Ciudades después de la pandemia: así cambiarán

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Cuando sus habitantes se resfrían, las ciudades estornudan. Tanto es así que las pandemias pueden modificar los espacios urbanos para siempre. Al menos eso es lo que nos cuenta la historia. Ya la peste negra del siglo XIV alteró su fisionomía por el éxodo rural masivo. El cólera transformó las urbes en el siglo XIX para proteger a sus ciudadanos. Sería pretencioso pensar que esto no ocurrirá con la COVID-19, una enfermedad capaz de encerrar en casa a medio mundo en pleno siglo XXI.

Lo que ocurre es que las ciudades son complejas y no es fácil anticipar por dónde irán los tiros de su transformación. Tampoco qué alcance tendrá. Por eso, comienzan a surgir las preguntas. ¿Cómo serán nuestras viviendas?, ¿cómo nos moveremos?, ¿cómo se adaptará la ciudad ante futuras pandemias? En resumen: ¿cómo serán las ciudades tras este experimento de confinamiento, distancia física, higiene compulsiva y desescaladas por territorios? Sostenibilidad, proximidad y flexibilidad parecen ser las claves.

Sostenibilidad y salud cabalgan juntas

Sostenibilidad y salud en las ciudades

Los expertos ya empiezan a plantearse las respuestas a estas preguntas e incluso algunas ciudades han comenzado a trabajar en su transformación. En casi todas ellas se observa una constante que ya conocíamos: la transformación que nos traerá la COVID-19 consistirá en acelerar el viaje de las ciudades hacia la sostenibilidad, que está directamente relacionada con la salud.

Este enfoque propone mejorar los entornos urbanos para facilitar a la población el acceso a las opciones más saludables. Por ejemplo, las políticas que promueven el transporte sostenible y activo —es decir, caminar o ir en bicicleta— favorecen practicar actividad física y reducir el sedentarismo, así como disfrutar de menores niveles de contaminación. En el entorno actual, además, este tipo de desplazamientos ayudan a prevenir la propagación de la pandemia porque permiten mantener la distancia social.

El urbanista Alfonso Vegara, fundador y presidente de honor de la Fundación Metrópoli, reconoció durante un encuentro virtual organizado por SIMAPRO que la economía verde que propone la Unión Europea se acelerará para producir ciudades más humanas y amables. También que gran parte de los desafíos que afronta la humanidad se pueden abordar mejor a escala ciudad. “Esto incluye el reto sanitario de hacer frente a una pandemia, ya que facilita la trazabilidad, entre otras cuestiones”, sostenía.

Ciudades troceadas y conectadas

Ciudad conectada en la pandemia

Una de las grandes dudas que se plantean es qué tipo de ciudad será capaz de responder mejor ante posibles rebrotes y nuevas pandemias. Parece que, más allá de la gran metrópoli centralizada, la tendencia será hacia espacios urbanos autónomos que puedan adaptarse rápidamente y responder por sí mismos a retos como los confinamientos o la trazabilidad de los contagios.

“Será necesario dividir las grandes ciudades en piezas más o menos autónomas que sean capaces de responder individualmente a los nuevos requerimientos de un planeta superpoblado y globalizado”
José Fariña, arquitecto y catedrático de Urbanismo

Para Alfonso Vegara, es más resiliente conectar espacios urbanos que concentrarlos. “Vamos a tener sistemas de ciudades conectadas. Serán diamantes territoriales, con urbes de distintos tamaños y una estructura policéntrica”.

En este sentido, el catedrático de Urbanismo José Fariña explica en Huellas que, aunque todos los indicadores apuntan que las ciudades intermedias son las más adecuadas para adaptarse a nuevas situaciones, eso no quiere decir que sean las que tendrán más éxito. “El futuro cercano parece estar dominado por las grandes ciudades. Será necesario reconvertirlas para que funcionen y dividirlas en piezas más o menos autónomas que sean capaces de responder individualmente a los nuevos requerimientos de un planeta superpoblado y globalizado”, indica. 

Confinamientos selectivos

Planeamiento urbano flexible

Para José Fariña, una de las principales ventajas de las piezas urbanas con autonomía suficiente es que podrán ser convenientemente aisladas sin interferir con el resto. “Así, no será necesario extender el confinamiento a toda una ciudad o a todo un país y, por tanto, mantener la ‘distancia social’ en todo el territorio, sino solo en sectores muy concretos”, explica.

Olga Guday, de Guday Terreros Arquitectura, cree que el modelo que se adaptará mejor a posibles confinamientos es el de urbanizaciones compactas, con edificios plurifamiliares de altura media, así como el modelo de ciudad de proximidad. “Poder llegar a pie o en bicicleta a cualquier punto de uso diario en quince minutos, ya sean tiendas, parques, la oficina o la escuela, es el formato que tiende a ser más sostenible y a crear comunidades más sanas”, asegura.

Peatones y bicis en lugar de atascos

Ciudad de proximidad

Precisamente la tendencia hacia entornos urbanos fraccionados, que faciliten un acceso rápido a todo lo que sus ciudadanos puedan necesitar, puede ser determinante para la transformación de otro aspecto fundamental: la movilidad de las ciudades. También deberá contribuir a evitar contagios en futuras crisis sanitarias y facilitar el movimiento de los ciudadanos en periodos de restricción.

De hecho, ya hemos visto ejemplos de urbes que aceleran sus planes de restar espacio a los coches para dárselo a los peatones o los ciclistas. Por ejemplo, Milán ya ha presentado un plan para abrir más de 35 kilómetros de calles para las bicicletas y los peatones tras el confinamiento. París, por su parte, prepara 650 kilómetros de carriles bici, tanto temporales como permanentes. Barcelona también habilita nuevos carriles bici y ensancha aceras, mientras que Madrid corta calles al tráfico durante los fines de semana.

