Minipisos y pisos colmena: hablan sus habitantes

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En 2017 había en España 31.700 hogares con una superficie por debajo de los 30 metros cuadrados, según datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Una cifra que se sitúa por debajo de la registrada en los años previos: 39.100 en 2016, 44.100 en 2015 y 40.100 en 2014.

Aunque la tendencia apunta a una reducción del número de pisos pequeños, hay excepciones localizadas en Madrid y Barcelona. En estas ciudades el repunte que el mercado inmobiliario ha experimentado en los últimos meses no solo ha hecho subir el precio de la vivienda en venta, también la de alquiler.

Como consecuencia muchos de sus inquilinos buscan propiedades que se ajusten mejor a su presupuesto, y algunos de ellos tienen que renunciar a metros de superficie para terminar viviendo en minipisos.

Pensaba que sería temporal, que encontraría otra cosa pronto, pero poco después empezaron a subir muchos los precios del alquiler, e incluso me sentí afortunado. Ahora que parece que se ha frenado la subida, estoy empezando a buscar de nuevo
Fernando, inquilino de un estudio de 25 m2 en el centro de Madrid

Una vivienda temporal para independizarse

Normalmente esta opción de vivienda está asociada a gente joven, que no supera los 35 años. Sin embargo, no ocurre así en todos los casos. Hemos hablado con seis personas que actualmente viven en uno o lo han hecho en el pasado, y sus edades oscilan entre los 24 y los 40 años. Todos ellos lo hacen en régimen de alquiler y el espacio en el que habitan –o han habitado– está por debajo de los 30 m2.

En el caso del de Fernando, apenas supera los 25 m2 y aclara que es un estudio en un barrio céntrico de Madrid donde lleva de alquiler cuatro años. “Llevaba tres o cuatro años compartiendo piso y quería probar por mi cuenta. Me gustaba la zona y solo podía costearme esto”. Y añade: “Pensaba que sería temporal, que encontraría otra cosa pronto, pero poco después empezaron a subir muchos los precios del alquiler, e incluso me sentí afortunado. Ahora que parece que se ha frenado la subida, estoy empezando a buscar de nuevo”.

Fernando vive solo, como la mayoría de las personas que lo hace en un minipiso. Son, según el INE, el 65,6% del total. Y el espacio del que dispone le resulta, según sus propias palabras, agobiante. “No me quiero imaginar cómo sería vivir con otra persona en un espacio tan reducido”.

Javier L. sí lo sabe. Durante un tiempo compartió apenas 30 metros cuadrados con su pareja. Recuerda que era un piso alargado y estrecho con un dormitorio, cocina, baño, salón y un pequeño despacho donde no cabía ni una cama. “Mi novia se vino a vivir a la misma ciudad que yo y tenía unos ingresos asegurados durante tres meses, pero después no sabíamos cuánto tiempo pasaría hasta que volviera a encontrar trabajo. Así que por si acaso buscamos algo que se pudiera asumir con un solo sueldo”.

Céntricos y ajustados al presupuesto

La económica es una de las principales razones por las que uno termina en un minipiso, pero no es la única. Vivir en una zona céntrica también tiene su peso. “Quería irme a vivir solo y al centro, y una vivienda de estas características es lo único que me podía permitir”, nos cuenta Javier B. Una decisión que tomó con 27 años. Su piso por aquel entonces –ahora vive en uno de 45 m2– tenía 28 m2, interior pero luminoso “y con una habitación diminuta sin ventana en la que solo entraba un pequeño armario empotrado y una de cama de 1,35”. Pero lo tiene claro: “vivir en el centro me supone mucha calidad de vida”.

Algo con lo que está de acuerdo Javier L. y que hasta hace poco también compartían Fernando y María. Los dos coinciden en que durante un tiempo nunca pensaron en cambiar más metros por vivir en otro barrio menos céntrico, pero esta opinión ha cambiado. “Llevo ocho años en esta casa y ya empieza a ser agobiante un espacio tan pequeño”, nos cuenta María. Su vivienda, de 30 m2, tiene todas las estancias separadas: cocina, baño, salón y dormitorio. Reconoce que no se va a otra más grande por razones económicas.

Raúl, por su parte, ya está planteándose cambiar. “Con el tiempo el centro de Madrid satura un poco. Estoy pensando en moverme un poco más lejos si como contrapartida puedo tener algo más grande por el mismo precio”. Actualmente, vive en 28 m2. Es un primer piso interior con tres ventanas que dan a un patio, sin habitación independiente, aunque sí separada del salón y la cocina. Se conformaría con 50 o 60 m2. Una superficie con la que también se verían satisfechos el resto de los inquilinos preguntados, que también señalan la necesidad de contar con una habitación más para, por ejemplo, montarse un despacho.

La sensación de ahogo que tengo a veces cuando la casa está un poco desordenada y parece una jungla es lo peor de vivir en un piso pequeño. Dos cosas fuera de su sitio y ya está todo hecho un desastre
María, inquilina de una vivienda de 30 m2

La cocina independiente también figura entre los deseos de algunos de ellos, aunque no de todos. “Me gustaría tener como mínimo alguna estancia más, aunque sea más pequeña, para montarme ahí el despacho o un dormitorio para las visitas. No me importa que la cocina esté unida el salón, me resulta práctico”, nos cuenta Miguel. Él vive en Barcelona, en un vivienda de 30 m2 a media hora andando del centro.

Espacios reducidos y exigentes

Aunque Miguel mantiene que no necesita más, sí echa en falta más espacio para organizar una reunión con amigos o una cama por si tiene invitados, que se puedan quedar a dormir y no tengan que hacerlo en el sofá. Algo que también comparte María: “Son raras las ocasiones en las que organizo cenas o algún otro encuentro porque más de tres personas en casa resulta agobiante”.

He aprendido a no acumular cosas innecesarias. He comprobado cómo se puede vivir con mucho menos de lo que normalmente se cree necesario. Mi punto de vista ha cambiado y veo a la sociedad actual como excesivamente consumista
Miguel, inquilino de una vivienda de 30 m2 en Barcelona

Pero para ella el verdadero inconveniente es otro. “La sensación de ahogo que tengo a veces cuando la casa está un poco desordenada y parece una jungla es lo peor de vivir en un piso pequeño. Dos cosas fuera de su sitio y ya está todo hecho un desastre”, remarca. “Por no hablar de tener que tender en el salón en invierno. La ropa tarda muchísimo en secarse. Es horrible”.

A cambio de estas desventajas, todos ellos han aprendido a no acumular cosas innecesarias. “He comprobado cómo se puede vivir con mucho menos de lo que normalmente se cree necesario. Mi punto de vista ha cambiado y veo a la sociedad actual como excesivamente consumista”, sostiene Miguel. “Mi punto de vista ha cambiado y veo a la sociedad actual como excesivamente consumista”. De hecho, es el único de los entrevistados que ante la pregunta de si se plantearía la opción de un minipiso ante la posibilidad de comprarse un vivienda, contesta que sí. “No necesito más estando solo, y la hipoteca sería más asequible”.

María reconoce que ahora mismo sería lo único que podría permitirse, y Javier L. explica que no es una opción teniendo en cuenta que planea formar una familia. Mientras que Javier B. se lo plantearía, llegado el caso, como inversión, porque “suelen estar en zonas con mucha demanda de vivienda de alquiler”.

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