Downsizing: cuando mudarse a una casa más pequeña es una buena idea

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Vivir en pleno centro, ahorrar en calefacción o hasta aprender a tener menos cosas. Hay infinitas razones para dejar atrás una casa grande y mudarse a otra con menos metros cuadrados. Pero, ¿qué lleva verdaderamente a los españoles a dar el paso?

Repasamos la historia de varias personas que han dejado atrás su antigua vivienda para mudarse a otra con menos espacio. Y adelantamos que están contentos con el resultado.

Vida en el centro

“Hicimos una buena cura de feng-shui y otra de desapego material, regalando, vendiendo o cediendo nuestros muebles a quien pudiera darles una segunda vida”, explica Virginia Montaño, quien en noviembre de 2018 se mudó con su pareja de un piso de 75 metros cuadrados en un barrio periférico a otro mucho más pequeño, de apenas 55, en La Latina (Madrid).

El cambio supuso pasar de tres habitaciones, dos baños, cocina, salón y trastero a un ático con tan solo un dormitorio, salón-cocina y un baño. Sin embargo, el balance es positivo. Han ganado en calidad de vida al mudarse al pleno centro de Madrid.

Cinco personas nos hablan de los beneficios de mudarse a una casa pequeña.

La localización y el lujo de tener silencio absoluto y muchísima luz ganaban al espacio y nos animaban a tirarlo todo
Virginia Montaño

“La localización y el lujo de tener silencio absoluto y muchísima luz ganaban al espacio y nos animaban a tirarlo todo”, explica Virginia. “Al final, siendo creativos, hemos sabido aprovechar el espacio del nuevo piso dándole distintos usos a cada estancia”.

En 2018, cuando se mudó Virginia, el precio medio del alquiler en Madrid era de 15,03 euros por metro cuadrado al mes. La ciudad se situaba como la segunda localidad con los precios más elevados de España, tan solo por detrás de Barcelona. En 2019, el precio medio se incrementó hasta 16,41 euros por metro cuadrado. El mayor coste es, sin duda, el motivo por el que numerosos jóvenes (y no tan jóvenes) optan por viviendas pequeñas cuando se mudan al centro.

La decisión de priorizar la zona por encima del tamaño está ligada, también, a un cambio de mentalidad. Cada vez más personas prefieren dedicar más parte de su presupuesto al ocio o a experiencias que a acumular posesiones y objetos. Algo que no se limita a los millennials.

Cuando prima la practicidad

“Invertir lo que no tienes en una casa es una tontería y te resta calidad de vida”, zanja Senci García. Tras divorciarse dejó un piso de cuatro habitaciones, dos baños y una terraza cerca de la playa, en Barcelona, por otro más pequeño en el Eixample de la ciudad.

Tuve que poner orden y deshacerme de la mitad de lo que tenía, pero no lo vivo como un sacrificio. Ahora termino antes de limpiar. Además, todo me resulta más económico y, aunque no estoy en la playa, sí estoy mejor comunicada
Senci García

“El piso en el que residía antes era el de mis sueños y nuevo. Lo vi construirse poco a poco, pues lo compré sobre plano”, explica. Sin embargo, ve el lado positivo del cambio. “Tuve que poner orden y deshacerme de la mitad de lo que tenía, pero no lo vivo como un sacrificio. Ahora termino antes de limpiar. Además, todo me resulta más económico y, aunque no estoy en la playa, sí estoy mejor comunicada”.

Ahorrar en alquiler o hipoteca es una de las ventajas de mudarse a una casa más pequeña.

El tamaño suele ser importante a la hora de comprar o alquilar una vivienda. De hecho y según datos de Fotocasa, el número de habitaciones está entre los tres principales condicionantes a la hora de alquilar, solo por detrás del precio y el mantenimiento. A menudo, tendemos a pensar que a medida que se avanza a nivel laboral, personal y familiar se va necesitando más espacio. Pero no siempre es así.

