¿Cómo es trabajar en un sector masculinizado como el de la construcción? Hablamos con cinco arquitectas de distintas generaciones

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Eileen Gray, Marion Mahony Griffin, Lilly Reich, Charlotte Perriand, Jane Drew o Anne Tyng, entre otras, son los nombres de algunas pioneras que cambiaron el rumbo de la historia al estudiar arquitectura en tiempos en los que las mujeres quedaban relegadas a trabajos domésticos.

Algunas de ellas consiguieron ejercer su profesión codo con codo con los grandes arquitectos de la historia contemporánea, como Frank Lloyd Wright, Le Corbusier o Mies Van der Rohe, grandes genios de una disciplina que por aquellos años, las primeras décadas del siglo XX, estaba totalmente comandada por varones.

Los tiempos cambian y, en la actualidad, grandes personalidades de la arquitectura moderna llevan nombre de mujer. Entre ellas destacan Zaha Hadid, Benedetta Tagliabue, Carme Pigem, Kazuyo Sejima, Odile Decq o Amanda Levete, una lista que no para de crecer año tras año.

Para celebrar el Día Internacional de la Mujer, hablamos con cinco mujeres que representan puntos de vista generacionales distintos en el sector de la arquitectura y la construcción. Son Pilar Chinchilla, Ana Manada, Carmen Carpio, Taita de Castro y Claudia Honorato.

“En mi clase, más del 50% de los alumnos son mujeres, una cifra que se ha mantenido a lo largo de mis estudios. Eso sí, en cuanto al profesorado, existen profesoras mujeres, aunque en una proporción claramente inferior»

Claudia Honorato, estudiante de arquitectura

Claudia Honorato tiene 25 años y está estudiando el último curso de arquitectura en la ETSAV (Escola Tècnica Superior d’Arquitectura del Vallès), en Sant Cugat del Vallès, un pequeño campus en el que únicamente se estudia arquitectura y forma parte de la UPC. “Decidí estudiar esta carrera porque mi padre es arquitecto. Siempre me ha gustado mucho estudiar y aprender y sabía por mi padre que es una carrera muy completa. No he contemplado en ningún momento estudiar algo que no fuera arquitectura, de algún modo creo que tenía la intuición de que la disfrutaría mucho y así ha sido. Ahora mismo, cuando ya casi he terminado, me he dado cuenta de que no me equivoqué”.

“Nunca se me olvidará un golpe de realidad que escuché en varias ocasiones: “Si hemos de elegir entre un chico o una chica de entre 25 y 35 años en igualdad de condiciones, no se duda… el chico no se queda embarazado”

Ana Manada, coordinadora de Mantenimiento de Activos en Sareb

Ana Manada es actualmente la coordinadora de Mantenimiento de Activos en Sareb. Diplomada en Arquitectura Técnica hace 10 años por la Universidad Politécnica de Madrid, empezó estudiando Ingeniería de Caminos. “Siempre me han interesado las carreras técnicas, probablemente por influencia paterna, que desde niña me ha enseñado con pasión lo que hacía. Mis primeros años de estudio fueron en ingeniería, tras años de duda entre Arquitectura e Ingeniería de Caminos. Ésta última fue la elegida inicialmente, aunque los años me llevaron a titularme en Arquitectura Técnica. Ahora, con perspectiva, puedo decir que estoy muy contenta con la decisión. Creo que tiene las cualidades que buscaba, la pasión de la arquitectura y la parte increíble de materializar aquello que se ha proyectado, construir”, explica Ana Manada de su etapa de estudiante.

Carmen Carpio Chacón se diplomó en la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica de Madrid hace 20 años y trabaja como Gerente de promoción de viviendas en Sareb. Decidió escoger esta carrera porque le gustaban las matemáticas y el dibujo técnico. “Siempre estaba liada con algún proyecto creativo, disfrutaba con las manualidades, construir y restaurar, por lo que desde el principio lo tuve bastante claro y cuando aprobé selectividad puse como única opción Arquitectura Técnica”. Cuando empezó la carrera, no podía precisar qué tipo de trabajo iba a poder desempeñar en el futuro y tampoco se planteó si el sector era mayoritariamente masculino. De hecho no le preocupaba, “simplemente me gustaba lo que hacía”, destaca.

Taita de Castro, coordinadora de WIP/Industriales en Sareb, confiesa que hace 40 años escogió esta carrera técnica por eliminación e ignorancia, “porque soy fruto de aquellas jóvenes que a finales de los años setenta veíamos que la mujer no ocupaba en la Sociedad el puesto que le correspondía. ¿Por qué no íbamos nosotras a formar parte de sectores que hasta entonces estaban vetados para las mujeres? Y allí me lancé”.

Pilar Chinchilla cuenta con más de 40 años de experiencia en arquitectura tras su licenciatura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Tal y como sucede con Claudia Honorato y Ana Manada, decidió estudiar esta carrera porque su padre y abuelo por parte materna también eran arquitectos, aunque, curiosamente, dudó entre elegir Arquitectura e Historia, concretamente Historia Medieval. Aunque se decantó por la primera, nunca se desligó de su interés por la historia al especializarse en restauración de monumentos, materia que ha ejercido junto a su marido en México, de donde es oriundo él y que se ha convertido en su país de adopción.

