de la letra D, por lo que son muy ineficientes en materia energética y hacen uso de demasiados recursos para alcanzar un nivel mínimo de confort. Vivimos en casas poco eficientes.

Este deterioro también afecta a las máquinas de clima, los electrodomésticos o el ascensor de la comunidad, y cuando se habla de rehabilitación energética, a menudo, también se tiene en cuenta la renovación de todos estos dispositivos. En parte porque no funcionan como lo hicieron en su momento, y en parte porque la eficiencia de los nuevos electrodomésticos es notablemente superior a los antiguos.

Cuidar el planeta manteniendo los edificios

Dado que con demasiada frecuencia el coste energético de lo que se gasta no incluye el coste ambiental del impacto de obtener esa energía (algo que se conoce como ‘externalidad’), a menudo el consumidor medio no tiene alicientes a la hora de aumentar la eficiencia de su vivienda. De hecho, el coste económico de dicha restauración puede ser mayor al ahorro de energía.

Es por ello que los estados, regiones y ayuntamientos trabajan en leyes, acuerdos, pactos y ordenanzas para que los vecinos inviertan (a menudo con ayudas cuantiosas) en reducir su impacto ambiental a través de la restauración de su vivienda. Lo que a su vez aporta mayores niveles de confort y calidad de vida.

El negocio de la rehabilitación energética

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Del mismo modo que surgen negocios en otras actividades que impulsan los Objetivos de Desarrollo Sostenible —por ejemplo, las pymes que miden Scopes 1/2/3 de emisiones, los agricultores que trabajan con sellos ecológicos o la industria que diseña máquinas más eficientes—, la rehabilitación energética es un sector con mucho futuro en todo el mundo.

Especialmente con ayudas que cubran parte de las externalidades negativas. Lo que Bill Gates, en su libro ‘Cómo evitar un desastre climático’ (2021), llama “primas verdes”. Esta prima es la diferencia de costes económicos entre aquello en lo que se debería invertir (en este caso, viviendas más eficientes) y aquello en lo que dejamos el dinero porque es más barato (viviendas no eficientes).

En agosto de 2020 se reguló en España un nuevo paquete de ayudas cofinanciadas con fondos de la Unión Europea a través del Real Decreto 737/2020. Estas ayudas se dirigen tanto a comunidades autónomas como a los destinatarios últimos; es decir, las personas físicas que posean una vivienda o las comunidades de propietarios, entre otros. También las empresas de servicios energéticos (ESEs).

El objetivo de este impulso es fomentar el negocio de rehabilitación energética, de forma que la inversión compense a nivel económico a los residentes y a las empresas encargadas de llevar a cabo estas tareas. Todo este proyecto se enmarca a su vez dentro del ‘Plan de Recuperación y Resiliencia’ sobre transición ecológica, crecimiento inteligente y sostenible y otros elementos esenciales.

Gracias a estas y otras ayudas, y a ordenanzas que apuesten por ciudades de bajo impacto —como ha sido el caso mundialmente conocido de Donostia, con una Ordenanza Municipal de Eficiencia Energética y Calidad Ambiental de los Edificios ejemplar—, se da la oportunidad a las pymes del sector para orientar parte de su negocio a la rehabilitación energética, que se demandará cada vez más.

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