Arquitectura efímera: cinco edificios destinados a desaparecer

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Todo lo que nace, muere. Es una de las reglas básicas de la biología que nos hace contemplar con cierta envidia aquello que sabemos que seguirá ahí cuando nosotros ya no estemos. Por ejemplo, un edificio. Es más: saber que los seres vivos estamos condenados a desaparecer es la realidad que ha inspirado grandes obras de la arquitectura. Pirámides, castillos, torres, catedrales o palacios han surgido del sueño de algún poderoso con ganas de ser recordado más allá de su muerte. Por eso se construyeron, precisamente, para perdurar.

No es necesario recurrir a obras fastuosas para ilustrar la inmortalidad de la arquitectura. También solemos dar por hecho que nuestro propio hogar seguirá en pie, al menos, mientras nosotros vivamos en él. En general, cuando miramos un edificio, no pensamos en su fecha de caducidad. Como en todo, también en esto hay excepciones. Son las que plantea la arquitectura efímera, el arte de los edificios destinados a desaparecer.

Qué es la arquitectura efímera

La arquitectura efímera se puede definir como aquella cuya finalidad es la de proyectar y levantar edificios que duran poco. Su finalidad puede ser muy diversa: desde la construcción de infraestructuras en situaciones de emergencia hasta la creación de instalaciones para espectáculos. Incluso se utiliza para reivindicar el retorno del hombre a los ciclos de la naturaleza.

Se lleva practicando desde la Edad Antigua, cuando estaba especialmente ligada a celebraciones diversas. Fue muy popular durante el Barroco, ya que permitía erigir de manera sencilla arcos de triunfo, pórticos, pabellones, edículos, templetes, tribunas, catafalcos e incluso altares callejeros, respetando el recargado gusto de la época. Un ejemplo de ello son estos ornatos erigidos en la Calle Platerías de Madrid en 1796 con motivo de la llegada de Carlos III.

Durante los siglos XIX y XX, la arquitectura efímera adquirió una nueva dimensión gracias a las exposiciones universales. En ellas, los países exhibían su poderío tecnológico y cultural en pabellones que se levantaban para durar solamente el tiempo suficiente para cubrir la exposición.

Algunos de ellos eran verdaderas obras de arte y unos pocos consiguieron perdurar, como el Pabellón Alemán que proyectó Mies van der Rohe para la Exposición Universal de Barcelona de 1929, que 90 años después sigue en pie difundiendo la obra del arquitecto.

Ejemplos de arquitectura efímera

La arquitectura efímera ha llegado hasta nuestros días de distintas maneras. Casas de hielo condenadas a disolverse con la llegada de la primavera, mecanos gigantescos convertidos en iconos mundiales, recintos culturales o infraestructuras sanitarias son algunos de los ejemplos que nos encontramos de edificios con cuenta atrás incorporada. Algunos de ellos han logrado detenerla, pero todos fueron proyectados en su momento para desaparecer.

Serpentine Pavillion (Londres, Reino Unido)

Las exposiciones y demostraciones culturales siempre han servido como marco para los edificios efímeros. Y lo siguen haciendo. Este es el caso de la Serpentine Gallery de los Jardines de Kensington en Londres, que cada año encarga a un estudio de arquitectura que levante un pabellón en el recinto. Este año, la firma invitada es Counterspace, un negocio liderado por mujeres con sede en Johannesburgo (Sudáfrica).

La instalación de Counterspace se realizará con materiales como el corcho o ladrillos realizados a partir de escombros de otras obras. La instalación solo se podrá visitar entre los días 11 de junio y 11 de octubre de 2020. A partir de esa fecha, desaparecerá para dejar hueco al próximo pabellón.

Hospital de Xiaotangshan (Pekín, China)

La epidemia del coronavirus ha traído de nuevo al primer plano la arquitectura de emergencia, uno de los spin-offs de la arquitectura efímera. La construcción en pocos días de un hospital en Wuhan (China) ha asombrado a todo el mundo. Eso sí, no ha sido el primer ejemplo que ha dejado el país asiático: en 2003, durante la crisis del SARS, ya había levantado otro centro hospitalario en Pekín llamado Xiaotangshan para acoger a enfermos con este virus en solo siete días.

El hospital de Xiaotangshan solo estuvo en funcionamiento durante los dos meses que hizo falta a causa de la crisis del SARS. Poco a poco se fue abandonando y se acometió su demolición parcial siete años después, cuando ya no se temía un repunte de la enfermedad. Con la epidemia del coronavirus, este hospital efímero volverá a entrar en servicio como instalación de apoyo: las obras para su reconstrucción y acondicionamiento ya están en marcha.

Black Rock City (Nevada, Estados Unidos)

No solo de edificios aislados vive la arquitectura efímera. Existen incluso ciudades enteras que se levantan y se desmantelan cada año. Uno de los ejemplos más destacables es Black Rock City, la urbe que se erige cada verano en el desierto de Nevada para celebrar el festival Burning Man.

En esta ciudad, miles de personas conviven durante una semana en libertad y siempre bajo las premisas de la autosuficiencia y el respeto. Una filosofía que se traslada a las edificaciones que levantan en el desierto para acoger el evento. La máxima consiste en no dejar un solo rastro en el entorno, por lo que las estructuras que se levantan deben desaparecer completamente al terminar el festival.

Hôtel de Glace (Quebec, Canadá)

La arquitectura de hielo es otra muestra de arquitectura efímera, aunque no todos los edificios realizados con este material hayan sido concebidos para desaparecer. No es el caso del Hôtel de Glace de Quebec: este año abrió sus puertas el 2 de enero y tiene previsto cerrarlas el 22 de marzo, con el comienzo de la primavera.

El Hôtel de Glace está esculpido en hielo y nieve. Paredes, suelos, bares e incluso camas están hechos de estos materiales. Para su construcción, que comienza desde cero y dura unas seis semanas, se emplean estructuras y moldes sobre los que se sostienen la nieve y el hielo, que van tomando forma a base de cinceles y sopletes.

Torre Eiffel (París, Francia)

Uno de los máximos exponentes de la arquitectura efímera no solo ha logrado burlar su demolición programada. Además, ha logrado convertirse en un símbolo reconocible en el mundo entero. La Torre Eiffel se levantó con motivo de la Exposición Universal de París de 1887. Gracias a ella, Francia mostró al mundo de lo que era capaz: construir en un tiempo récord de dos años, dos meses y cinco días un ingenio colosal de 300 metros.

Este gigantesco mecano tenía que destruirse 20 años después de su construcción. Sin embargo, su creador se apiadó de él y se sacó de la manga un propósito científico para conseguir su indulto: observaciones meteorológicas y astronómicas, experimentos de física, lugar estratégico de observación, puesto de comunicación por telégrafo óptico, faro para el alumbrado eléctrico y estudios del viento.

Tan orgulloso estaba de su creación, que el propio Gustave Eiffel se reservó una oficina en la tercera planta para realizar observaciones de astronomía y fisiología. Así fue cómo la ciencia salvó la vida del símbolo de la capital francesa.

Imágenes | Wikimedia Commons: Ashley Pomeroy (CC BY 3.0), Matias Garabedian (CC BY-SA 2.0), Marc7654 (CC BY-SA 3.0). Unsplash: Carissa Gan; Daan Stevens. Serpentine Gallery: Counterspace; John Offenbach; Kéré Architecture, Photography Iwan Baan.

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