Uno de los datos más relevantes de la inclusión de las mujeres en la construcción y la arquitectura se puede constatar con el crecimiento de alumnas en las universidades. Tal y como cuenta Pilar Chinchilla, a finales de los 60 y principios de los 70, en su curso estudiaban 200 alumnos, de los que solo cinco eran mujeres. Una década después, solo el 2% de los estudiantes de la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica de Burgos, en la que se formó, Taita de Castro eran mujeres. Para ejemplificar su escasez, nos cuenta queel año en el que empecé, el único baño para mujeres era uno pequeñito pegado a la secretaría”.

Con los años esta brecha ha ido disminuyendo hasta la actualidad, cuando más del 50% de los alumnos son mujeres, una cifra que se ha mantenido a lo largo de los estudios de Claudia Honorato. Eso sí, en cuanto al profesorado, relata que “existen profesoras mujeres, aunque en una proporción claramente inferior”.

Discriminación de las mujeres en la construcción

La experiencia personal y profesional de Claudia, Ana, Taita, Carmen y Pilar también resulta significativa en lo que se refiere a la discriminación de la mujer en un campo como el de la construcción.

Curiosamente, y a pesar de lo que se podría suponer, en el caso de Pilar Chinchilla, apenas percibió un trato discriminatorio durante su época de estudiante o a lo largo de los años de ejercicio. “En la escuela no observé ningún tipo de segregación ni discriminación; al contrario, tanto profesores como compañeros me trataban como una más, independientemente de mi sexo.”, explica. En cambio, sí que cree que estudiantes de otras carreras la percibían como una “amenaza”, ya que una estudiante de arquitectura se veía como algo extraño para la época (finales de los 60 y principios de los 70). Incluso a pie de obra ha disfrutado de un respeto especial por parte de capataces y otros profesionales de la construcción, algo que considera “intrínseco en el tipo de educación que reciben en México”, lugar en el que reside y ejerce durante gran parte de su tiempo.

Para Taita de Castro, aunque cuando empezó a ejercer existían ciertos prejuicios, “con el paso de los años se han reducido, y ahora es un sector con paridad”. Como dato relevante, Taita de Castro fue la primera mujer técnica que contrató la empresa constructora  Entrecanales. “Creo que en la actualidad ningún encargado de obra es capaz de decirle a su jefa de obra que se va porque no soporta que le mande una mujer, un hecho que sí me ocurrió a mí”, narra de Castro. Añade, eso sí, que en 36 años de profesión ha conocido “pocas jefas de grupo y muy pocas directivas dentro de las constructoras y promotoras”.

En el caso de Ana Manada, la percepción fue similar, especialmente en su etapa de estudiante de ingeniería. “Mis primeros años de estudiante son un ejemplo de la presión que existía sobre las mujeres en las carreras técnicas y, en especial, en algunas ingenierías. En muchas ocasiones esta presión empezaba por los propios compañeros. El tercer año en Caminos sucumbí: mi intuición me decía que compaginar mi vida profesional, la cual deseaba que fuera principalmente en obra, con formar una familia iba a ser complicado. Es una profesión que requiere muchos meses de dedicación continuada, muchas horas y probablemente muchos desplazamientos. Nunca se me olvidará un golpe de realidad que escuché en varias ocasiones: “Si hemos de elegir entre un chico o una chica de entre 25 y 35 años en igualdad de condiciones, no se duda… el chico no se queda embarazado…”.

Carmen Carpio tuvo la fortuna de terminar la carrera en un momento de boom inmobiliario en el que las grandes constructoras seleccionaban a su personal directamente en la Escuela. Se necesitaban técnicos y no importaba si se trataba de hombres o mujeres. “En tercero comencé a trabajar de becaria y mi percepción fue que a las mujeres nos costaba especialmente que nos dieran un puesto en obra. Era más fácil acceder a otros departamentos (compras, estudios, oficina técnica o postventa). A pesar de esta sensación, hasta ahora, siempre he conseguido mis objetivos profesionales, independientemente de ser mujer o no”, afirma.

“Cuando comencé a trabajar de becaria, mi percepción fue que a las mujeres nos costaba especialmente que nos dieran un puesto en obra. Era más fácil acceder a otros departamentos (compras, estudios, oficina técnica o postventa). A pesar de esta sensación, hasta ahora, siempre he conseguido mis objetivos profesionales, independientemente de ser mujer o no»

Maria del Carmen Carpio Chacón, gerente de promoción de viviendas en Sareb

Claudia Honorato, nuestro testimonio más joven, no advierte ningún tipo de exclusión por ser mujer, aunque recuerda dos momentos en los que sintió un trato de diferencia hacia las mujeres. “En una ocasión, un profesor hizo una broma muy desagradable en clase. La segunda vez, en una clase en la que se explicaba cómo debía proyectarse una cocina, en todos los ejemplos gráficos aparecían solamente mujeres cocinando. Incluso ejemplos de muebles diseñados especialmente para la proporción femenina. De todos modos, tengo que decir que son casos puntuales, y aunque no por esto menos importantes, no se trata una actitud generalizada en la escuela.”

