Nos divorciamos, ¿qué hacemos con la vivienda?

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Han pasado 40 años desde que se aprobó la ley de divorcio en España. En este tiempo, la ley ha sufrido modificaciones para adaptarse a los cambios de la sociedad y facilitar los trámites. Ahora no es necesaria la separación previa para divorciarse, ni justificar sus causas, incluso es posible divorciarse ante notario cuando no se tienen hijos.

Desde la aprobación de la ley se han firmado más de 3 millones de disoluciones matrimoniales, según los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La cifra récord se alcanzó en 2006 con casi 127.000 rupturas, mientras que en los últimos años no se superan los 100.000 divorcios anuales.

Entre las cuestiones que deben acordar las parejas cuando se produce el divorcio es quién se queda con la vivienda familiar. La situación varía según el régimen del matrimonio, si tienen hijos o son menores de edad o si la vivienda tiene una hipoteca. Cuatro parejas nos cuentan como resolvieron esta cuestión.

¿Qué se considera vivienda familiar?

Antes de saber a quién corresponde es necesario explicar que la vivienda familiar es el domicilio donde convive el matrimonio y los hijos de manera estable y permanente. Si la familia tiene otras propiedades, solo se considera vivienda familiar donde reside habitualmente.

Mutuo acuerdo o vía contenciosa

Cuando el divorcio se produce por decisión mutua, la pareja acuerda quién se queda con la vivienda familiar a través del convenio regulador. Sin embargo, en un proceso de divorcio contencioso, el juez asigna el uso de la vivienda al cónyuge más necesitado de protección o, en caso de tener hijos menores de edad, al que tenga su guarda y custodia (quien cuide y conviva con los hijos menores).

¿Qué se puede hacer con la vivienda familiar en caso de divorcio?

Hay tres formas de resolver el problema de la vivienda familiar en caso de divorcio:

  • Vender la casa a un tercero. Con el dinero de la venta se cancela la hipoteca y se reparten las ganancias.
  • Comprar la parte de la casa al otro cónyuge. Quien se queda con la vivienda tiene que pagar gastos notariales y registrales y el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (6% al 10% según la comunidad autónoma) y el otro tiene que declarar la ganancia patrimonial en el IRPF.
  • Hacer una extinción de condominio: un miembro de la pareja cede su parte de la casa al otro a cambio de una compensación económica. Es una operación más barata que la compraventa, porque solo hay que pagar el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, los gastos de notaría y la alteración en el Registro de la Propiedad.

La situación ideal: divorcio de mutuo acuerdo y varias propiedades

 

Divorcio con mutuo acuerdo

La mayoría de los divorcios que se producen cada año se resuelven de mutuo acuerdo. De esta manera los cónyuges establecen las condiciones relativas a la vivienda y custodia de los hijos en el convenio regulador que es ratificado por el juez.

“Como una casa valía más que la otra, tuve que ampliar la hipoteca para abonar la diferencia a mi mujer”

José y María se divorciaron de mutuo acuerdo cuando llevaban casi 25 años casados. “Estábamos casados en régimen de gananciales y teníamos dos viviendas en propiedad, la familiar y otro piso. Ambas se tasaron, descontando la hipoteca pendiente que se estaba pagando de una de las viviendas, y cada uno se quedó un inmueble. Como una casa valía más que la otra, tuve que ampliar la hipoteca para abonar la diferencia a mi mujer”, recuerda José.

José tenía la custodia de los dos hijos del matrimonio que tenían 20 y 18 años en el momento de la separación y se quedó con la vivienda familiar, “aunque en realidad se acordó este reparto sin tener en cuenta a los hijos”.  “Llegamos a plantearnos vender la vivienda a un tercero si no me concedían la ampliación de la hipoteca que necesitaba para pagar a María la vivienda, pero finalmente no fue necesario”.

“Nuestros hijos eran ya mayores de edad, uno estudiaba fuera y el otro se quedó a vivir en la vivienda familiar”

Situación similar vivieron Pedro y Carmen en su divorcio. Tenían una vivienda familiar y otra en el monte para los fines de semana y vacaciones. “Cuando llegó el divorcio, me quedé con la vivienda familiar y Pedro con la casa de fin de semana, que se convirtió en su casa”. Además, tenían otras propiedades que habían comprado durante el matrimonio y que se repartieron en el divorcio. “Nuestros hijos eran ya mayores de edad, uno estudiaba fuera y el otro se quedó a vivir en la vivienda familiar”.

