‘Coliving’: la nueva tendencia es compartir espacio de trabajo, ocio y hogar

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Ya lo decía John Donne hace cuatro siglos: “Nadie es una isla por completo en sí mismo”. Frente a la imagen de grandes bloques de edificios en los que nadie conoce a sus vecinos y prima la independencia, cada vez surgen más iniciativas que buscan retomar la idea de comunidad. De barrio. Grupos de vecinos que comparten su tiempo de ocio, se prestan favores y fomentan la economía colaborativa.

En ocasiones, estos movimientos van aún más allá y se integran también en el trabajo y la vivienda. Hace años vimos aparecer los coworking, espacios en los que profesionales comparten oficina sin importar que su actividad o su nivel de ingresos sean diferentes. Esta idea de comunidad ha dado un paso más con la aparición de los coliving. En estos espacios no solo se comparte una conexión a internet y mesas de trabajo, sino que profesionales de diferentes sectores trabajan, conviven y hacen vida social.

Espacios para nuevos estilos de vida

Por lo general, los coliving aúnan salas de trabajo (individuales o compartidas) con habitaciones, baños, cocinas y espacios de ocio. Gimnasios, mesas de ping-pong, televisiones, barbacoas o piscinas son elementos bastante comunes. Servicios para que tanto la vida personal como la social puedan combinarse sin salir del mismo lugar.

Los trabajadores que optan por alojarse y trabajar en los coliving suelen estar interesados en hacer contactos a nivel laboral y personal.

El objetivo está en cumplir las expectativas de las nuevas generaciones, que dan más importancia a las experiencias que a poseer una propiedad. Tampoco se puede olvidar que cada vez abundan más los empleados que trabajan en remoto, los freelancers o los emprendedores, que dan importancia a su red de contactos para hacer negocios, aprender y divertirse. Todos ellos buscan convivir en una comunidad de personas con intereses y estilos de vida afines.

“El trabajo es cada vez más y más cómodo, por lo que muchas personas deciden viajar al mismo tiempo que trabajan. Las alternativas al coworking son los hoteles, en donde pueden tener un espacio para trabajar y ser productivos pero están solos; o los hostels, en donde pueden conocer a más gente pero no cuentan con un ambiente cómodo para trabajar ocho horas al día”, explica Jon Hormaetxe, cofundador y COO de Sun & Co, un coliving ubicado en Xàbia, Alicante.

“Nosotros organizamos eventos profesionales, en los que se fomenta el intercambio de conocimiento, y sociales. Cocinamos juntos, hacemos surf, kayak… Todo para que la gente haga tanto relaciones de amistad como profesionales”, añade Hormaetxe. “Cuando se convive en casa se habla sobre todo tipo de temas, y ahí es cuando se conecta de verdad. Te vas habiendo crecido en lo profesional pero también en lo personal”.

Los coliving permiten, además, sacar todas las ventajas al nomadismo digital. Sus dependencias suelen estar llenas de jóvenes (y no tan jóvenes) que pueden trabajar desde cualquier lugar del mundo gracias a un ordenador con conexión a internet. “La mayoría son trabajadores del sector digital. Programadores, profesionales del marketing online, periodistas, traductores, bloggers, diseñadores…”, señala Jon Hormaetxe. “También hay estudiantes que quieren cambiar de aires una temporada o personas que vienen a reflexionar porque están un poco perdidas y no saben hacia dónde quieren dirigir su vida. El ambiente les ayuda a decidir qué decisión tomar”.

Sí, también hay ‘colivings’ en España

Playa, naturaleza y grandes ciudades son los entornos que más demandan los usuarios de los colivings en España. De hecho, Canarias es uno de los destinos favoritos. Las islas cuentan con espacios muy conocidos como Hub Fuerteventura y The Surf Office, en los que es posible combinar trabajo y playa en cualquier época del año. Pero también los hay alejados del mar y que invitan a disfrutar de la calma del mundo rural, como el Coliving Sende, en una aldea de Ourense.

Cena en Sun&Co.

Por ejemplo, a Sun & Co acuden trabajadores del norte de Europa que durante los meses de invierno buscan asentarse en lugares con buen tiempo. “En lugar de quedarse en Estocolmo se van un mes a Bali, otro a Medellín, otro a Gran Canarias… y a Xábia”, comenta Hormaetxe. Este coliving, en el que los trabajadores suelen pasar una media de entre tres semanas y un mes, se ubica en una casa del siglo XIX de esta ciudad mediterránea.

Barcelona y Madrid son también las favoritas de los colivers. A landing pad, en el barrio barcelonés de Poble Sec, acoge estudiantes y trabajadores en una casa de dos plantas que antiguamente servía como pensión. Cuenta con habitaciones con baño (decoradas por artistas internacionales), cocina, salas de trabajo al aire libre y varias zonas de ocio en las que organizan eventos sociales cada semana. Sus dueños insisten en que no es un hostal, sino una comunidad, y la estancia mínima es de un mes.

En otros barrios de la ciudad de Barcelona como San Antoni, Guinardó o Sant Pau se encuentran los espacios de Coliving Barcelona. El más antiguo, situado en Can Baró, dispone de jardín, bar y una sala de juegos. Sus inquilinos disfrutan de actividades en común tanto dentro como fuera de la casa.

En los coliving suelen organizarse actividades sociales para disfrutar del tiempo libre.

La idea de compartir vivienda y oficina que puede revolucionar el mercado

El fenómeno del coliving cogió fuerza, como tantos otros, en Silicon Valley. La combinación de jóvenes con grandes ideas que convertir en modelos de negocio, por un lado, y la dificultad de encontrar viviendas asequibles, por otro, dio como resultado que los primeros comenzasen a juntarse no solo para compartir alojamiento, sino también un lugar para trabajar. Estos sitios pronto se convirtieron en laboratorios de ideas y hervideros de actividad que acabaron formando verdaderas comunidades.

Según las previsiones, en el futuro cada vez habrá más habitantes en las ciudades, y más personas se verán obligadas a compartir alojamiento. Muchos de los empleados que ahora llenan las oficinas pasarán a trabajar de forma autónoma o en remoto, al tiempo que crecerá la economía colaborativa (moverá unos 40.000 millones de dólares en 2022, según un estudio de Juniper Research).

Teniendo en cuenta estas perspectivas, es lógico que los coliving se presenten como una oportunidad para perfilar una nueva forma de vivir principalmente en las ciudades, aunque también en los núcleos rurales. Si bien es cierto que en España todavía son una realidad emergente, están llamando la atención de inversores y promotores inmobiliarios, que los ven como una alternativa a formas de arrendamiento residencial más tradicionales.

Muchos optan por los coliving para trabajar en entornos más tranquilos y cercanos a la naturaleza.

Intercambiar experiencias e ideas, llevar un estilo de vida sostenible y conocer personas nuevas son los objetivos que más motivan a los colivers a involucrarse en este tipo de comunidades. Junto, claro está, a la libertad. Aunque algunas personas viven en el mismo coliving durante largos periodos de tiempo, muchas otras los utilizan como hogares temporales en los que vivir experiencias positivas antes de coger otra vez las maletas y elegir un nuevo destino. De ahí que las redes de coliving se estén extendiendo, poco a poco, por todo el mundo.

Imágenes | Unsplash/rawpixel, Unsplash/Helena Lopes, Sun&CoUnsplash/NeONBRAND, iStock/Kerkez,

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