¿Tengo una vivienda saludable? Estos son los siete factores que te ayudarán a saberlo

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Irritación de ojos, nariz y garganta; fatiga y somnolencia; dolor de cabeza o dificultad para respirar. Normalmente relacionaríamos estos síntomas con resfriados, procesos gripales o con algún otro virus. Sin embargo, pueden ser también consecuencia de lo que se conoce como el síndrome del edificio enfermo, un conjunto de molestias y enfermedades originadas por las características y la mala conservación de los inmuebles.

Pasamos gran parte de nuestra vida en interiores y la calidad de los edificios (comenzando por nuestro hogar) tiene consecuencias directas en nuestra salud. Te contamos en qué debes fijarte para saber si vives en una vivienda saludable.

Ni frío, ni calor: bienestar térmico

La climatización es una de las primeras cosas en las que pensamos al valorar la calidad de una vivienda. De acuerdo con el informe ‘Edificios y Salud: 7 Llaves para un edificio saludable’ del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), el concepto de bienestar térmico es subjetivo, ya que cada persona está cómoda con una temperatura diferente.

Sin embargo, sí se pueden establecer ciertos parámetros para garantizar sensación de bienestar a la mayor parte de la población. Estos tienen que ver con tres factores ambientales: temperatura, humedad y velocidad del aire. De acuerdo con el informe, se recomienda que los hogares puedan mantener una temperatura entre 23 y 25 grados Celsius en verano y entre 21 y 25 grados Celsius en invierno.

La climatización determina si una vivienda es o no saludable.

Lo ideal es que la humedad relativa varíe entre el 45 % y el 60 % en verano y el 45 % y el 50 % en invierno. Niveles más altos de humedad favorecen la proliferación de microorganismos y la condensación en paredes y techos. Esto puede generar problemas como asma y bronquitis, además de aumentar el dolor en personas con enfermedades reumáticas. Por otro lado, los valores de humedad demasiado bajos producen sequedad en las mucosas y facilitan la propagación de virus.

Para conseguir bienestar térmico las casas deben estar bien aisladas y contar con buenos niveles de ventilación, algo que también limita la velocidad del aire en interiores. Esto es especialmente importante en zonas con climas extremos o propensas a olas de frío y calor.

La calidad del aire que respiramos

Nueve de cada 10 personas respiran aire contaminado, lo que contribuye a la aparición de numerosas enfermedades cardiacas, accidentes cardiovasculares y otros problemas respiratorios. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la contaminación causa alrededor de siete millones de muertes prematuras cada año.

De acuerdo con el informe del CGATE, pasamos cerca del 90% de nuestro tiempo en entornos cerrados, por lo que la exposición al aire contaminado en interiores es potencialmente más peligrosa que la exposición en exteriores.

Los primeros pasos para garantizar buena calidad del aire en las viviendas son ventilar con frecuencia y asegurarse de que la edificación tiene una correcta capacidad de ventilación.

El uso de productos saludables

Los edificios también pueden condensar aire insano si están en contacto con materiales constructivos que contengan elementos tóxicos, como el amianto, la creosota o el plomo, o si se levantan en suelos ricos en gases radiactivos, como el radón.

Algunos productos, como el amianto, fueron muy usados a principios del siglo XX para mejorar el aislamiento térmico y hacer frente a otros desafíos de los edificios. Sin embargo, con el paso de los años se constató que resultaban muy perjudiciales para la salud, por lo que comenzaron a prohibirse. De acuerdo con el informe del CGATE, la Unión Europea se ha propuesto eliminar el amianto de todos los edificios para 2028, por ejemplo.

Para conseguir una vivienda saludable deben evitarse los productos tóxicos.

Protección frente al ruido

Desde los años 60 la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera el ruido un contaminante ambiental. Tiene efectos sobre la audición, la tensión arterial y las enfermedades cardiovasculares. Además, interfiere en el sueño y puede provocar alteraciones neurológicas y psicológicas.

A la hora de evaluar la calidad de las viviendas podemos distinguir entre acondicionamiento acústico y aislamiento acústico. El primero hace referencia a la calidad acústica en el interior de un recinto (por ejemplo, que no haya eco o reverberación); y el segundo a la capacidad de evitar que el sonido entre o salga a través de su estructura.

Cuanto más ruido haya en el exterior, más aisladas deben estar las viviendas para garantizar el bienestar de sus ocupantes. Este se mejora sobre todo optando por buenos materiales para las ventanas, las fachadas, las cubiertas y los suelos.

Iluminación que acompañe nuestros ritmos

Nuestra naturaleza nos lleva a comenzar la actividad cuando sale el sol y relajarnos en cuanto cae la noche. Es lo que conocemos como ritmos circadianos. Sin embargo, nuestro estilo de vida y el impacto de la luz artificial pueden afectar a estos ritmos, aumentando el nivel de estrés y reduciendo la capacidad de descansar.

La iluminación también determina la calidad de una vivienda saludable.

Es importante que los edificios dejen entrar, en la medida de lo posible, la luz natural para no alterar los biorritmos de sus ocupantes. De acuerdo con el informe del CGATE, actualmente no existe una legislación que regule las condiciones lumínicas en el interior de los edificios, pero se recomienda garantizar una iluminancia media de 500 lux.

Accesibilidad física sin barreras

Las viviendas deben contar siempre con instalaciones que permitan el acceso, el aseo personal, el reposo y la alimentación de todos sus ocupantes, incluidos aquellos que tengan limitaciones en la movilidad, la capacidad de comunicación o cualquier otro aspecto.

De acuerdo con el informe, las viviendas accesibles son “hogares en los que la mayoría de las personas realizan sus actividades cotidianas de la forma más segura y autónoma posible”. A la hora de diseñar viviendas inclusivas y accesibles es fundamental prestar especial atención a la cocina y el baño.

Calidad del agua

La importancia de contar con agua limpia para nuestra salud está hoy fuera de toda duda. Actualmente, y según el CGATE, la calidad del agua está prácticamente asegurada en España gracias a regulaciones y controles que analizan el agua para la industria alimentaria, por un lado, y para la actividad comercial y pública, por el otro.

De todos modos, señalan desde la asociación de arquitectos, hay que recordar que “somos agua, por lo que es un parámetro que siempre se deberá controlar”.

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