Al igual que las familias se mudan a espacios más grandes cuando van creciendo, lo lógico sería mudarse a otros más pequeños cuando los hijos se van independizando
Xisco y Paula

“Al igual que las familias se mudan a espacios más grandes cuando van creciendo, lo lógico sería mudarse a otros más pequeños cuando los hijos se van independizando”, reflexionan Xisco y Paula. Así lo hicieron: cuando sus hijos se fueron de casa, cambiaron su piso de 140 metros cuadrados en el centro de Palma de Mallorca por otro más pequeño en el pueblo costero Colonia de Sant Jordi.

“Tenemos una casa más económica y fácil de mantener, que se adecúa a nuestras nuevas necesidades, dado que vivimos solos y estamos jubilados. Además, es más accesible y cómoda, por si en el futuro perdiéramos movilidad. El único inconveniente es que cuando estamos todos [tienen tres hijos] falta algo de espacio, pero en general ha sido una buena decisión”, valoran.

La importancia del momento vital

“Cada cosa tiene su momento. Yo no me arrepiento de la casa en la que viví durante tantos años, pero llegado un punto lo mejor era cambiar”, explica Jesús Fernández. Hace años, él, su mujer Marisa y otro grupo de vecinos compraron un terreno en Vitoria y construyeron varias viviendas en comunidad. Su casa tenía cuatro alturas, un jardín y una terraza que daba al sur.

“Criar a mi hijo en un sitio así, en el que salía por la puerta y podía jugar con otros chavales de todas las edades, fue muy especial. Además, hicimos muy buena amistad con todos los vecinos. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, me planteaba: cuando tengamos 75 años, ¿vamos a estar subiendo y bajando escaleras?”

Estamos más cerca del centro de la ciudad, algo que cuando vas teniendo años, te va gustando más. Además, el mantenimiento es mucho más sencillo y más barato, y esto nos da libertad para hacer más viajes, nos movemos más
Jesús y Marisa

A pesar de todo lo que les unía a su casa, terminaron vendiéndola y mudándose a otro apartamento más pequeño. “Nos costó, sobre todo, dejar a los vecinos. Pero tiene su parte positiva: estamos más cerca del centro de la ciudad, algo que cuando vas teniendo años, te va gustando más. Además, el mantenimiento es mucho más sencillo y más barato, y esto nos da libertad para hacer más viajes, nos movemos más”.

Mil y una formas

Al abandonar su piso, Xisco y Paula dieron muchas de sus cosas a organizaciones. Otras acabaron en puntos de reciclaje. Lo mismo hicieron Jesús y Marisa. Y es que existen numerosas opciones para dar a muebles, ropa y objetos una segunda vida. Lo más común es donarlos o venderlos en tiendas de segunda mano y apps de consumo colaborativo.

“Lo único que se ha salvado de la quema han sido los libros, ¡son sagrados!”, explica Pilar Fernández, quien en 2018 regresó por motivos laborales (aunque de forma provisional) a su ciudad, Valladolid, a una casa más pequeña que la que tenía anteriormente. “Hemos vuelto con una niña pequeña, así que el espacio se ha reducido. Pasar de una casa más grande a otra más pequeña ha sido todo un desafío”.

Aprender a vivir con menos cosas es otra de las ventajas de mudarse a una casa más pequeña.

En su caso, optaron por otra solución alternativa: guardar sus muebles en un almacén o trastero hasta que se muden, de nuevo, a un lugar más amplio.

Se trata de una opción que cada vez baraja más gente, sobre todo quienes necesitan un par de metros cuadrados extra para mantener aquellos objetos que no usan en su día a día, pero de los que no se quieren desprender. Según la Asociación Española de Self Storage (AESS), España es el tercer país de Europa con más centros de almacenamiento, solo por detrás de Reino Unido y Francia.

Las cosas no son más que eso, cosas. “Lo importante es estar cómodo y si para eso tienes que deshacerte de la mitad de tus trastos, merece la pena. Ya habrá tiempo de reponer
Pilar Fernández

Si en algo coinciden todos, es en que deshacerse de sus pertenencias no fue tan complicado. “Las cosas no son más que eso, cosas”, resume Pilar. “Lo importante es estar cómodo y si para eso tienes que deshacerte de la mitad de tus trastos, merece la pena. Ya habrá tiempo de reponer”.

Imágenes | Unsplash/Emily Wang, Unsplash/Alex Vasey, Unsplash/Patrick Perkins, Unsplash/Ben Garrat

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