Proyección laboral de las mujeres en construcción y arquitectura

En la actualidad, tal y como se demuestra en el crecimiento de arquitectas y profesionales de gran relevancia, la proyección laboral se encuentra cerca de la igualdad de condiciones entre mujeres y hombres, excepto en el caso de querer formar una familia.

Claudia Honorato considera que no sufrirá distinciones negativas por ser mujer en su proyección laboral. Actualmente está haciendo prácticas en un despacho de arquitectura y no tiene la sensación de que por ser mujer haga tareas distintas a las de los hombres. Eso sí, afirma contundente: “Por el único motivo que pienso que tendré menos oportunidades por ser mujer es el hecho de tener hijos. ¿Cuántas veces nos habrán preguntado antes de una entrevista de trabajo si estamos embarazadas? o ¿Tengo la intención de estarlo en los próximos años? Por desgracia esta pregunta te la siguen haciendo, pero esto no es un hecho puntual en el mundo de la arquitectura. Creo que es generalizado en muchos ámbitos.”

Ana Manada explica que, en el momento en el que comenzó a tener hijos, ya llevaba unos años inmersa en su propia empresa junto a un socio. “Gracias a su apoyo y al de mi familia, pude compaginarlo bastante bien. Esa es una ventaja considerable cuando eres autónoma: tienes mayor disponibilidad para conciliar tu vida profesional con la familiar. La dedicación y el esfuerzo es muy grande, pero merece la pena”.

Mujeres en la obra

Ver a una mujer a pie de obra, supervisando cada detalle del proyecto en el que trabaja es cada vez más habitual, aunque todavía no igualan en número a los profesionales masculinos.

“De los 36 años de profesión, 20 me los he pasado literalmente en una caseta de obras. Como jefa de obra yo era una rareza. Si una mujer accedía a un trabajo considerado naturalmente masculino por la sociedad, tenía que ser por algo y generalmente se pensaba que era especialmente inteligente y válida. No se entendía que en igualdad de condiciones estuviera ocupando un puesto que naturalmente le correspondía a un hombre. Eso era una presión con la que viví profesionalmente siempre. Me sentí juzgada y observada, más por ser mujer que por mis méritos profesionales”, narra Taita de Castro.

Carmen Carpio confirma el trato de disparidad en la obra. “Hace 15 años, cuando trabajaba directamente a pie de obra, era más difícil conseguir una promoción, especialmente si estabas en edad de poder ser madre, los jefes de grupo evitaban tenerte en sus obras y muy pocas mujeres ocupaban cargos de responsabilidad o de dirección. Es triste, pero es una realidad que los salarios de las mujeres eran inferiores al de los hombres y espero que esa situación haya mejorado con el paso de los años”.

Invisibilización de las mujeres arquitecto

Muchos especialistas y las propias arquitectas consideran que todavía existe invisibilización del trabajo realizado por arquitectas, exceptuando algunos casos puntuales. Las más conocidas, Lina bo Bardi, Anne Lacaton, Carme Pinós, o Izaskun Chinchilla, arquitectas de referencia de Claudia Honorato, son mujeres que han conseguido abrirse camino en un mundo de hombres para marcar la diferencia.

“Creo que en la actualidad ningún encargado de obra es capaz de decirle a su jefa de obra que se va porque no soporta que le mande una mujer, un hecho que sí me ocurrió a mí»

Taita de Castro, coordinadora de WIP/Industriales en Sareb,

Según la propia experiencia de Ana Manada, compartida con sus compañeros de promoción, el aumento del número de mujeres Arquitectos Técnicos se ha podido ver reflejado en una mayor presencia de mujeres en los puestos de trabajo en obra, incluso en puestos directivos donde era prácticamente imposible encontrar a una mujer hace unos pocos años. “Confío en que estemos en el camino correcto para esta posible equiparación”.

Tal y como indica Carmen Carpio, la educación es un factor clave para que la Sociedad consiga avanzar. “La educación es la que podrá marcar la diferencia, educando no para la igualdad, sino desde la igualdad”.

Zaha Hadid, la primera mujer en ganar el premio Pritzker de Arquitectura (2004).

Zaha Hadid, la primera mujer en ganar el premio Pritzker de Arquitectura (2004), sentenció en esta frase una realidad que todavía hoy permanece vigente, y debería ser el punto de partida para acabar con la desigualdad en este sector: “Ser mujer, inmigrante, árabe, autosuficiente y dibujar extraño no me ha facilitado las cosas, pero me ha permitido ser. Lo importante es que soy arquitecta, el ser mujer es una información secundaria”.

Créditos fotos: iStock/Popartic | Claudia Honorato | Ana Manada | Benedetta Tagliabue | El Taller de los Sueños | Zaha Hadid Architects | Maria del Carmen Carpio Chacón | iStock/d3000 | iStock/Valeriy_G | Taita de Castro | Zaha Hadid

 

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