“Las viviendas se plantearán más en clave modular e híbrida, con separaciones entre espacios que deberían ser movibles al gusto de sus usuarios, con un mobiliario reconvertible y tecnología contactless para no tener que tocar nada gracias al uso de la voz”
Olga Guday, de Guday Terreros Arquitectura

“Probablemente la base crítica de todo esté en las cuestiones de movilidad”, explica Fariña. “El actual sistema de transporte de alimentos, materiales, personas y energía es, sencillamente, una locura que ha dado lugar a la mayor parte de los problemas que actualmente padecemos tales como el cambio climático, la contaminación o la disminución de los servicios que nos suministran los ecosistemas, y que favorece no solo la aparición sino también la difusión de las pandemias”.

“Básicamente, se trata de modificar radicalmente los patrones de movilidad. Para ello, hay que reconvertir nuestras ciudades en ciudades de cercanía: densidad, complejidad, contigüidad”, añade el experto. “Podremos contar con aceras más anchas y calzadas más estrechas. En una ciudad de proximidad, los desplazamientos serán básicamente andando o en bicicleta por lo que el espacio dedicado a los vehículos a motor se verá notablemente reducido”. Según el experto, “al disminuir notablemente la circulación de coches se podría pensar en calzadas de uso compartido con prioridad al peatón”.

Viviendas más flexibles

Viviendas flexibles

Ya podemos hacernos una idea de cómo será la ciudad del futuro, pero ¿cómo serán nuestros hogares? Todos hemos visto más de cerca que nunca las costuras de nuestras propias casas después de semanas encerrados viviendo, ejercitándonos e incluso teletrabajando en ellas.

Para Olga Guday, los grandes triunfadores han sido “los balcones o terrazas -patios o jardines, en pocos casos- para disfrutar del espacio exterior. También una buena orientación al sur para disfrutar de luz natural el máximo de horas posible. Y las casas diseñadas con ventanas contrapuestas para facilitar la ventilación cruzada, renovar el aire rápidamente y permitir un ambiente salubre”. En el otro lado de la balanza, Guday sitúa los formatos de viviendas pequeñas y sin luz natural, o pensados en clave de uso estricto para familias clásicas mononucleares.

“Deberíamos poder promover viviendas con algún espacio flexible, que cumpla como uso de oficina o como vivienda para seniors, según se vaya necesitando a lo largo de los años”, apunta.

Para la arquitecta, las viviendas se plantearán más en clave modular e híbrida. “Permitirán unas separaciones entre espacios que deberían ser movibles al gusto de sus usuarios, con un mobiliario reconvertible y tecnología contactless para no tener que tocar nada gracias al uso de la voz para encender luces o abrir puertas. La tecnología y la automatización de los elementos van a jugar un papel indispensable para proporcionar seguridad”, destaca.

Compras más cercanas y más zonas verdes

Comercio local

Nuestra manera de comprar o las zonas verdes son otros dos aspectos que pueden cambiar para siempre después de esta pandemia. Entre otras razones, porque el periodo de confinamiento nos ha llevado a mirar más hacia los espacios públicos naturales. También ha catapultado el comercio electrónico, incluso entre segmentos de la población que no solían utilizarlo.

“La cuestión de los centros comerciales todavía no está demasiado clara, pero probablemente la mayoría se reconvertirán en centros de distribución de productos a domicilio”, explica José Fariña, quien añade que “en una ciudad de cercanía, las tiendas tradicionales podrán subsistir sin apreciables dificultades”.

“Las que, por muchas razones que ahora sería largo de explicar, se mantendrán y aumentarán en número y dimensiones serán las zonas verdes. Todo esto, por supuesto, tomado con las debidas cautelas y considerado más bien como tendencia que como ley inexorable”, aventura el experto.

Un color, el verde, que seguramente veremos también más en nuestras viviendas. Para Olga Guday, en las reformas “habrá una clara tendencia a ganar espacio para terrazas, perdiendo algo de salón, y a acercar la vegetación en estos espacios exteriores. La biofilia es un elemento sanador, aprenderemos a cuidar mejor la salud mental”.

Monstruo o mariposa

Ciudades humanas

De aplicar los principios de sostenibilidad y resiliencia a las ciudades poscovid-19 dependerá en gran medida si serán o no humanas.

“El último libro de Ulrich Beck se llama ‘La metamorfosis de mundo’ y su tesis es que el mundo está a punto de transformarse radicalmente. No sufrir una evolución o un cambio en el sentido estadístico, sino una metamorfosis. Es decir, que de un gusano saldrá una mariposa o un monstruo horrible”, apunta Fariña. “Yo soy optimista y pienso que esa metamorfosis que según Beck estamos empezando terminará en una mariposa de lindos colores y no en un monstruo que lo devore todo”.

En este sentido, el catedrático recuerda que ya ha habido pandemias parecidas a lo largo de la historia y siempre hemos sido capaces de resolverlas. “No creo en esas profecías catastrofistas que ven cercano el fin del mundo tal y como lo conocemos. Por ejemplo, las epidemias de cólera han dado lugar a las ciudades actuales que -ahora lo vemos- resolvieron el problema en su momento. Sin embargo, ya no funcionan adecuadamente ante el fenómeno de la globalización con un planeta superpoblado. Sin embargo, ya hay mucha gente pensando en cómo resolverlo y no me cabe duda de que lo conseguiremos”, recalca.

Imágenes | Unsplash: Alasdair Elmes, Iva Rajovic, Fas Khan, Tolu Olarewaju, John Moeses Bauan, Outsite Co, Gyorgy Bakos, Vadim Fomenok

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