Cómo planificar una ciudad para crear espacios donde las mujeres se sientan más seguras

Tanto la seguridad urbana como la percepción de la misma —son dos factores relacionados pero no necesariamente coincidentes— dependen de cómo se haya planificado el modelo urbano. En las últimas décadas, las ciudades han implementado las llamadas ‘políticas de género’ como un factor más que ayuda a mejorar ambas métricas. Políticas que tienen un impacto en toda la sociedad.

La búsqueda de una mayor seguridad en las ciudades, que empezó hace más de un siglo con la siembra de farolas de gas y eléctricas para aumentar los niveles de luminosidad que evitaban muchos actos delictivos y comportamientos poco cívicos, se ha transformado en un pilar básico del urbanismo inclusivo. Este urbanismo, por descontado, va mucho más allá.

El urbanismo no es neutro, no lo ha sido y no lo será

La forma que adoptan las ciudades a lo largo de la historia tiene un impacto enorme en la manera en la que viven sus habitantes, que, a su vez, tiene un impacto en el modo en que se desarrolla el urbanismo. Es decir, son variables dependientes, y explica en buena parte por qué es tan difícil alterar la morfología urbana. El inmovilismo tiene mucha inercia.

Como ejemplo, la presencia de los vehículos a principio de siglo pasado dio lugar a ciudades diseñadas para el coche. ¿El resultado? Una tendencia que cuesta mucho cambiar hacia entornos más inclusivos. Peatonalizar una calle, que por cierto es una de las soluciones clásicas del urbanismo feminista, al permitir una mayor movilidad de las mujeres y los hijos que en mayor medida están a su cargo, supone un enorme esfuerzo político.

La seguridad y la percepción de la misma no son variables ajenas a la morfología urbana. De hecho, es muy conocido el caso del ensanche parisino, que tuvo como objetivo el diseño de grandes avenidas para facilitar los movimientos de las tropas de Napoleón. Las calles estrechas y tortuosas contribuyen a crear una imagen de inseguridad, y en muchas ocasiones la fomentan, al facilitar que se cometan robos.

El urbanismo no es neutro: tal y como está diseñado perpetúa ciertos comportamientos sociales, que a su vez lo refuerzan. Como indican desde el Banco Mundial, “las ciudades modernas están diseñadas por los hombres y para los hombres”, y romper esa tendencia exige un diseño urbano con inclusión de género.

Por descontado, este tampoco será neutro, pero al menos será más justo, equitativo e integrador, teniendo en cuenta a más personas. Es precisamente lo que busca el urbanismo feminista.

¿Qué es el urbanismo feminista?

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El libro ‘Urbanismo feminista, por una transformación radical de los espacios de vida’, del colectivo Col·lectiu Punt 6 (uno de los uno de los grupos de trabajo más reconocidos en España en materia de urbanismo femenino), recoge algunas de las premisas para la integración:

  • El urbanismo preventivo, que evita por defecto conductas indeseadas. Una forma de urbanismo preventivo es evitar los pasos a nivel en forma de túneles.
  • La huida de la ciudad distribuida y de la ciudad zonificada, que exige el uso del automóvil y no permite un uso mixto del espacio.
  • Una edificación que promueva el uso distribuido de las tareas del hogar, con foco en cocina, las tareas de cuidados o reproductivas.
  • El aumento del área peatonal y ciclista, con el objetivo de que los colectivos que se mueven en estos medios encuentren más libertad de movimiento.

Muchos de estos conceptos, y otros no listados, tienen que ver con la construcción de espacios seguros, o más seguros que los actuales. Y es que las ciudades los necesitan tanto para las mujeres como para el resto de habitantes. Eso sí, el urbanismo feminista espera ir mucho más allá de la mera protección: se necesita participación.

¿Por qué hace falta un urbanismo con perspectiva de género?

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A lo largo de las últimas décadas se han escrito numerosos informes, libros blancos y manifiestos en favor del urbanismo inclusivo con perspectiva de género, casi todos con las mismas líneas básicas y metas. El Banco Mundial ha publicado uno de los últimos bajo el título ‘Manual para el diseño de planificación urbana con inclusión de género’. Sus objetivos son:

  1. Incluir y promover activamente la presencia de mujeres, niñas y minorías sexuales y de género de todas las edades y habilidades en la planificación y diseño de procesos de toma de decisiones, con el fin de:
  2. Combatir de forma sistemática los desequilibrios de género en el entorno construido que impiden a estos grupos disfrutar de igualdad de acceso, movilidad, seguridad, salud, resiliencia climática y seguridad [que sí disfrutan] hombres heterosexuales, con el fin de:
  3. Crear ciudades con inclusión de género que apoyen la plena inclusión social y económica de las mujeres, niñas y minorías sexuales y de género de todas las edades y capacidades, con el fin de:
  4. Promover la equidad de género y promover un desarrollo económico y social mundial más inclusivo.

En muchos países del mundo, especialmente los muy urbanizados, el urbanismo con perspectiva de género busca integrar a las mujeres en las decisiones sobre cómo organizar los asentamientos urbanos. Por desgracia, en otras regiones del mundo aún en vías de desarrollo, las mujeres persiguen algo aún más básico: el fin del acoso, la violencia sexual e incluso el asesinato, eventos que todavía forman parte del día a día de muchos entornos.

