Vivir siempre de alquiler: las razones por las que estos cinco inquilinos no se han planteado nunca comprar

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El mercado de alquiler de vivienda en España es superior al de compra. En el primero se mueve el 47% de la población, mientras que en el segundo el 39%. El resto lo hace en ambos. Esta es una de la conclusiones que se desprende del informe Radiografía del mercado de la vivienda 2018-2019, elaborado por el portal inmobiliario Fotocasa.

 La opción del arrendamiento tiene más peso entre los más jóvenes –menores de 34 años–. Una de las razones que se esgrimen en este informe es que antes de comprar prefieren pasar por la experiencia del alquiler o, sencillamente, porque la situación económica no les deja otra alternativa.

Aunque España es un país en el que todavía prevalece el sentido de la propiedad, hay una parte de la población que elige vivir de alquiler y no solo por motivos económicos. Su estilo de vida, la sensación de libertad y flexibilidad, eludir los gastos de mantenimiento o el acceso a viviendas que nunca podría comprar son también motivos de esta elección.

Hemos hablado con cinco personas para conocer de primera mano cuáles han sido sus razones para vivir de alquiler, con edades comprendidas entre los 36 y los 79 años. Un perfil que, según el estudio de Fotocasa, no es el más habitual.

Una costumbre muy familiar

La más veterana de los cinco es Adela G. Lleva casi cuarenta años viviendo de alquiler y ahora tiene 79. Lo ha hecho siempre en la misma casa, así que la considera su hogar a pesar de no tenerla en propiedad. En ella vive con su marido y ha criado a sus dos hijas que, seguramente llevadas por el ejemplo de sus padres, también han optado por el modelo del alquiler cuando se han emancipado.

Quería vivir cerca de mis padres y donde siempre lo había hecho. Me gustaban casas que no podía comprar por su precio, así que opté por alquilar
Adela G., lleva cuarenta años viviendo de alquiler

“Cuando nos casamos, mi marido había comprado un piso en una urbanización de una zona de nueva construcción, pero yo no quería cambiar debarrio. Quería vivir cerca de mis padres y donde siempre lo había hecho. Me gustaban casas que no podía comprar por su precio, así que opté por alquilar”, nos cuenta Adela G.

Su barrio, el de toda su vida, es el de Argüelles, en Madrid. El mismo en el que sus hijas han decidido fijar su residencia, también de alquiler. Una de ellas incluso ha abierto un negocio en la misma zona, por lo que no hay duda de que el arraigo les viene de familia. La otra, Nana G., tenía otros planes cuando se casó ahora hace 28 años.

“Cuando me casé nuestra idea era irnos a otro país a montar un negocio. Al final no salió, así que tuvimos que buscar algo rápidamente”, recuerda. Después de ese giro inesperado, Nana, como su madre, lo tenía muy claro: “Yo quería vivir en mi barrio y una amiga me comentó que su madre alquilaba una casa muy bien de precio en la zona. En cuanto la vimos nos encantó”.

Sin ataduras

Desde entonces Nana G. ha pasado por cinco viviendas distintas, todas ellas de alquiler. Su marido y ella incluso probaron una vez a cambiar de barrio, pero decidieron volver a Argüelles donde ahora también crían a sus dos hijos. Entre los motivos de sus mudanzas también ha estado “un alquiler más barato o porque ha surgido una oportunidad a través de alguien conocido”.

Vivo donde quiero y sin las ataduras de una hipoteca. Una de las ventajas es poder vivir en el barrio que me gusta y, sobre todo, no estoy atada a una casa. Además, si cambian mis circunstancias tengo la posibilidad de cambiar
Virginia R., lleva cuarenta años viviendo de alquiler

Miguel L. y Virginia R. tienen dos hijos de 7 y 3 años. Desde que se emanciparon han pasado por tres casas. “El alquiler nos pareció la mejor opción, nos íbamos a vivir juntos y nos parecía precipitado comprarnos una casa”.

Han pasado 12 años desde que tomaron su decisión y en este tiempo nunca se han planteado adquirir una vivienda. “Ahora mismo vivo donde quiero y sin las ataduras de una hipoteca”, resalta Miguel L. Una libertad que también valora su pareja: “Una de las ventajas es poder vivir en el barrio que me gusta y, sobre todo, no estoy atada a una casa. Además, si cambian mis circunstancias puedo cambiar”, sostiene Virginia R. 

Algo que les ocurrió cuando se plantearon tener hijos. “Cuando nos fuimos de casa de nuestros padres, nos mudamos a un apartamento. Con el tiempo quisimos ampliar la familia y buscamos algo más amplio”, explica Miguel L. “Y estar más cerca de mis padres”, apunta Virginia R.

Mayor movilidad

Todos ellos se quedaron en su ciudad de origen. La cercanía a la familia y vivir en el barrio de toda la vida fueron motivos más que suficientes para optar por el alquiler. Las circunstancias de Patricia L., sin embargo, fueron diferentes. “Cuando empecé mis estudios tuve que desplazarme a otra ciudad por lo que decidí alquilar un piso”. Tenía 18 años y lo compartió con otras dos amigas.

Una vivienda en alquiler me permite adaptarla a las necesidades que mi vida necesite en ese momento. (…). Los últimos cambios han sido todos dentro de la misma ciudad y siempre he adaptado el tipo de alquiler a la etapa de vida en la que me encontraba
Virginia R., lleva cuarenta años viviendo de alquiler

Ahora ha cumplido 36 y en estas más de dos décadas se ha mudado ocho veces, aunque sus razones son diferentes a las de los otros cuatro entrevistados. En su caso no tiene que ver con el arraigo a una zona, sino todo lo contrario. “Desde que me independicé, he vivido en cuatro ciudades diferentes, por lo que para mí la movilidad es un tema muy importante”.

Aunque, en el fondo, los motivos de base, nos cuenta Patricia L., son los mismos. “Una vivienda en alquiler me permite adaptarla a las necesidades que mi vida necesite en ese momento. En mi etapa de estudiante las mudanzas iban ligadas a un cambio de ciudad. Los últimos cambios han sido todos dentro de la misma ciudad y siempre he adaptado el tipo de alquiler a la etapa de vida en la que me encontraba”.

En los cinco casos la decisión de vivir de alquiler ha sido voluntaria y, de momento, no se plantean hacerlo de otra manera. “A no ser que me toque la Lotería y pueda comprar una casa en el barrio donde vivo”, puntualiza Nana G. Lo que desde luego que no considera es alejarse de sus padres y de la zona en la que crecieron ella y su hermana y ahora lo hacen sus hijos.

Imágenes: Freepik ,Freepik/pressfoto / iStock/peterschreiber.media

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