Cuestión de decibelios: cuatro vecinos nos cuentan cómo lidiaron con los ruidos en su vivienda

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Tráfico, bares, fiestas de estudiantes, un instrumento que se toca a deshora o el zumbido constante de un equipo de aire acondicionado. Hoy en día dormir en completo silencio y disfrutar de un hogar tranquilo puede llegar a considerarse un lujo. Y es que sufrir contaminación acústica es una pesadilla bastante común dentro de nuestras viviendas: de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 17 % de los hogares españoles se vio afectado por problemas de ruido en su vivienda habitual durante 2019.

Lo cierto es que hay numerosas herramientas para abordar esta cuestión, que van desde las vías amistosas hasta las administrativas o judiciales, pasando por hacer reformas para mejorar el aislamiento. Hablamos con cuatro vecinos que vivieron situaciones complicadas para descubrir qué hicieron ellos para poner fin a su particular pesadilla.

Con nombres y apellidos: cuando el problema son los vecinos

A la hora de pensar en el ruido en una vivienda, lo primero que nos suele venir a la mente son los vecinos. Determinados hábitos, la falta de aislamiento de los inmuebles o una combinación de ambas hace que, en muchos casos, el ruido sea superior al aconsejado. Incluso puede derivar en problemas de convivencia si no se encuentra una solución efectiva.

Una de las principales consecuencias de sufrir problemas de ruido es la dificultad para descansar.

De acuerdo con la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el primer paso debe ser intentar encontrar una solución de forma amistosa. Es decir, pedir por las buenas que se reduzca el nivel de ruido o, si esto no funciona, dirigirse al presidente de la comunidad. Esta fue la opción que eligió Roberto, un vecino de Málaga, tras la mudanza de una nueva pareja a su edificio.

“El problema que teníamos es que la pareja no ocultaba su romanticismo”, explica. “Fueron semanas complicadas, porque las ventanas daban a un patio común. La situación se acentuaba con el silencio de la noche. Fue la comidilla del bloque aquel verano: los vecinos lo comentamos entre nosotros, pero no sabíamos cómo tratar este tema tan delicado con el vecino en cuestión que, por otra parte, era una persona formal, muy educada y participativa en temas comunitarios”.

“No sabíamos cómo tratar este tema tan delicado con el vecino en cuestión que, por otra parte, era una persona formal, muy educada”

De acuerdo con Roberto, un vecino le insinuó el problema, pero esto no sirvió de nada. El siguiente paso fue hablarlo con el presidente. “Este, muy profesionalmente, transmitió el mensaje por teléfono al administrador, quien hizo llegar la queja múltiple y anónima al vecino. No sabemos si la pasión decayó, pero sí que cerraron las ventanas, bien aisladas acústicamente, y su correspondiente persiana. Problema resuelto”, cuenta Roberto.

Otra solución: aislamiento de paredes, suelos y techos para evitar el ruido de los vecinos

Durante más de un año, Estrella y su marido vivieron pared con pared con un grupo de estudiantes en un edificio de Madrid. Para el matrimonio la única distribución posible de su hogar pasaba por tener el cabezal de su cama pegado a la pared que daba al salón de los jóvenes, en donde estos veían la televisión, jugaban a videojuegos o se reunían con más amigos hasta altas horas de la madrugada.

Una solución al ruido de los vecinos es mejorar el aislamiento acústico

“Conciliábamos el sueño solo cuando ellos decidían abandonar el salón, habitualmente a altas horas de la madrugada, mientras que el despertador sonaba a las 6:30 a este lado del muro”, explica Estrella. La principal consecuencia para el matrimonio fue el cansancio, aunque no descansar de forma adecuada puede generar problemas más graves. De acuerdo con la Sociedad Española de Neurología, una mala calidad de sueño suele ir ligada a numerosos problemas e incluso aumentar el riesgo de desarrollar diversas enfermedades.

“Probamos con diferentes soluciones: tapones de varios tipos, cabeza debajo de almohada, valeriana, melatonina e infusiones varias que no hacían más que tenernos grogui al día siguiente”, enumera Estrella. “También nos turnábamos para dormir uno en el sofá cuando la noche se hacía demasiado larga”.

“Conciliábamos el sueño solo cuando ellos decidían abandonar el salón, habitualmente a altas horas de la madrugada”

En este caso, la solución de pedir silencio era insuficiente: “Por mucho que guardasen silencio, no podíamos condicionarles a que se callasen antes de las 12. Luego averiguamos que la separación entre las dos viviendas era de un ladrillo fino, que no tenía el doble muro con cámara como debía”, explica.

El siguiente paso fue recurrir a una empresa especializada en aislamiento acústico, que montó una estructura especial para este tipo de problemas. “Perdimos 15 centímetros de fondo de esa habitación, pero logramos el silencio que necesitábamos para descansar”.

¿Y si el ruido viene de la calle?