Así aparece mencionado en la publicación de la ONU ‘Ciudades seguras y espacio público seguro’ de noviembre de 2020, que lamentablemente llama la atención sobre los mismos puntos que ya presentase el informe de 2017 y anteriores. La perspectiva urbana de género se abre paso año tras año, pero de forma excepcionalmente lenta.

Proyectos internacionales de urbanismo con perspectiva de género

Todas estas guías y libros blancos buscan establecer unas líneas generales de actuación que después se plasman en proyectos urbanos concretos. Algunos de ellos alcanzan presencia internacional, y ciudades de todo el mundo aprenden de lo que funciona en otras. Veamos algunos proyectos internacionales de urbanismo con perspectiva de género:

Distrito Mariahilfer, en Viena

El distrito Mariahilfer, en Viena, es uno de los referentes más destacados en materia de urbanismo feminista. No solo porque fuese uno de los primeros entornos en reivindicar y ejecutar esta aproximación, allá por 2001, sino por el caso de éxito que supuso.

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En este distrito se actuó sobre la iluminación y la movilidad, colocando más puntos de luz y retirando plazas de aparcamiento que dieran espacio a usos peatonales y de socialización. Con la retirada de los coches llegaron bancos y zonas de contacto entre personas que mejoraban la convivencia. Razonamientos similares fueron ejecutados también en materia de edificación.

Una de las ciudades que hoy en día se propone copiar este modelo es París. Anne Hidalgo es la primera alcaldesa de París. Fue elegida por segunda vez consecutiva tras el anuncio de retirar 60.000 plazas de aparcamiento y hacer la ciudad más humana.

Dublín, Irlanda

En 2015, la ciudad de Dublín confirmó con datos la sensación de miedo que generaba en muchas mujeres los entornos “descuidados, sucios y poco acogedores”, y aquellos “que obstruyen la vista de las personas en el espacio público”. Separar percepción de hechos objetivos es interesante, pero abordar ambos entornos es provechoso.

Eliminar barreras visuales que impidan a los vecinos, peatones o dueños de negocios saber qué ocurre en sus calles, a pocos metros de distancia, resulta imprescindible a la hora de hacer las ciudades más seguras e inclusivas. Incluso en aquellos factores en los que solo influye la percepción: si una persona se siente insegura, es probable que se retraiga del espacio público y no participe.

Al respecto, desde Col·lectiu Punt 6 recalcan que “tampoco se puede revictimizar a las mujeres reforzando el discurso de que el espacio público es inseguro”, porque muchas veces no lo es. Una alternativa complementaria al impedimento visual es la monitorización continua, opción muy generalizada en las ciudades asiáticas que se extiende con rapidez debido al elemento disuasorio.

Medellín, Colombia

Medellín fue en su momento una de las ciudades menos seguras del planeta tanto para mujeres como para hombres, con elevadas cifras de violaciones y asesinatos año tras año. En 1980, la ciudad disponía de los índices de criminalidad más elevados del mundo occidentalizado. Pero todo cambió en 2004 con iniciativas como el metrocable (un teleférico) y la conectividad urbana.

Esta ciudad colombiana demostró que fomentar la movilidad intermodal, crear espacios de movilidad seguros o disponer de WiFi para los ciudadanos tenía un impacto enorme en materia de seguridad. Era la prueba de que no todas las políticas urbanas feministas requieren poner el foco en los conceptos tradicionales, y también de que un enfoque más abierto beneficia a todos.

El urbanismo inclusivo con ‘perspectiva de género’ ayuda a todos

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Cuando se habla de ‘perspectiva de género’ suele trabajarse sobre varios supuestos no necesariamente universales que exigen cierta explicación para evitar caer en errores de concepto. Así, cuando se afirma que “una mujer es más vulnerable”, se entiende que no todas las mujeres lo son, ni que no exista varones que no lo sean.

De hecho, la perspectiva de género es una etiqueta aplicada al género pero con impacto en toda la sociedad. Cuando se gestiona una infraestructura con perspectiva de género, como ha ocurrido muchas veces en España en lugares como Vitoria-Gasteiz o el Campus de la Universidad de Alicante, se hace más accesible para todo el mundo, no solo para las mujeres.

El motivo es que una ciudad más segura para las mujeres vulnerables también es una ciudad más segura para otros colectivos, como puedan ser las personas sin hogar (predominantemente varones), las personas ancianas (más mujeres a medida que aumenta la edad), así como colectivos mixtos al 50% (niños y adolescentes, personas con movilidad reducida, etc).

Ocurre a menudo que el nombre da lugar a error (feminismo > mujer), una relación que incluso llega a generar cierta animadversión por parte de algunos colectivos. Sin embargo, un urbanismo feminista también tiene un impacto positivo en quienes hasta entonces se han estado beneficiando del diseño de la ciudad, simplemente por el hecho de considerar a todos ciudadanos.

 

Imágenes | iStock/mediamasmedia, iStock/Meinzahn, iStock/SolisImages, Eran Menashri, iStock/Halfpoint

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