Bendito trastero: 13 propietarios nos abren la puerta y nos enseñan lo que guardan

Tiempo de lectura: 6 minutos

“Venta de viviendas con garaje y trastero”. Este reclamo figura en la mayoría de los anuncios de vivienda de obra nueva y también en muchos de segunda mano con menos de 20 años. En las casas unifamiliares siempre ha sido habitual contar con una zona donde almacenar todo aquello que se dejaba de usar, pero no ocurría lo mismo en los pisos, donde el espacio era más limitado y no se contaba con zonas adicionales fuera de la propia vivienda.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, y sobre todo con la proliferación de urbanizaciones con espacios comunes, en la planificación de una promoción es habitual que se reserve parte de la superficie a construir un trastero asignado a cada vivienda. ¿Son realmente útiles? ¿Qué guarda la gente en ellos? Hemos preguntado a 13 propietarios para que nos cuenten cómo los usan, al mismo tiempo que les pedíamos que nos abrieran su puerta para fotografiarlos.

¿Qué guardamos en el trastero?

El trastero de Alfredo tiene 4m2. Después de entregarles el piso hace casi 40 años, los vecinos decidieron utilizar la planta diáfana del edificio para construirlos. En él su familia no guarda ropa, pero sí otros objetos “de temporada”, como los adornos navideños o las cosas para la piscina y la playa, aunque también hay un pequeño tesoro con historia: puzles de los mapas de los cinco continentes hechos a mano en madera por un conocido de la familia que estuvo preso tras la Guerra Civil.

Diego y Elsa tienen el trastero en el garaje del edificio en el que viven. “El nuestro es muy cómodo porque está justo en la entrada de la zona de trasteros”. Reconocen que no hay semana en la que no bajen a por algo, incluso más de dos veces. En él guardan la ropa que no es de temporada, cajas de cartón, sobras de materiales de alguna obra que han hecho en casa e incluso pequeñas piezas de muebles de Ikea. Su bien más preciado es el ramo de flores que una amiga le regaló a Elsa y que no quiere tirar.

Arantxa solo baja al trastero una o como mucho dos veces al año. Su pareja, por el contrario, baja con más frecuencia. “Cuando más movimiento hay es en verano para sacar sillas de la terraza o las bicicletas. También los adornos de Navidad en invierno. Pero las cosas que están en el trastero generalmente no se mueven de ahí”. En su casa de 150 m2 tienen suficiente espacio, pero reconocen que el trastero es un buen sitio para guardar aquello que saben que no volverán a usar, pero a lo que tienen cierto cariño: “Acaba siendo un cajón de sastre y una leonera. Hay muchos juguetes y fotos antiguas, vajillas y regalos de boda inesperados que nunca vas a utilizar pero que, por alguna razón, allí están”.

El caso de Maty es bastante singular. El trastero está en la parte de arriba de la casa familiar, en la buhardilla, bajo el tejado. Reconoce que es raro que alguien suba porque todo lo que guardan en él hace años que no se utiliza, como mobiliario, juguetes viejos o algo de ropa. “Seguramente todo eso se hubiera tirado en su momento si no hubiera donde guardarlo”.

Julio abre con bastante frecuencia su trastero porque guarda su bicicleta en él y la usa habitualmente. Junto a ella almacena raquetas, un ordenador antiguo, vajilla vieja… pero nada de ropa. “Para eso hacemos cambio de armarios”, explica. Entre los objetos más peculiares tiene un cepo que utilizaba su abuelo para cazar conejos. La casa en la que vive era de sus padres y recuerda que, cuando era pequeño (son tres hermanos), el trastero era el gran almacén donde guardaban todo. “Recuerdo sobre todo las bicis, patines, monopatines, y los libros de texto que pasaban de hermano a hermano, y que almacenábamos allí hasta que llegara el momento de heredarlos”.

Los 3m2 del trastero de los padres de Nuria son más una despensa que otra cosa. Suben a él (está en la terraza del edificio) varias veces a la semana porque, entre otras cosas, guardan los productos de la compra que no caben en casa. En sus estanterías hay “pequeños electrodomésticos viejos, como una licuadora que tendrá 30 años, unas maletas antiguas sin ruedas que no usaremos en la vida y hasta baldosas de la cocina y del baño original que mi padre le pidió a los albañiles cuando estaban construyendo el edificio”.

En casa de Luis bajan todas las semanas al trastero. En él guardan ropa de fuera de temporada, cosas que no les caben en casa y todo lo que habitualmente no utilizan, lo que incluye bicis, juguetes, apuntes de la universidad, maletas, herramientas, pintura y baldosas. También tienen reservado un espacio para la nostalgia ocupado por series de culto en VHS (“no tenemos vídeo”) y libros de los años 50 que su suegro usaba en su etapa escolar. Su mujer reconoce que tiene pensado hacer una gran limpieza y ordenarlo: “probablemente tiraré casi todo”.

Érika abre su trastero dos veces al mes como mínimo. En él guardan apuntes de la universidad, material del colegio de sus hijos, la ropa de cuando eran pequeños, los adornos de Navidad y azulejos del baño por si alguna vez deciden hacer la reforma que iniciaron cuando quitaron el bidé, y que también guardan en el trastero junto a una caja fuerte que nunca usan. “Si no tuviéramos trastero, ya hubiéramos tirado ambos”.

Antes de abrir su trastero para esta foto, José estaba seguro de que en él estaba la bicicleta que usaba cuando era pequeño, pero no es así, lo que da fe de lo que nos contó. “Nunca lo abro, debe de haber un ecosistema ahí dentro con su propia evolución”. El espacio de 3 m2 está en el garaje de la comunidad de vecinos y, como demuestran los hechos, no fue importante a la hora de elegir su vivienda.

El trastero de África es más grande que muchas habitaciones: en total 9 m2 en los que almacenan ropa en función de la época del año, pero también una bici, maletas e incluso muebles que no quiere tirar. Reconoce que si no tuviera trastero ya se habría desecho de más de uno. Lo abren un par de veces a la semana para coger alguna cosa que necesitan y, aunque no recuerda si fue determinante a la hora de comprar su piso, ahora tener trastero le parece realmente útil.

Aunque en el momento de comprar su piso Carolina y su marido no le dieron importancia al hecho de que tuviera trastero o no, a día de hoy reconocen que todas las semanas bajan al menos dos veces a coger alguna de las cosas que tienen ahí almacenadas. No guardan ropa, pero sí calzado de temporada y ropa de sus hijos que ya no necesitan, junto con maletas, decoración navideña maletas y patinetes. Lo más curioso que tienen guardado: una carretilla.

Paloma reconoce que le encanta que en su trastero esté todo organizado. Cada caja tiene su etiqueta y hasta tiene un vídeo de cuatro minutos donde describe lo que hay en cada rincón de estos 8 m2. Guardan todo lo que no les cabe en casa, sobre todo la ropa que se les ha quedado pequeña a sus tres hijos, pero lo más extraño que hay en sus estanterías es una espada que les regalaron cuando bautizaron al primero de ellos.

El trastero de Teresa no lo utiliza ella. Lo alquila por 50€ al mes desde hace dos años a una familia que vive cerca porque ella no lo necesita. Teresa vive en una casa grande y hace un tiempo pensó en mudarse al piso que compró con su marido y guardar en este trastero lo que no les cupiera en su nueva vivienda. Pero hubo un cambio de planes, y ahora estos 6m2 le aportan un pequeño ingreso mientras otros le sacan utilidad.

Lo que contamos