Cuando los ruidos vienen de la calle y no de los vecinos la situación da un giro de 180 grados: el problema suele ser compartido, por lo que la mejor opción es buscar una solución de forma conjunta. De acuerdo con la OCU, si la fuente del problema es un negocio (por ejemplo, un bar con música demasiado alta o un parking cuya puerta hace demasiado ruido al abrirse y cerrarse) puede optarse por poner denuncias en el ayuntamiento o incluso por la vía judicial, una vez agotadas las vías amistosas.

En muchas ciudades la principal queja suele ser el tráfico, lo que complica exigir responsabilidades. Sobre todo cuando el problema está en el mal aislamiento de las viviendas. “Durante una época viví en el Eixample de Barcelona, en la primera planta de un edificio que hacía esquina entre dos calles con bastante tráfico. La vivienda estaba sin reformar, con ventanas de madera, y mal aislada”, explica Eduardo. “El ruido constante del tráfico solo se reducía entre la una y las cinco de la mañana, lo que hacía imposible el descanso y dificultaba la concentración durante el día”.

Cuando el ruido viene del tráfico, existen soluciones como mejorar el aislamiento.

Además de dormir con tapones, Eduardo optó por soluciones alternativas, como aislar las ventanas de forma casera introduciendo un edredón entre el cristal y la persiana para reducir las vibraciones que generaba el tráfico. También cambió la distribución de la casa para intentar que hubiese menos ruido en el dormitorio. Sin embargo, no tuvo éxito. “Pasamos a dormir con todo siempre cerrado, incluso en verano, soportando temperaturas muy altas solo para poder descansar”, cuenta Eduardo.

“Pasamos a dormir con todo siempre cerrado, incluso en verano, soportando temperaturas muy altas solo para poder descansar”

En España la Ley del ruido une diferentes normativas para reducir la contaminación acústica. Además, diferentes ordenanzas municipales establecen los niveles de ruido permitidos en cada localidad a lo largo del día. En Barcelona el sonido no debe superar los 30 decibelios de día y los 25 de noche en los dormitorios. En las demás estancias, puede llegar a los 35 de día y los 30 de noche. Sin embargo, el aislamiento de las viviendas y la cantidad de tráfico no siempre lo hacen posible.

“Estábamos más cansados, irascibles y estresados. Perdimos mucha calidad de vida y menos de un año después de mudarnos decidimos que teníamos que abandonar ese piso si no queríamos sufrir mayores consecuencias”, cuenta. “El problema solo acabó cuando nos mudamos a otra vivienda con mejores ventanas, más altura y situada en una calle peatonal. Nuestra percepción de la ciudad de Barcelona cambió por completo”.

Tráfico, cruces y soluciones alternativas

Una situación similar sufrió Tomás en Lisboa, en donde vivía en un antiguo local comercial adaptado a vivienda que aún conservaba su antiguo escaparate de cristal. Este estaba mal aislado y hacía que se colase todo el ruido de la calle, muy transitada por el tráfico.

El problema se agravaba además por la cercanía de un cruce que generaba el caos entre los conductores. “Había un semáforo que se quedaba en ámbar con una flecha hacia la derecha, lo que parecía indicar que era obligatorio girar, aunque no era así. Estaba muy mal indicado y muchos conductores se quedaban parados, haciendo que el resto pitase”, cuenta Tomás. “Durante todo el día había un ruido constante de pitidos que sonaban a pocos metros de mi sofá. Era imposible descansar, solo a altas horas de la madrugada, y aun así seguía habiendo mucho ruido de tráfico y de coches”.

En las ciudades grandes, los principales problemas de ruido los genera el tráfico.

La primera reacción de Tomás fue consultar a la policía si era obligatorio girar a la derecha en aquel cruce. Más adelante, decidió poner un cartel que decía ‘No es obligatorio girar a la derecha’ y en el que pedía que no se pitase. “En la ciudad no es legal pitar así, solo lo es si es necesario avisar a alguien de algún riesgo. Pero no como lo estaban haciendo allí”, explica.

«Durante todo el día había un ruido constante de pitidos que sonaban a pocos metros de mi sofá»

De acuerdo con Tomás, tras colocar el cartel el ruido se calmó notablemente, pero al cabo de unos días una tormenta se lo llevó y todo volvió a la normalidad. “Fue una solución temporal, y después no tuve mucha paciencia más. Asumí que la solución estaba en lo que yo pudiese hacer para estar mejor, por lo que empecé a usar tapones y cascos con música la mayor parte del tiempo que pasaba en casa”, cuenta. Aunque, al igual que le sucedió a Eduardo, la solución final pasó por mudarse a otra vivienda lejos del tráfico y mejor aislada.

Imágenes | Paul Esch-Laurent, PNW Production, Elizabeth Lies, Ryunosuke Kikuno, Fraguesia de Estrela

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