Vivienda senior: así es el hogar soñado de la tercera edad

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Con un 19,4% de población mayor de 65 años en 2020 y una esperanza de vida de las más altas del mundo (83 años), España es un país envejecido. La edad media ronda los 43,4 años (era de 32,7 años en 1970), mientras que se espera que hacia 2050 el 30% supere los 65 años, según el CSIC.

En los medios de comunicación se hace referencia continuamente a estas y otras cifras similares a la hora de abordar el futuro de las pensiones, pero pocas veces nos detenemos en el reto que supone una población cada vez más envejecida para el sector inmobiliario.

Espacio para los mayores en nuestras ciudades

La creciente explosión demográfica de población originada a finales del siglo pasado gracias a un aumento progresivo de la esperanza de vida —combinada con familias más reducidas en las que todos los miembros adultos estudian o trabajan— tuvo como válvula de escape la creación de centros de día y residencias de ancianos, dos tipos de infraestructura inmobiliaria con diferencias edificativas.

vivienda senior que buscan los mayores

Mientras que los centros de día están diseñados como espacios relativamente abiertos y permeables en los que realizar actividades en estancias comunes, las residencias de ancianos disponen de una infraestructura más orientada a la estancia, así como a la cobertura de necesidades básicas, de ahí que tradicionalmente estén dotadas de comedor o enfermería, por ejemplo.

Dado que se espera que la población anciana aumente en los próximos años, es lógico pensar que serán necesarias más espacios de este tipo. Así se puede extrapolar de informes como ‘Radiografía del sector de las residencias para la tercera edad en España’, de PwC, promovido por la Federación Empresarial de la Dependencia (FED), o ‘El envejecimiento de la población’, del CSIC.

Este simple hecho implica una demanda creciente de suelo e infraestructura dentro de las ciudades destinada a las franjas más envejecidas de la población, y por tanto es necesario empezar ya a reservar espacio urbano. Se estima que el número de plazas de estas residencias es de 373.000 en nuestro país (2,3 por cada 100 habitantes según Inforesidencias), un ratio que podría ser insuficiente incluso para las necesidades actuales.

Oportunidades inmobiliarias en y para la tercera edad

Frente al reto de una población envejecida, que requerirá un 13% del PIB para pensiones, esta misma población presenta oportunidades interesantes para el sector inmobiliario. Dos datos lo explican por sí solos: la mayoría de los hogares de más de 55 años tiene al menos dos ingresos y las nuevas pensiones son un 16% superiores al salario más frecuente en España.

Estos datos, compartidos por Observatorio Inmobiliario, implican una población envejecida pero con gran capacidad de gasto y capaz a su vez de elegir de qué forma y en qué condiciones están dispuestos a pasar sus últimas décadas, retiro y jubilación incluidos. Frente a la posibilidad de hacer uso de los centros de día o de las residencias convencionales, existe la necesidad no cubierta de entornos más confortables y hogareños.

Esto pasa no tanto por construir residencias o grandes centros con servicios (restauración, enfermería, rehabilitación) integrados en los mismos, sino invertir el modelo y empezar a construir residencial adaptado a las necesidades de los mayores. Es decir, construir un tipo de residencia más cercana a la vivienda adaptada, tanto por la vía totalmente pública como por la privada.

Como explica Josep de Martí, director de Inforesidencias, en este vídeo, en España existe un abanico de posibilidades entre las residencias de ancianos de propiedad pública con funcionarios trabajando, y las residencias totalmente privadas, pasando por el concierto y la prestación vinculada. Sin embargo, sin importar el modelo de negocio o prestación de servicio, la constante es la edificación. La infraestructura donde viviremos.

¿Es posible diseñar residencias hogareñas?

Al tiempo que aumenta la relación entre ancianos por cada 100.000 españoles, también se incrementan las prestaciones que estos demandan. Como hemos visto, el senior español es una persona con capacidad económica relativamente elevada, y exige un nuevo concepto de vivienda que se diferencie de las residencias clásicas.

Además de fórmulas como el cohousing y el coliving, está surgiendo un sector inmobiliario específicamente dirigido a personas mayores llamado senior housing, españolizado como ‘viviendas para personas mayores’. Aunque no deben ser entendidas únicamente como viviendas tradicionales, sino como adaptadas con un importante abanico de servicios a su alrededor, a menudo compartidos, que exigen construir inmuebles específicos.

Algunas propuestas de senior housing consisten en edificios clásicos con viviendas adaptadas, generalmente reducidas, que cuenten en el propio bloque o en las inmediaciones con servicios como piscina, pádel, enfermería e incluso comedor; otras son relativamente normales pero sin algunos servicios convencionales, como pueda ser la cocina o alguna otra estancia.

En otras palabras, una suerte de residencia en la cual los ancianos no vivan en habitaciones grandes sino en casas pequeñas, pero que conserven la infraestructura común de las residencias convencionales; o visto desde otra perspectiva, un mix entre el residencial hotelero y el alquiler de viviendas con servicios añadidos.

Esta diferencia supone un matiz importante en cuanto a habitabilidad y autonomía de las personas mayores. Sin embargo, también exige un esfuerzo inmobiliario, dado que una tipología de ‘vivienda’ sin cocina es una rara avis que además ha de contar con garantías de habitabilidad.

Infraestructura para evitar la soledad

vivienda senior demanda

Una forma de adelantarse a los problemas demográficos futuros como es la soledad de los ancianos es compararnos con países en los que estos ya suponen una parte considerable de la población. Es el caso de Japón, que en 2019 ya contaba con un 27% de su población mayor de 65 años, y donde el número de personas que viven solas ha aumentado un 600% entre 1985 y 2015.

En este país se está manifestando un evento remarcable: muchos ancianos, a menudo mujeres, cometen delitos menores, como robos de poca cuantía, para poder ingresar en la cárcel y así estar acompañados. En España ya se está manifestando un deseo por “flexibilizar, sociabilizar y compartir” espacios vitales, según El Español, y los inversores están prestando atención.

De ahí que planteen no solo inmuebles específicos que cubran las nuevas necesidades, sino un entorno urbano alrededor de la ‘residencia’ que favorezca las actividades lúdicas de la población envejecida. Es decir, servicios como cines, teatros, restaurantes, comercios, etcétera, cercanos a la que será su vivienda.

Parte del nuevo reto inmobiliario y urbanístico es diseñar y construir espacios senior que permitan e incluso favorezcan la socialización tanto entre ellos como entre sus familiares y con otras generaciones; y se alejen del modelo de un cuarto por anciano tan propio de las residencias de mayores convencionales.

 

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