¿Quién se queda en la vivienda familiar con hijos menores de edad?

Para decidir a quién se concede el uso de la vivienda familiar cuando se tienen hijos menores de edad se tiene en cuenta el régimen de custodia de los hijos, que puede ser:

Custodia monoparental o exclusiva

La custodia se atribuye a uno de los padres. El uso de la casa se concede a los hijos y al progenitor que tiene la custodia. No obstante, si el cónyuge inicia una nueva relación y se va a vivir a la casa se puede extinguir el derecho de uso de la vivienda familiar, según dictaminó el Tribunal Supremo en 2018. En ese caso, el otro progenitor puede pedir la liquidación de la sociedad de gananciales y llegar a un acuerdo para que compre su parte de la casa o hacer una extinción de condominio.

Custodia compartida

Esta custodia se atribuye a ambos progenitores y los hijos conviven de forma alterna con cada uno de ellos. El uso de la vivienda puede atribuirse a los hijos y los padres vivirán en el domicilio familiar cuando les corresponda.

Divorcio con custodia compartida

Ángel y Ana llevaban 20 años casados en régimen de gananciales con dos niños de 8 y 15 años cuando pidieron el divorcio de mutuo acuerdo. “Gestionamos el divorcio en un centro de mediación familiar en Madrid donde unos abogados redactaron el convenio regulador en el que se estableció la custodia compartida”.

“Desde el principio tuve claro que quería quedarme con la casa porque no quería mantener una conexión con mi pareja por la vivienda. Conocía la experiencia de otras amigas que se habían quedado con el uso de la vivienda familiar, pero luego tuvieron problemas porque les reclamaban la vivienda cuando los hijos eran mayores de edad”, apunta Ana.

“Se valoraron ambas propiedades y se disolvió la sociedad de gananciales”

Llegaron al acuerdo de que Ana compraba la casa y Ángel se quedaba con el coche. “Se valoraron ambas propiedades y se disolvió la sociedad de gananciales. Como la vivienda tenía una hipoteca tuve que firmar una novación hipotecaria aumentando el capital para pagar a mi pareja la parte que le correspondía y todos los gastos de la compra”.

¿Quién paga la hipoteca de la vivienda familiar cuando se produce el divorcio?

Firma divorcio, qué pasa con la hipoteca

Gananciales

Cuando el matrimonio se rige por el régimen de gananciales, el Tribunal Supremo sentenció en 2011 que el pago de la hipoteca debe afrontarlo la pareja, no el que se queda en la vivienda familiar, porque es una deuda de la sociedad de gananciales. El reparto tiene que ser al 50%, ya que es el porcentaje de participación habitual de la pareja en la propiedad, independientemente de quien vive en la casa.

Separación de bienes

En el régimen de separación de bienes cada miembro de la pareja tiene que pagar la parte de hipoteca que le corresponde según su participación en la propiedad, mientras que si la vivienda es propiedad de uno solo y es el titular de la hipoteca tiene que pagarla, aunque no use la vivienda familiar.

“Creía que era lo que tenía que hacer por quedarme con la vivienda, pero hice el peor movimiento económico de mi vida”

Isabel y Carlos compraron una vivienda juntos en 2004 y se separaron seis años después. “Compramos la vivienda al 50%, cada uno aportó un capital diferente para la compra, con una hipoteca al 100%”.

“Cuando nos separamos, yo quería quedarme con la vivienda en el centro de Málaga y no terminar mal con mi pareja, pero no nos poníamos de acuerdo. Decidí pagarle el dinero que había aportado para comprar la vivienda y todo lo que había pagado de hipoteca. Fue una cantidad astronómica que no pude afrontar sola”, confiesa Isabel.

Isabel y su expareja firmaron una extinción de condominio en el notario para que ella adquiriese la vivienda completa. También tuvo que hacer una novación hipotecaria ampliando el plazo a 30 años y el banco incrementó el diferencial “a pesar de ser funcionaria —soy profesora—, necesité el aval de mi padre”.

Isabel reconoce que no adoptó la mejor solución por falta de asesoramiento. “No nos asesoramos con ningún abogado porque yo creía que era lo que tenía que hacer por quedarme con la vivienda, pero me he dado cuenta de que hice el peor movimiento económico de mi vida. Ahora creo que deberíamos haber vendido la casa, pagado la hipoteca y repartido las ganancias o haber llegado a otro acuerdo”.

Imágenes | Unsplash/Scott Graham, iStock/Quils, iStock/AndreyPopov, iStock/fizkes

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