La transformación digital llega al sector inmobiliario con las empresas ‘proptech’

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Hasta hace no mucho tiempo, el sector inmobiliario era considerado como un modelo simple. No había mucho más allá de la construcción, reforma, compraventa o alquiler. Hoy, un universo que arrancó con la transformación digital y ha cristalizado en las empresas proptech (property technology), ha transformado completamente el sector.

Las operaciones básicas –compraventa, alquiler, etcétera– siguen presentes, pero a ellas se han adherido nuevos modelos de negocio, nuevas relaciones entre particulares y marcas, e incluso nuevas tecnologías, que van desde plataformas digitales de venta al público a la gestión de inmovilizado. Hace unas décadas el crowdfunding inmobiliario habría sido considerado una locura, pero hoy es una entre las muchas posibilidades que las 236 startups activas en este sector permiten.

¿Se puede invertir en una casa entre miles de personas?

En 2018, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza organizó un crowdfunding (una campaña de micromecenazgo) con un objetivo de 35.000 euros para reparar el cuadro ‘La Plaza de San Marcos en Venecia’. Hace unos días, el Museo Nacional del Prado anunció otro micromecenazgo para adquirir por 200.000 euros el ‘Retrato de la niña con paloma’.

Ambos proyectos son culturales y el retorno hacia la ciudadanía, puramente artístico, pero 200.000 euros es el importe de una vivienda en muchas de zonas de nuestra geografía. Es decir, se puede alcanzar la cantidad de una vivienda con miles de abonos pequeños, y ese es precisamente el modelo de negocio de empresas como Inveslar, Privalore, Bricks and People, Urbanitae…

La mecánica de estas marcas es sencilla: primero, buscan inmuebles pendientes de reforma; segundo, pactan un precio; tercero, buscan miles de mecenas que participan con su capital; cuarto, reforman el piso, lo ponen en alquiler; y, quinto, eventualmente, lo venden con beneficio.

Los mecenas particulares que invierten recuperan su capital en forma de regalías del alquiler, y obtienen un beneficio cuando se produce la venta. Sin embargo, todo esto resultaría imposible, o muy farragoso, sin una importante infraestructura digital. Es decir, se requiere una serie de plataformas que permitan a los dueños de los pisos o casas poner el bien a la venta, faciliten a las proptech el acercamiento a los dueños temporales del inmueble y garanticen a estos últimos pasarelas de pago y cobro seguro.

Estas plataformas digitales (y las proptech que hay detrás) han añadido un componente muy interesante en el sector inmobiliario al facilitar la compra de participaciones de un piso (en lugar de un piso al completo). Hasta ahora, solo grandes fondos de inversión o particulares con derecho de usufructo habían invertido en viviendas. Ahora, el capital no tiene por qué ser sólido (una persona lo paga todo).

La importancia de las plataformas digitales

A principio de siglo empezaron a aparecer portales web inmobiliarios en los que los usuarios podían buscar una vivienda que se ajustase a sus expectativas. Combinadas, eso sí, con los factores económicos del capital disponible y su capacidad –y voluntad– de endeudamiento.

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Tener la posibilidad de filtrar por zona o precio fue clave para posicionar portales como Fotocasa, Habitaclia o Idealista, todos proptech. En muchos de ellos aparecen los inmuebles en venta de Sareb, que también pueden consultarse en la web de la compañía.

A medida que el espacio web y el mundo digital saltaban de los ordenadores a los smartphones, los mismos portales desarrollaron plataformas móviles. Estas trasladan la mecánica a los dispositivos móviles y facilitan la búsqueda. A menudo, los futuros compradores de piso se patean los barrios móvil en mano.

El universo ‘proptech’ no deja de crecer

Las agencias inmobiliarias se trasladaron a internet, pero las startups que componen el universo proptech van más allá de los modelos clásicos digitalizados o la irrupción de nuevos modelos de compras comunes usando plataformas. En un mundo de datos, el conocimiento extraído con análisis de Big Data tiene un peso importante.

Marcas como Urban Data Analytics y BetterPlace analizan en tiempo real los flujos de mercados inmobiliarios mediante geolocalización. Esto aporta un valor adicional tanto a las marcas de arriba como a los futuros compradores, que conocen el precio real de los inmuebles por zonas. Pero hay más.

La domótica, el hecho de tecnificar los hogares, tiene varias verticales de negocio asentadas directamente sobre el sector inmobiliario. Por ejemplo, el desarrollo de sistemas de control para climatización por conductos, que hace que sea posible prescindir de gas y radiadores en las viviendas.

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También son áreas de fintech los nuevos modelos de financiación hipotecaria (Housfy, por ejemplo). E incluso las empresas que diseñan software para tasaciones (Takson) y que tienen como clientes a marcas como Sareb.

A ellas se suman otros sectores con puntos en común como el marketing, ahora trasladado a plataformas web y redes sociales; la fotografía esférica, con la que algunos particulares y empresas retratan el recorrido por el inmueble; o la realidad virtual (arriba), que nos ayuda a diseñarlo desde cero.

Las proptech son la consecuencia directa de un mercado digital maduro y de un sector inmobiliario saludable, y eso que todavía queda mucho camino por recorrer. En el horizonte se encuentran casas robóticas modulares o servicios digitales que complementen y ayuden en la compra, como un chatbot que nos eche una mano.

Imágenes | Jason Briscoe, Google Cultural Institute, iStock/peshkov

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